Luís Celeiro
TÍA MANUELA
Cadaquén, da súa casa
MORRIÑA.COM
Ni desembarco de Normandía, ni desembarco de Granadilla. La gran superproducción del desembarco del Hondius también será recordada como la reedición del desembarco de Fernando Simón. Porque como con el coronavirus, hemos vuelto a temblar ante la voz frívola de la pesadilla pandémica. De nuevo, el nefasto portavoz de Sanidad mentó al diablo con una frase parecida a la de entonces: “Si acaso España tendrá uno o dos casos de contagio como mucho”. Conocido el precedente, la opinión pública y publicada entró en pánico porque Simón es el gafe sanitario que supeditó al relato político sanchista la obligación del rigor científico que corresponde a un portavoz sanitario. Y otra vez, sin escatimar medios, Moncloa SA convirtió el hantavirus en una renovada versión televisiva del Aquarius que recordaba también al desenterramiento de Franco. Otro selfi internacional de Pedro, necesitado de blanquear su imagen deteriorada por la corrupción y la mentira.
Con una ministra de Sanidad cuya gestión se cuestiona tanto como la de Simón, más preocupada por ser candidata en Madrid que por sus labores ministeriales o por resolver la huelga de médicos, el Gobierno acordó con la Organización Mundial de la Salud de forma unilateral que el barco navegara de Cabo Verde a Canarias para afrontar los contagios de hantavirus. Otra vez la humillación de la Canarias de las pateras y los menas en el ojo de huracán pandémico del sanchismo, que tira de cogobernanza o no según le convenga.
Con el coronavirus, el sanchismo encerró a los españoles de manera ilegal al limitar inconstitucionalmente la libertad de movimientos. Pero ahora, Simón y el hantavirus alertan de nuestros problemas teniendo en cuenta que aquí se niega la evidencia judicial y policial, se atribuyen a bulos y la extrema derecha los casos de corrupción que investigan los tribunales, Sánchez y sus ministros ningunean a la Guardia Civil al no acudir al funeral de los dos agentes asesinados por el narcotráfico o se desvían miles de millones de los fondos europeos para pagar las pensiones. Dado el precedente de Zapatero, quien herede el Gobierno se enfrenta a una verdadera auditoria moral, ética y económica tras el paso del huracán sanchista, que ha arrasado con todo desde la misma toma posesión tras la moción de censura que defendió el encarcelado Ábalos.
Simón y el hantavirus son la prueba de cargo de que la propaganda prevalece sobre la política sanitaria, como ocurrió con las 120.000 muertes del coronavirus o con el ébola. Recordemos aquel contagio por ébola de una enfermera que la izquierda usó políticamente como los cribados del cáncer hasta el punto de convertir el sacrificio del perro Excalibur en una cuestión de Estado que colocaba por encima del bienestar humano la baza animalista. Ahora, la confusión e ineficacia de la gestión del hantavirus ha pillado al PSOE preocupado por el juicio de las mascarillas y la previsible debacle de las elecciones andaluzas, de modo que el síndrome Fernando Simón atemorizó a la ciudadanía y causó alarma social.
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