Mónica Montero en Ourense: "Para mí escirbir esta novela constituyó una necesidad personal"
MEMORIA FAMILIAR
La economista y escritora madrileña Mónica Montero (1971), muy vinculada a Galicia por sus raíces maternas, ha visitado Ourense para presentar su primera novela, “Donde habitan los silencios” (Loto Azul)
Pregunta. En su novela hay un regreso a los orígenes…
Respuesta. “Donde habitan los silencios” narra el viaje de Berta a Madrid para despedirse de su hogar familiar antes de que sea vendido. Para mí, escribirla fue una necesidad personal. Viviendo en Irlanda, no pude estar presente cuando mis padres vendieron nuestra casa de la infancia. La novela nació para permitirme esa despedida que la realidad me negó, recorriendo habitaciones y recuerdos que, aunque no son biográficos, contienen mi propia esencia.
P. ¿Es la literatura un ajuste de cuentas con la realidad?
R. Más que un ajuste, es la oportunidad de vivir las cosas de otra manera o experimentar lo que nunca llegamos a vivir. Como autora novel, tiro de emociones que conozco para poner a mis personajes en situaciones cercanas. En la ficción, pude por fin entrar en esa casa a la que no pude volver y cerrar la puerta tras de mí.
P. En la novela, la relación madre-hija es un eje central…
R. Me nutro de autoras como Delphine de Vigan o Annie Ernaux, que exploran los lazos familiares. En mi caso, el Alzheimer de mi madre fue el motor para crear el personaje de la madre de Berta. Escribir me sirvió para transitar el “duelo anticipado” que supone esta enfermedad: aprender a aceptar y querer a un ser querido que, en esencia, desaparece mucho antes de morir físicamente.
P. ¿Cómo es su ritual frente a la página en blanco?
R. Mi rutina es sagrada: me levanto y escribo las horas que la vida me permite. Pero antes, necesito leer; un escritor que no lee es como una espada sin filo. Además, siempre empiezo a mano. El contacto con la libreta es el disparador necesario; luego, al trasladar el texto al ordenador, la historia se transforma y cobra su forma definitiva.
P. ¿Qué mensaje esperas que encuentre el lector entre líneas?
R. Muchos lectores me dicen que, tras leer la novela, han vuelto a mirar a sus padres de otra forma. Especialmente a la madre, viéndola no solo como “mamá”, sino como una mujer y una persona con su propia historia y complejidad.
P. ¿Cómo fue su primer encuentro con el mundo editorial?
R. Tuve la gran suerte de que la editorial Loto Azul apostara por mí casi de inmediato tras terminar el manuscrito. Aunque escribí mi primera novela sin una vocación inicial clara de publicar, este camino me enseñó que a veces solo hace falta estar en el lugar y momento adecuados. Un “no” editorial no siempre define la calidad de tu obra.
P. ¿Qué importancia tuvo cursar un máster tras publicar su primer libro?
R. Tras el lanzamiento, sentí la necesidad profunda de aprender el oficio real, buscando herramientas más allá del puro instinto. Me inscribí en un máster de creación literaria para comprender los métodos y trucos que profesionalizan la labor de escribir. Pasar de escribir “a ratitos” a poseer una rutina estructurada y aprender sobre documentación histórica ha sido un paso fundamental para mi evolución técnica como autora.
P. ¿Cómo influyen otros autores en su estilo?
R. Cada autor posee un aroma propio y, como lectora voraz, busco fragmentos de compatibilidad que me ayuden a enfocar mi propia visión de la realidad. Leer a otros me enseña a transmitir sensaciones y estados de ánimo que luego intento trasladar con precisión a mis personajes.
P. ¿Se escribe realmente para uno mismo o existe siempre el deseo de ser leído?
R. Todos los que escribimos queremos, en el fondo, que nos lean. Al igual que un pintor desea que vean sus lienzos o un compositor que escuchen su música, el escritor busca inevitablemente la mirada del otro. La escritura es una forma de comunicación humana y la ilusión de ser publicado es un motor legítimo que no debemos ocultar.
P. ¿Qué lectura entrañable recomendaría usted?
R. “Nada se opone a la noche” de Delphine de Vigan. No es precisamente una novela “entrañable”, sino una auténtica barbaridad por su estilo directo y su dureza temática. Es una de esas lecturas magistrales que demuestran la capacidad de la literatura para sacudir al lector y mostrar las realidades más complejas de la condición humana, que, de no ser por la magia de las palabras no podríamos experimentarlas en toda su profundidad.
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