Adiós a Oscar Schmidt: Mano Santa, corazón romántico

OBITUARIO

Muere a los 68 años Oscar Schmidt, la leyenda "Mano Santa", un anotador irrepetible que antepuso su país a la NBA y dejó una huella imborrable en el baloncesto mundial.

Jorge Garbajosa y Oscar Schmidt en la gala Hall of Fame 2022.
Jorge Garbajosa y Oscar Schmidt en la gala Hall of Fame 2022. | Francisco J. Olmo

De cuna croata y bandera yugoslava, Cutura, Knego, Nakic y los hermanos Petrovic asolaron el viejo continente durante el trienio ominoso de la Cibona. En su expansión, domeñaron hasta seis veces al Real Madrid que, desarmado, intentó frenar la sangría contratando al director de orquesta. El Mozart de Sibenik, ya de blanco, desplegó una sinfonía en la Recopa del 89. Los 62 puntos de Drazen ante el Caserta son una de las mayores églogas del baloncesto que ocultan otra hazaña. En la noche de la mejor final europea de la historia, Oscar Schmidt anotó 44 puntos.

No había hecho nada disímil a sus prestaciones habituales. Tras ocho años en Brasil, llegó a Italia para rozar los 40 puntos por partido. Fueron once temporadas en las que volvió loco a uno de sus habituales rivales, Joe Bryant. El padre de Kobe le hablaba a su hijo de Magic y de Michael, pero el pequeño sabía que Schmidt era el mejor. “Siempre le gana a tu equipo”, le espetaba, y se regodeaba en la precisión religiosa de esa muñeca de cirujano para, tiempo después, aplicar el método y consagrarse como el cuarto mayor anotador de la NBA.

Schmidt también podría haber estado en esa lista. Fue drafteado en 1984 por los Nets pero, al equipo en el que más tarde sí brillaría Petrovic, le dio calabazas. Entrar en la mejor liga del mundo significaría no poder competir con Brasil y Schmidt lo tuvo claro: “representar a un país entero es mucho mejor que jugar en la NBA”. Fruto de ese ardor patrio consiguió un bronce mundial y, sobre todo, el oro de los Panamericanos de 1987, siendo Brasil la primera selección que derrotaba a Estados Unidos en su casa, anotando 46 puntos y venciendo a los gringos de David Robinson.

A Oscar le pusieron "Mano Santa" por su tiro divino. Él decía que tan solo era cuestión de entrenamiento pero es que, con humildad, reluce más el nimbo. Sus 49.973 puntos lo acreditan como el mayor anotador de todos los tiempos. Es el máximo artillero de los Juegos y los Mundiales y en España siempre tendremos el honor del mayor correctivo olímpico —sus 55 puntos en Seúl 88— y de sus dos temporadas en Valladolid.

Oscar Schmidt llegó en 1993 a una liga plagada de firmas: Lavodrama, Middleton, Arlauckas, Sabonis, Villacampa, Peñarroya o Chichi Creus. En su primer partido anotó 31 puntos ante el OAR Ferrol, fue el máximo anotador de la liga con una media de 33,2 y rubricó un récord de 11 triples ante el Murcia que duró 20 años. Sorpresivamente, el Fórum Valladolid descendió, aunque acabó manteniéndose por la renuncia de los aspirantes. En la siguiente temporada, consiguió mayor calma en la mitad de la tabla. Schmidt fue el máximo anotador en el 80% de sus encuentros, pero en esta segunda campaña ya no fue el rey de los puntos. Le quitó el cetro un jugador del COB que acabaría siendo el mejor sexto hombre de la NBA: Darrel Armstrong.

La primera vez que Oscar pisó el Paco Paz tenía enfrente un equipazo. Los Black Five del Coren Ourense tenían más arrojo que el gallo de sus camisetas. Eran André Turner, Chandler Thompson, Jackie Johnson, Howard Wood y Brad Wright. Metió 34 y perdió. Al año siguiente lo volvió a intentar. Enchufó 22 pero, de nuevo, le salió cruz. Sí consiguió vencer al Coren en Valladolid con 35 puntos en 1994.

Tras su experiencia pucelana regresó a Brasil para jugar hasta los 45 años. Ahora, tras 15 años luchando contra una enfermedad, se ha ido demasiado pronto, dejando el legado enorme, romántico y silencioso de un jugador nunca debidamente ponderado y de una mano tan santa como la del Cristo del Corcovado.

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