Trandeiras, Castelo de Pena y la Antela

Deambulando

Imagen tomada en la aldea de Trandeiras.
Imagen tomada en la aldea de Trandeiras.

Acabamos de ser recibidos por un alcalde y su segundo en Vilar de Barrio. Manolo Conde, que es su nombre, ejerce como primera autoridad, abierto a iniciativas, que amén de desplegar su oficio a tiempo completo, nos parece y así se deduce, acoge las iniciativas que se le presentan y demuestra conocimiento y amor por su municipal término, que ya no sorprende, sobre todo en alcaldes nacionalistas que han dado ejemplo en sus municipios (véase Pontevedra, Allariz o Noia…) de pujanza e incorruptibilidad. Le presentamos una iniciativa para reconvertir el centro de interpretación de la Naturaleza de As Corcerizas, sierra occidental de San Mamede, en un centro lupino como complemento del existente pero inactivo y en desmoronamiento desde cuando Amigos da Terra lo gestionaba. Un centro lupino bien acogido por el Tte. de alcalde, un ganadero de la zona, que nos muestra algún lustroso lobo grabado en su móvil por él mismo en la llanura límica, capaz él de entender y armonizar la convivencia del depredador con el hombre.

Y luego de ser bien atendidos y sin demora, nos vamos de marcheta, porque ni la categoría de marcha tenía, entre Trandeiras y el castelo, hoy solamente torre del homenaje, de Pena de Portela, que cual centinela defendía el suroriental flanco de A Limia Alta. Apeámonos en la aldea de Trandeiras, como en tantos lugares, éste de poderosas casas que fueron, algunas restauradas y de escasos vecinos a la vista, por la despoblación, que sangría es para tantos municipios, como es el caso el de esta aldea del de Xinzo. Dejar el auto en la carretera, subir por sus rúas, luego entre frondas y descubrir cómo más arriba, desgajadas de la aldea, tres casas de turismo rural al servicio de visitantes. Entramos en el entorno eclesial cuyo templo rehabilitado y de acceso espléndido esconde la ruina monacal de quien no fue un monasterio de potencia como Oseira, Celanova, Montederramo, Santo Estevo... con ese recinto de solo un claustro que se encuentra desmochado en su techo pero conservando toda la arquería del gótico y sin alas monásticas, derruidas en parte, en un entorno boscoso donde fuentes, canales, pétreos merenderos, anfiteatros amurados dan acogimiento al visitante, bajo las espesas frondas del carballo y alguna frondosa más. El monasterio del XVI, a principios del XIX fue como asilo de obispos y del clero secular y regular de huidos de la Revolución Francesa, por lo que en la inmisión de las tropas napoleónicas en el país fue arrasado.

Circunvalamos el monasteiro, fuimos de subida entre carballos, a descubierto, pista a traviesa por ningún insecto constreñidos, que mis cómites observan, o redundamos en que antes salías en coche y llegabas con el parabrisas enturbiado por tanto insecto aplastado, y ahora, con un par de ellos a lo más. O escasean los heminópteros, coleópteros y demás de la especie o han migrado a otros climas, aunque de vez en cuando te asaltan esos mosquitos negroides, que por septiembre más que picarte se establecen en torno a tu cara en demanda de zonas húmedas, sean ojos, labios… un incordio que puede aliviarse con gafas, sombrero o un helecho, fento, abanicando constantemente la faz.

En la recuesta occidental del monasteiro una pétrea casa reconvertida en parte y en obras en la frontal, da paso a donde mora una pareja de norteamericano y monfortina, que asentados algunos años ha, elaboran pan artesanal, bajo la denominación de a Fornada, y productos del campo: mermeladas, miel, envasados de pimientos, tomates y otras legumbres que extraen de un feracísimo huerto colindante y que de él a la mesa es como obsequio para huéspedes. Más abajo, otra de piedra recién restaurada, también a modo de hostería de menos volumen, y más arriba una a modo de cafetería de aire actual. Mucho parecería para la concurrencia, pero, al parecer, no lo vimos, aquello bulle en vida por fines de semana y vacaciones.

A la vista del castillo de Pena de Portela, centinela de la llanura como sus gemelos de esta Limia Alta: Sandiás, Ribeira, Porqueira, Celme, de los que solo subsisten sus torres del homenaje; el de Ribeira, demolido y casi sin huellas de su pasado, y el de Celme o Congostro, también demolido y solamente reconocible por elevarse en un otero con visibles huellas de situación y habitación.

A Limia tiene mucha historia desde la prehistoria de aquellos palafitos asentados en la dos veces desecada laguna de Antela, una en la romanidad y la otra en la postguerra civil con los planes de desecación emprendidos por el franquismo, bajo la batuta del IRYDA (Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario) a raíz de lo que antes se venía haciendo en las llanuras costeras del Lazio en Italia, desde la antigüedad hasta el fascismo de Mussolini. Francisco Conde Balvis, arqueólogo, investigador y profesor estudió en profundidad el pasado de los límicos, acompañados sus estudios de dibujos ilustrativos recreando la vida en esas viviendas estacadas sobre el fondo de la somera laguna de Antela, construidas para defenderse de animales, y, sobre todo, de humanos.

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