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Las mañanas pasan a ser tranquilas en la poca hostelería que se mantiene abierta pese a las restricciones en el Polígono de San Cibrao das Viñas, que ahora trabaja solo con servicio de recogida. Cuando llega la hora de comer, la cosa cambia. Bocadillos y menús, perfectamente empaquetados para llevar, se sirven a muchos de los trabajadores de esta zona industrial que se ven obligados a comer en el coche o en la calle, de forma individual y manteniendo la distancia.
Resignados salen de los establecimientos hosteleros cargados con bolsas, con su comida o también con la de sus compañeros, para enfrentar esta realidad una vez más, como en noviembre. "Tócanos comer na obra, outro sitio non temos", cuenta Jesús Suárez, uno de estos trabajadores que ya no dispone de una mesa para comer en mitad de su jornada laboral.
El restaurante La Rotonda, situado en Reboredo y que también funciona como pensión, sigue al pie del cañón para darles ese plato caliente cada día. "Estamos aquí por esta gente que, si nosotros no les damos de comer, ya no tienen a donde ir", afirma Yelco Álvarez, su gerente. Este hostelero no comparte las nuevas medidas, al menos para una zona industrial. "No somos un restaurante de ocio. Por la semana solo vienen empleados y no tenemos familias. Si ese es el problema, que nos manden cerrar sábados y domingos cuando más vienen", explica.
La indignación y el cansancio están más patentes al enfrentarse la hostelería a un tercer cierre que limita al máximo su actividad. La poca antelación con la que se informa de las nuevas normativas, que suele ser la noche anterior, tampoco ayuda a estos negocios que tratan de seguir trabajando, como en el caso del Hotel San Cibrao, que dispone de restaurante y cafetería. "Co que aconteceu en novembro estamos algo máis preparados, pero hai moito desconcerto e sempre esperando a última hora polo documento que explique a norma", comenta Floren Santos.
Los trabajadores se resignan a vivir de nuevo la situación de quedarse sin comer cada día. "Se lleva mal porque prácticamente todos han cerrado", afirma Jorge Ramos, uno de los trabajadores a los que ayer le tocó comer en el coche. David Vázquez, sin embargo, tenía la esperanza de llegar a casa. "Voy justo de tiempo, pero es lo mejor. Otros compañeros que andan por Xinzo o Verín no tiene esa opción", señala.
Tanto La Rotonda como el Hotel San Cibrao pueden dar de comer a sus huéspedes el comedor, siendo una de las novedades incorporadas por la Xunta con respecto a noviembre. "Al menos les puedo atender en una mesa, la última vez teníamos que subirle los platos a las habitaciones para que comisen allí", recuerda Yelco Álvarez. Uno por mesa y con capacidad reducida es la condición. "Aínda que traballen xuntos, só pode estar un por mesa", explica Floren Santo. En su comedor pueden estar ahora 30 personas y el hotel dispone de 38 habitaciones, en caso de que todos bajen a la misma hora a comer, esperarán por su turno.
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