PREMIOS COMERCIO GALLEGO 2026
Galicia ensalza la resistencia de su comercio tradicional
DEAMBULANDO
Por carretera y al ritmo que me permiten los que detrás vienen, me voy un atardecer pluvioso, paso por A Manchica donde la enorme y muy fértil fábrica de ladrillos y tejas, con la crisis de la civil construcción, a bajo ritmo para mantenerse con una sola y sobresaliente chimenea humeante; unos chalets en hilera a izquierda, adosados, pareados o desprendidos esperan comprador en una importante parte no vendida; más abajo tomo la carretera de As Maravillas, ese santuario, o más que eso, iglesia barroca, de devoción mariana allá por mayo y de tradición por aquellas tierras; al lado esa cruz granítica, ciclópea, suponemos que titánico esfuerzo de ese emigrante que quiso dejar acaso más pruebas de su fe, que memoria de si. Queda fuera de nuestra visita Ponte Freixo, esa romana de la vía o calzada adventicia de la Vía Nova. Al paso por Espiñoso, la iglesia donde, recién arribado yo a lo que uso de razón se dice, asistí a la boda de un tío, que por campestre, de gran impacto, bajo carballos, talados después en la concentración parcelaria, lo que dejaría indeleble huella en mi mente. Y más abajo Santabaia, famosa por su campo de fútbol con un más que centenario castaño en medio, admitido, por la resistencia vecinal a su tala, en aquellos torneos futboleros de entonces. Allí, jugando el Casablanca, consigna había de romperle las piernas o eso se decía por los mentideros de A Carballeira, al recísimo defensa Joja “Mascarón”. Por esta Santa Baia, dicha de Anfeoz, en seguida As Regadas, apenas una casa de cierto embrujo y más por los añadidos que o Bruxo das Regadas, por tal Antón Pérez, que a modo de curandero llegó a tener esperas kilométricas. Acaso pocos de tanta clientela en todo el provincial espacio. Antón, muy agarimoso, tenía un imán especial para extender su fama de curalotodo, aunque como todos estos magos, curanderos, bruxos o como quieran llamársele, concurridos casi siempre por deshauciados que se juegan el último cartucho; pero la ciencia es la ciencia, esa que tras el ensayo y error, por experimentación, no deja resquicio a esos tejemanejes que se atribuyen los curalotodo, que solo curarían mentalmente a algún paciente. As Regadas hoy le queda el halo de ese esoterismo que tuvo porque en sus cristales, pegatinas anunciando que allí se encuentra el retiro espiritual en el yoga u otras formas de retiro espiritual provenientes de la India. Falta Antón, faltó Marta, su inseparable compañera; no se puede creer que aquello rebrote como cuando ellos rodeaban aquel entorno con su personalidad y ese aire esotérico del que gala hacían. Retirado Antón al Baixo Miño, aún intentaría donar aquello para un museo de muchos objetos que había recolectado del medio rural donde muy popular por su facilidad de conexión con sus gentes. Ramón da Merca pudo ser el director de aquel particular museo pero rehusaría, tal vez porque no viese potencialidad en el proyecto. Bastante tiene con su desordenada(para él ordenada) colección de aperos, que ha conseguido por toda cuanta aldea vagó ,y aun a menos ritmo vaga. Pero, proseguimos luego de tomar nota del lugar, allá por los 80 y 90 en su cénit que empezaría cuando muchos músicos y amantes de lo diferente hicieron cita obligada das Regadas donde se cantaba hasta altas horas.
Outomuro, que un tanto sonaba a futbolero, fue la siguiente pasada. Y sin casi advertirlo, el mismo río Arnoia con notable molino y recreativa de robles americanos plena, pétreas mesas y bancos abundantes para grandes concentraciones, con la llovizna, desdibujada. O Viso precede a Ramirás donde uno recuerda a su nonagenario médico Perfecto Montero, de esos a la antigua usanza, como el Dr. Lorenzo, en Ponte Arnoia, solo que si éste tiene calle, aquel todavía no, los cuales igual se iban a atender un parto al no muy vecino Portugal montados a caballo o se veía cazar al Dr. Montero con esos años, y a su esposa Elena ganar un concurso provincial de ornato floral. Casa abandonada y finca semi expropiada para la nueva carretera donde siempre nos donaba con manzanas, nueces o lo que allí se diera de su fértil y cuidada finca. El Dr. Montero se murió un día mientras libaba un café en su camilla, en feliz tránsito, según me contaba Elena, que lamentaba su desaparición atenuada por un pasamento sin sufrimiento.
Como tiempo no tengo para visitar el mosteiro de Ramirás, de monjas clarisas desplazadas no mucho ha a Allariz, del que no recuerdo si mixto en alguna ocasión, pasamos por O Picouto y más arriba Vilagarcía, que cuando la primera vez creería que estaba en la misma costa. Más adelante A Gandarela y enfrente el valle de Vilanova das Infantas, que por tales las hermanas de San Rosendo y no Infantes como largo tiempo se denominaba la villa que fue burgo medieval de importancia mientras Celanova iba acreciendo por la clientela en torno a su monasterio, que lo era de suministradores o avecindados acogidos a su calor y no pocos pedichones que, caldereta en mano, se dice que iban a demandar algo calentito de las cocinas monacales; de ahí lo del, estimado peyorativo, de calderetas para los celanoveses. A la vista de Castromao, en la cima a derecha, porque más próximo el neopazo que destaca del conjunto aldeano un poco más en la cima, en vial que te lleva a la misma descrita fortificación castreja.
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