¿PIERDE O GANA VALOR?
Galería | Banksy es Robin Gunnigham y su arte urbano sale del anonimato, en fotos
LOS LIBROS QUE LEO
Un narrador que está en el límite filoso de su propio relato, es hijo de la fatalidad, pero también del privilegio.
La lectura de Los Medici, mi familia, (Ariel, 2025) me ha hecho entrar a ese recinto secreto que propone el último de su estirpe, Lorenzo de Medici. Este es el regusto final que me queda: todo es maravilloso porque un día habremos de morir, toda intensidad es hija del memento mori, seamos descendientes de príncipes o jornaleros. Lo que hoy late, mañana es polvo, y hay en esa especie de crueldad, una belleza soterrada.
Eso busco de un libro, que resuene en mí aún cuando no pienso en él, aún cuando corto una cebolla o meto un lío de ropa húmeda en una secadora.
Los Medici es una obra que percibo como una sensasión, la sensación de 28 generaciones de rostros que en la corriente heracliteana del tiempo, son uno solo. Hay escenas del exilio familiar de los años 20, con la consolidación de Mussolini, que son de alguna forma, el mismo exilio de Piero lo Sfortunato ante la invasión del rey francés Carlos VIII en 1494. Ese instante en que Miguel Ángel quiebra el diente demasiado perfecto de un fauno para complacer a su futuro protector Lorenzo il Magnífíco, es idéntico a ese recitativo de El Príncipe que emprenden el narrador y su hermano a fin de congraciarse con el mandato familiar.
El autor desmonta licencias cinematográficas demasiado audaces y enjuicia críticamente las decisiones políticas de sus ancestros
Se respira en Los Medici un agradable desdén, un desapego por el lujo y la cacharrería de lo vulgar.
Uno avanza por el caudal de esas páginas y advierte que sin los Medici, El nacimiento de Venus, La Adoración de los Reyes Magos, La batalla de los centauros, tal vez existirían, pero probablemente fuesen delicias visuales distintas, sensualidades que miran distraídas a otra parte, a un espectador que tampoco sería el mismo.
El autor desmonta licencias cinematográficas demasiado audaces; enjuicia críticamente las decisiones políticas de sus ancestros, pero sin dejar de ofrecer al lector contemporáneo una oportuna lección de historia de las mentalidades. Posiblemente el más rotundo acierto de este ensayo genealógico consiste en deconstruir los mitos sobre la riqueza y el poder, para llevarnos a contemplar, en la corriente del tiempo, todos los rostros de los Medici, pero también los rostros de nuestra propia familia, de toda esa gente anónima que vive y vivirá en nosotros hasta que las eras renazcan del mismo polvo que le dio sentido.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
¿PIERDE O GANA VALOR?
Galería | Banksy es Robin Gunnigham y su arte urbano sale del anonimato, en fotos
EXPOSICIÓN CONMEMORATIVA
Los vínculos ourensanos y granadinos de Camilo José Cela