Mariano Muniesa
PAPELES DEL ROCK
11 de junio de 1976: 50 años de la noche en la que los Rolling Stones cambiaron nuestra historia
PAPELES DEL ROCK
Cuando alrededor de la medianoche del 11 de junio de 1976, y casi entrando ya en el sábado 12 tras una larga y tensa jornada, se apagaron las luces de la Plaza de Toros Monumental de Barcelona, unos minutos antes de que los Rolling Stones hicieran su legendaria primera actuación en territorio español, tal vez mucha gente se sorprendiera al escuchar el famoso pasodoble “El Gato Montés”, obra del compositor valenciano Manuel Penella Moreno. La obra, ambientada en la Andalucía rural antigua, tenía un trágico final que afortunadamente no fue en absoluto premonitorio de como acabó aquella noche. Esta pieza de apertura, según Gay Mercader, el promotor de aquel concierto fue elegida como intro para esta actuación por el propio Mick Jagger.
Sin embargo, a partir de aquella noche y en gran medida gracias a aquel primer concierto de los Stones del que hoy se cumplen 50 años, el retrato rancio y acartonado de aquella España empezó definitivamente a pudrirse y a desaparecer. Desde hacia ya varios años, toda una nueva generación de jóvenes que en Catalunya habían generado un movimiento social y cultural como el de la Nova Cançó (María del Mar Bonet, Pí de la Serra, Joan Manel Serrat, Lluís Llach) paralelo al del Rock Layetano (Companya Eléctrica Dharma, Máquina, Iceberg, Barcelona Traction) ya mostraban que querían expresarse de otra manera, buscar otro lenguaje y al tiempo, reivindicar su lengua y sus raíces. No es casual que al mismo tiempo, el “rollo” del rock urbano madrileño, con Asfalto, Burning, Ñu, Coz y muchos mas en Madrid, capitaneados desde las revolucionarias ondas del “Musicolandia” de Mariskal Romero fueran un grito de libertad incontestable o que incluso en la propia Andalucía, el rock andaluz progresivo de Triana, con los precedentes de Smash y The Storm, hasta el nuevo flamenco de Lole y Manuel -quienes se declaraban admiradores entre otros de Janis Joplin y los Rolling Stones- anunciaran un cambio revolucionario en la cultura musical española, tal y como se demostró justo un año antes, en el verano de 1975 con los festivales de “la cochambre” de Burgos o el Canet Rock.
Gay Mercader, quien ya venía desde unos años antes trabajando en la organización, aún con todos los condicionantes en contra, de conciertos en España como los de Jethro Tull, Santana o Emerson, Lake & Palmer, fue claramente consciente de como el país estaba cambiando y animado por toda una leyenda del rock business en el mundo de las giras y conciertos, el alemán Fritz Rau, se lanzó a la aventura de traer por primera vez a nuestro país a los Rolling Stones dentro de su “Tour Of Europe’76”.
El rosario de problemas, imprevistos y descalabros de todo tipo que se sucedieron que la empresa Gay&Co tuvo que afrontar cuando el manager de los Stones, Peter Rudge, les dio el OK para organizar el concierto y les reservó una fecha es ya conocido: revocaciones de permisos, rumores malintencionados acerca de que los Stones traían con ellos a bandas de violadores y narcotraficantes, cambios de emplazamiento… de hecho, incluso las entradas que salieron finalmente a la venta anunciaban el concierto en la Plaza de toros de las Arenas, aún cuando finalmente se movió todo el montaje del show a la Plaza Monumental. Todas estas circunstancias encarecieron notablemente los costes de producción del concierto, algo que obviamente repercutió en el precio de la entrada -900 pesetas de 1976- y ello desató un aluvión de críticas y descalificaciones hacia Gay y su empresa totalmente desproporcionadas e injustas.
En el contexto de una sociedad que a pesar de que hubiera enterrado al dictador en noviembre de 1975 aún se regía por las leyes franquistas, en el concierto de los Stones por un lado, se confrontaron miles de jóvenes ansiosos de romper con todo, con un instinto anti-autoritario muy acusado y que en parte, vio en la celebración Stone un cauce para desbordar su anhelo de autoafirmarse, de liberarse y de desinhibirse, frente a unas fuerzas del orden que estaban acostumbradas a responder cualquier clase de expresión de protesta con pelotazos de goma, gases lacrimógenos o cargas a caballo. El choque entre ambos elementos, que fue muy violento, incluyendo el lanzamiento de gases lacrimógenos en el interior de la Plaza y numerosos heridos por caídas y cargas, se dice que pudo haber acabado en tragedia. Pero afortunadamente no fue así, aunque los enfrentamientos y los episodios de violencia estropearon las actuaciones de John Miles y The Meters, teloneros de los Stones en esta jornada.
Finalmente, los Rolling Stones hicieron historia haciendo sonar los acordes de “Honky Tonk Woman” por primera vez en directo en nuestro país y a partir de ese momento, haciendo un concierto excepcional, un show en el que siguiendo el esquema fundamental de los conciertos de la gira, regalaron a todos los que tuvieron el privilegio de vivir aquel concierto, un set que se compuso de “If You Can’t Rock Me” fundido con “Get Off My Cloud”, “Hand of Fate”, “Hey Negrita”, “Ain’t Too Proud to Beg” -una versión de The Temptaions incluida en su álbum It´s Only Rock’n’Roll’- “Fool to Cry”, “Hot Stuff”, “Star Star”, “Angie”, “You Gotta Move”, “You Can’t Always Get What You Want”, “Happy”, “Tumbling Dice”, dos temas de Billy Preston, que les acompañaba como teclista, “Nothing From Nothing” y “Outta-Space”, “Midnight Rambler”,”It’s Only Rock’n’Roll (But I Like It)”, “Brown Sugar”, “Jumpin’ Jack Flash” y en el bis, “Street Fighting Man”.
Con el paso del tiempo, el concierto se ha recordado como una brillante actuación de los Stones en aquel periodo -Ronnie Wood, el guitarrista recién incorporado al grupo en lugar de Mick Taylor asegura que para él fue el mejor de todo el tour- a pesar de que en la prensa especializada suscitara en su momento, tal vez acorde con el hecho de que se celebrase en una plaza de toros, una por otra parte muy hispánica y taurina división de opiniones. Leyendo ahora alguna de las críticas publicadas en la prensa tanto especializada como generalista, sorprende como por ejemplo Ángel Casas, posteriormente estrella de la televisión musical merced a programas del prestigio de Pop-Grama o Musical Express calificase el concierto como el de un grupo “tóxico y desgastado” o que Diego A. Manrique -este me sorprende mucho menos- hiciera de su crónica en la revista Vibraciones un alegato contra Gay&Co, del mismo estilo de la que hizo Damián García Puig. Más ecuánimes y objetivos fueron entre otros, Moncho Alpuente o Jordi Sierra i Fabra en las páginas de Disco Exprés.
Desde esa noche de junio de 1976, todo empezó a cambiar. A partir de ese momento los conciertos de todos los grandes del rock poco a poco empezaron a normalizarse al mismo ritmo que la sociedad abandonaba la carcundia franquista y también evolucionaba y normalizaba el ejercicio de las libertades por las que venía luchando desde mucho tiempo antes.
¿Anécdota final? Pudiera ser que para compensar la carga, llamémosle así si se quiere “españolista” del pasodoble de inicio, cuando terminó el concierto, se encendieron las luces y la gente empezó a abandonar la plaza, sonó por los altavoces “La Santa Espina”, composición musical asociada tradicionalmente al nacionalismo catalán y cuya difusión estaba rigurosamente prohibida en público. Sin duda, todo estaba empezando a cambiar y los Rolling Stones fueron parte de ese cambio. Hoy lo celebramos.
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