Las fiestas de O Couto se prolongan por decreto ley

UD OURENSE

Ante un ambiente de gala, la UD Ourense mantuvo viva la ilusión de un equipo y una afición con motivos para creer.

La pancarta “Un sentimento… Non trates de entendelo” lució en Tribuna. Lemas que siguen muy vigentes de cara a la próxima y decisiva eliminatoria por el ascenso a Primera RFEF.
La pancarta “Un sentimento… Non trates de entendelo” lució en Tribuna. Lemas que siguen muy vigentes de cara a la próxima y decisiva eliminatoria por el ascenso a Primera RFEF. | Miguel Ángel

El Barco Pirata tuvo que esperar a sus grumetes. Y la Lanzadera aguardó pacientemente a sus astronautas. Las atracciones de las fiestas de O Couto se bambolearon vacías durante un par de horas. Y es que la verdadera celebración estaba dentro del estadio. Miles de almas de todas las edades empujaban a su Unión Deportiva Ourense. Y la fórmula funcionó. Jugadores y aficionados fueron todos a una para disfrutar en las buenas y saber sufrir en las malas. Una jornada para recordar que buscará ser mejorada en la siguiente ronda, en la que vale un ascenso. El Reus es historia y ahora hay que pensar en el sorteo de mañana, con las mismas mariposas en el estómago que tienen los niños la víspera de Reyes.

La previa regada por licores espirituosos dejó paso al recibimiento del equipo y a las colas para entrar. Todos querían estar en la tierra prometida. Antes de que empezará a rodar el balón, hubo tiempo para escuchar y cantar el Himno Galego en voz de la joven ourensana Daniela González Fontao, finalista de La Voz Kids en Portugal. Un talento que traspasa fronteras.

Después llegó la montaña rusa de emociones que supone un partido de este calibre. Empiezas bien, flojeas después, resucitas cuando el ceño empezaba a fruncirse… “Esto es fútbol, papá”, que diría José Bordalás. El tanto de Rufo hizo que algún aficionado rojillo espetase a voz en grito “arbi, pita ya el final”. Se hubiera perdido unas cuantas cosas. La posibilidad de la sentencia o el empate de los catalanes. Todo, antes del descanso.

Mucha música, sonidos mezclados entre la verbena de fuera y la fiesta de dentro, que parece lo mismo, pero no. El Barco Pirata seguía asomando entre la Preferencia y el Fondo como queriendo ver qué era lo que le estaba quitando clientes.

Tocaba reponer fuerzas en una tarde no muy propia de lo que es un mayo ourensano. Agua para los deportistas y la mezcla de agua, malta, lúpulo y levadura para los que no ejercían como tal.

Tras ello, momento clave. Si me diesen un euro por cada vez que escuché durante la semana “va a ser el día de Justino”, tendría que cambiarme el nombre por Amancio Ortega. Y así fue. El extremo inscribió su nombre en la de héroes unionistas y sus compañeros se lo hicieron “pagar” cuando comparecía ante los medios de comunicación. El chico de moda.

Montaña rusa

Pero desde su gol a la felicidad completa aún hubo que homenajear a Vivaldi y pasar por las cuatro estaciones futboleras: optimismo, preocupación, miedo y alegría. El premio era demasiado goloso para que los catalanes se quedasen de brazos cruzados. Tampoco sus aficionados, con conato de lío en Preferencia que no fue a mayores. La tensión del momento.

El reloj avanzaba a un ritmo menor que el deseado para los locales, con más incertidumbre que peligro real. Hasta que el árbitro dijo basta. Se acabó. Vía libre a los abrazos, la sonrisa y la felicidad del campo a la grada y viceversa. El paso estaba dado. No es definitivo, pero sin empezar a andar nunca se podrá correr.

La UD Ourense y su gente se ha ganado el derecho a seguir soñando. Nadie les exigía el ascenso al comenzar la travesía, todo lo contrario. Pero ahora lo quieren y se creen capaces de hacerlo. Todos. Los que marcan, los que paran y los que animan. Las fiestas de O Couto se prolongan dos semanas más. Pero las buenas, las de las previas con amigos, el balón y la grada.

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