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CRÓNICA DE LA PROCESIÓN
La ciudad vivió este lunes una de las citas anuales marcadas en rojo en el calendario, la que cada 13 de mayo hace cristalizar la devoción por la Virgen en los ourensanos. La procesión de Nuestra Señora de Fátima recorrió las calles de la ciudad, desde el templo de O Couto hasta la Catedral de San Martiño. A pesar de la gran cantidad de agua caída a lo largo de la jornada, la lluvia dio un respiro y aunque cayeron algunas gotas durante el recorrido, la procesión pudo transcurrir con normalidad.
Miles de personas colapsaron las calles unidas por el mismo sentimiento: la devoción por la virgen de Fátima. Desde última hora de la tarde, la iglesia acogió a los más madrugadores que querían ver la carroza con la imagen antes del inicio de la procesión. A las puertas del templo, los fieles pudieron acercarse a los puestos que vendían las velas para el camino. Aunque muchos de ellos siendo previsores ante las grandes colas que se formaron, prefirieron traérselas de casa. A falta de poco más de media hora para el inicio del recorrido, en la calle Ervedelo ya no entraba ni un alfiler. Tampoco había vehículos dado que fue cortada horas antes por la Policía Local.
La cita estaba fijada, como marca la tradición, para las once menos cuarto. Numerosos estandartes salieron del templo, rodeados por decenas de vecinos y seguidos por la Virgen de Fátima. Frente a la imagen, marcando el paso, fueron tres pequeños que representaban a los tres pastorcillos, Jacinta, Lucía y Francisco, los tres niños portugueses que afirmaron ver a la Virgen en la Cova da Iria, en Portugal, en el año 1917. El obispo de Ourense, Leonardo Lemos, también acompañó el paso de Fátima. Una imagen que fue tallada en su momento por el escultor portugués José Ferreira Thedim.
Tras avanzar durante casi una hora bajo la lluvia de pétalos desde los balcones, la vibrante luz de miles de antorchas y al son de los rezos y cantos de los emocionados devotos, la Virgen de Fátima hizo entrada en la Catedral alrededor de la medianoche. Allí, tuvo lugar la tradicional misa que puso punto y final a la jornada, antes de que la imagen regresara al templo de O Couto.
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