Volvieron a su casa en Ourense tras una "inquiokupación" y se la habían destrozado
PISO OKUPADO
Manuel y Aisa lograron por fin echar a una "inquiokupa" morosa. Al volver a la vivienda, se encontraron muebles reventados y objetos rotos
Como hacen muchos propietarios en España, Manuel Bolaño y Aisa Tineo decidieron el pasado septiembre alquilar su piso, ubicado en la calle Manuel Murguía, para tener un ingreso extra que les ayudase a pagar la hipoteca, pero no salió como estaba previsto. Contactaron con una inmobiliaria que encontró una mujer, Dounia F.H. Trabajaba en una residencia, era agradable y les inspiró confianza, por ello le alquilaron la vivienda, aunque acordaron de palabra que una de las habitaciones no la podría utilizar porque el matrimonio guardaba allí parte de sus cosas, a cambio, le rebajaron la cantidad a pagar.
El 16 de septiembre entró a vivir al piso y ahí comenzaron los dolores de cabeza. Cuentan que les prometió que iba a vivir sola y compartió el piso con un hombre y no dejó a los propietarios sacar la ropa de los armarios. “Metió mis cosas y las de mi hijo en una bolsa y me las dejó en el rellano, me avisó un vecino”, explica Aisa.
Además, por si fuera poco, a los pocos días la mujer les avisó de que no les iba a pagar. “Nos dijo delante de todos ‘ahora voy a vivir un año gratis en el piso”, añade Aisa, quien muestra un audio de la alquilada en el que se escucha decir “a nosotros nos gusta llevarnos bien con la gente, pero si vemos que no ponen de su parte yo lo siento”.
Aludía a que no le parecía bien que no pudiese disponer de la habitación que estaba cerrada, pese a que, según el matrimonio, lo habían acordado con anterioridad. “Si me cerráis la puerta con candado y hacéis las cosas mal, yo también, entonces no voy a pagar ningún mes si empezamos así”, se escucha a la inquilina en otro audio mostrado por la pareja. Y así fue, desde el pago inicial en el que abonó 2.000 euros, tres meses y otro anticipado, cuentan que no volvió a pagar ninguna mensualidad.
A los tribunales
En ese momento comenzó una lucha en los tribunales que se fue alargando debido a los recursos que presentaba la letrada de la "inquiokupa". Hace unos dos meses, mientras Manuel se estaba cortando el pelo, el barbero le contó que se había enterado de que la inquilina había dejado el piso para irse a vivir a Murcia. Aun así, el matrimonio tuvo que esperar a que la jueza le permitiera entrar. Recibieron luz verde esta semana y el martes por fin pudieron acceder a la vivienda.
La entrada al piso resultó complicada. Lo primero que se encontraron es que no había luz, pero cuando abrieron las persianas vieron numerosos desperfectos. Colchones manchados, picaportes arrancados, manillas de muebles rotas, grifos estropeados, enchufes reventados. “Da asco ver como está, la cocina está extremadamente sucia, hay que usar mucho KH7”, cuenta Manuel.
Incluso estaba destrozada una lámpara que le habían regalado a ambos hace más de 40 años por su enlace matrimonial y que tenía un valor sentimental muy importante para ellos. “Tengo que reconocer que yo esperaba más”, explica Manuel, mientras su mujer se va dando cuenta de más desperfectos.
Cuando Dounia entró a vivir el piso, según cuentan, estaba en unas condiciones óptimas, incluso poco más de dos años antes se habían gastado 24.000 euros para renovar la vivienda. “Se lo entregamos impoluto, le dejamos ollas, sartenes, tazas y hasta le trajimos patatas y cebollas del pueblo”, afirma rotundamente Manuel.
Lo que les iba a ayudar a pagar la hipoteca, les terminó costando mucho dinero: 4.000 euros en impagos de alquiler y alrededor también de 4.000 en desperfectos según sus cálculos. Eso sin contar los objetos que se llevó del piso como sábanas o una vajilla que estaba valorada en 800 euros. En esta vivienda pusieron el esfuerzo de muchos años, privándose siempre de tener vacaciones entre otros sacrificios.
Aisa confiesa que “solo me da por llorar porque hemos pasado muchos nervios”
“Estoy a punto de entrar en una depresión de caballo, todavía no me lo creo”, confiesa Manuel, mientras que su mujer cuenta que “solo me da por llorar porque hemos pasado muchos nervios”. Este gran disgusto se suma ya a un bagaje complicado debido a que ambos están enfermos: él operado varias veces de cáncer y de la columna y ella también fue operada de la columna. “Antes de levantarme ya tengo la botella de agua preparada para tomarme mis nueve pastillas”, manifiesta él.
Nuevas llaves
Pese a que este episodios les ha minado la confianza en los demás, ahora les toca avanzar e intentar arreglar poco a poco los daños causados por la inquilina en la vivienda. El primer paso lo dieron ayer mismo, cambiando la cerradura del portal y entregándole las llaves nuevas a todos los vecinos del bloque.
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