La marea roja de la UD Ourense festejó el ascenso por todo lo alto

La UD Ourense se dio un baño de masas en la ciudad con una afición entregada y el éxtasis en la Plaza Mayor

La plantilla de la UD Ourense en la Plaza Mayor celebrando el ascenso del club rojillo.
La plantilla de la UD Ourense en la Plaza Mayor celebrando el ascenso del club rojillo. | Xesús Fariñas

La Unión Deportiva Ourense continúa de fiesta permanente tras el ascenso a Primera Federación conseguido en Cuenca. Y no es para menos. Plantilla, técnicos y allegados vivieron un día grande de celebración, en las calles de la ciudad y con su gente. Tras recuperar algo la batería en la jornada del lunes, ayer era el día más importante. Una rúa sin precedentes en Ourense y que confirmó la comunión entre equipo, aficionados y lo bien que le quedan a la ciudad los colores rojo y azul. El sol redondeó un día de los que quedarán almacenados en los teléfonos y para siempre en la memoria.

La rúa rojilla dejó imágenes de euforia, otras más sentimentales y, sobre todo, mostró la alegría de una afición entregada, que acompañó al autobús descapotable a lo largo de su itinerario, con parada ante las instituciones incluida, y momentos álgidos en la Plaza Mayor y en Concepción Arenal.

La ruta partía del feudo unionista, el estadio de O Couto. De ahí la comitiva bajó hasta Os Remedios y salió rumbo a la calle Progreso y a la altura de Concepción Arenal, donde luego acabaría la fiesta en el viaje de vuelta, empezaron a notarse los fieles unionistas con pancartas que ya destacaron en los partidos del play off.

La primera parada fue en la Diputación, rodeados de aficionados de los que muchos estaban esperando en el cruce con Juan XXIII. Recibidos por César Fernández, vicepresidente provincial; Jorge Pumar, que además fue uno de los fundadores del club y quien logró retener los derechos de marca y el escudo del CD Ourense para después cedérselos a la UD Ourense, y el Asesor de Política Deportiva de la Diputación, Enrique Álvarez.

De vuelta al autobús y rumbo al epicentro de la celebración, la Plaza Mayor. Sobre ruedas, Viti micro en mano como maestro de ceremonias, camisetas conmemorativas, muchos teléfonos móviles para inmortalizar los momentos, agua amarilla en latas y botellines y unas cuantas gafas de sol, que los días de verbena continuados también pasan factura.

En ese momento, eran cientos los que esperaban en la Plaza Mayor. Antes se convocó un “pleno extraordinario” en el Concello. Nunca estuvo tan animado el salón de plenos, y mira que pasaron cosas entre esas cuatro paredes. Al salir al escenario, al alcalde le pitaron los oídos. Literalmente. Todo lo contrario para el míster Borja, para un emocionadísimo Varo y para toda una expedición que se retrató con sus aficionados, mientras el humo rojo y azul de los botes ponía la épica. Unos con más intensidad y repertorio con el micrófono, como Justino, y otros más comedidos, pero todos radiantes y con argumentos para romper las camisetas por lo lleno que tienen el pecho. Y de ahí, a Concepción Arenal, lugar emblemático de cualquier celebración deportiva, pero esta vez con un equipo ourensano como protagonista.

Cuando la noche asomaba, baño de masas para cerrar una jornada tan intensa como gratificante que estuvo a la altura de lo conseguido en el césped. Hoy toca visitar a la Xunta de Galicia y la semana todavía tiene alguna cita más, pero lo de ayer queda ya para siempre.

Jácome se llevó bronca y abucheos

En medio de un ambiente festivo, el contraste recayó en la figura de Gonzalo Pérez Jácome. Cuando el alcalde de Ourense cogió el micrófono en la Plaza Mayor le cayó una lluvia de pitos, abucheos y gritos de “fuera, fuera” mientras intentaba realizar, sin éxito, su discurso. Protesta alta, clara y meridiana, que terminó cuando los verdaderos protagonistas de la jornada volvieron a tomar la palabra.

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