Los números no engañan: el Ourense CF fue un buen local y un insuficiente visitante

DESCENSO A SEGUNDA RFEF

El Ourense CF descendió a Segunda Federación siendo un equipo de mitad de tabla como local (31 puntos), pero el penúltimo como visitante (12)

Los jugadores azulones al final del último partido jugado en O Couto.
Los jugadores azulones al final del último partido jugado en O Couto. | Xesús Fariñas

El Ourense CF se despidió oficialmente de Primera Federación. El último partido en O Couto, pese a la victoria por 2-1 ante el campeón Tenerife, solo sirvió para confirmar los peores presagios. Los azulones necesitaban varias combinaciones a su favor y todas salieron al revés. El Avilés empataba en Pontevedra y el Talavera ganaba al Cacereño, con lo que no había nada que hacer.

Atrás quedan dos temporadas en las que el equipo azulón pudo disfrutar del fútbol profesional, en una categoría que cada temporada es más exigente, tanto a nivel deportivo como económico y en la que cuesta un mundo poder competir a un nivel aceptable. De ahí que muchos equipos hablen de que se necesita una reestructuración porque es inviable para la gran mayoría. Pero esa es otra historia.

Los ourensanos volvieron a comenzar una liga en la que hubo que conformar una plantilla nueva, ya que poco más de cuatro jugadores siguieron de la pasada. Llegó también un nuevo técnico, el valenciano Dani Llácer, y los comienzos volvieron a ser complicados para un equipo que tenía que ajustar muchas piezas. Le ayudó participar en la Copa Federación, que además fue el camino para acceder a la Copa del Rey. Poco a poco fueron pasando eliminatorias hasta proclamarse campeones nacionales tras ganar al Ohihuela por 3-0.

Esas buenas sensaciones se fueron trasladando también a la competición de liga donde el equipo empezó a sumar victorias y alejarse de los puestos de abajo. Además, llegó la Copa del Rey, que fue el espaldarazo definitivo. La eliminación del Oviedo y el Girona y la buena imagen dejada ante el Athletic Club ilusionó a los aficionados, que se fueron al parón navideño con muchas esperanzas puestas en el regreso, entre otras cosas porque el equipo acusaba el gran número de partidos disputados y el desgaste, que era muy grande.

Sin embargo, fue todo lo contrario. La marcha de Omar Ouhdadi, uno de los más destacados en la primera vuelta, al que el Alcorcón de Segunda División y que firmó tras pagar su cláusula fue uno de los detonantes. También que los fichajes llegados en el mercado invernal no dieron todo lo que de ellos se esperaba, junto con las lesiones de jugadores clave empezaron a pasar factura. Y curiosamente, cuando el equipo dejó de jugar domingos y miércoles, pareció sentarle peor que cuando tenían el maratón de partidos.

El último tercio

Poco a poco el conjunto de Dani Llácer empezó una cuesta abajo, lenta porque los partidos en O Couto eran los que les mantenían, pero en la que cada vez veían como sus perseguidores estaban más cerca. Eso y el mayor problema que tuvo el equipo a lo largo de toda la temporada: fuera de casa solo fueron capaces de ganar un partido, el derbi de Espiñedo al Arenteiro, por 0-2. Y ese es un bagaje muy pobre de puntos para poder salvar la categoría.

Se llegó a la recta final de la liga y todo fue a peor. El fortín de O Couto dejó de serlo. Zamora y Celta Fortuna lo asaltaron y el equipo, que seguía sin dar la talla como visitante, cayó a puestos de descenso. A la desesperada, a falta de dos jornadas se tomó la decisión de cesar a Dani LLácer en el banquillo y apostar todo a Cándido Gómez junto a Manu Rodríguez, que estaba en la secretaría técnica. La gran final era en Talavera, ante un rival directo, y una vez más el equipo azulón no estuvo a la altura y se dejó casi todas sus opciones de salvación con un empate. Quedaba un milagro, que no llegó.

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