Presión y balón, las claves de la victoria de España ante Austria en el Mundial
A OCTAVOS
La colectividad fue una vez más el mejor argumento de una selección española que, poco a poco, va adquiriendo el juego habitual en el Mundial
Este jueves España consiguió una victoria que debería servir de bálsamo de cara a las siguientes fases. Fue mejor, supo corregir errores y, lo que es más importante, fue capaz de adaptarse a lo que pedía el partido. Una virtud normalmente esquiva en los terrenos de juego y que les permite pasar a octavos dejando un buen sabor de boca.
Defensa adelantada
España planteó ante Austria una defensa adelantada con Laporte y Cubarsí de centrales, por detrás de un medio campo donde Rodri y Pedri llevaban la batuta. La idea, crear juego desde atrás, la realidad, que cualquier pequeño desajuste permitía a la selección de Austria entrar desde la segunda línea. Cierto es que no generaban ocasiones claras de gol, pero sí transmitían un peligro que España no necesitaba asumir.
Cuatro cuartos
Las pausas de hidratación, necesarias unas veces, denostadas otras, fueron importantes en el desarrollo del partido. Luis de la Fuente aprovechó las paradas del juego para reorganizar a su equipo, atendiendo a como iba transcurriendo el encuentro. Y le funcionó. El gol de Oyarzábal llegó tras la primera pausa, cuando España ajustó sus posiciones para ser más efectiva ante la defensa austríaca. En la segunda mitad el parón sirvió para que el técnico español diese instrucciones precisas de cara a la entrada al terreno de juego de Mikel Merino y Ferrán Torres.
La clave, el equipo
Olmo de defensa central, Lamine y Oyarzábal apoyando a Unai en un ataque de Austria. El partido dejó destellos de lo que los jugadores de España pueden aportar en sus posiciones, pero sobre todo confirmó que son un equipo. Más allá del cambio de banda, de caer al centro en momentos puntuales, ante Austria cuando hizo falta defender todos aportaron. Se agradece.
Siempre dos con Lamine
El miedo es libre, pero cuando se trata de defender a Lamine Yamal quizá tiene algo más de sentido. Laimer y Alaba se las tuvieron que ver con el jugador catalán durante 85 minutos, puesto que Ralf Rangnick así lo decidió. Buscaba evitar sus centros, pero cayeron en la estrategia española, si se iban a la banda a defender las entradas de Yamal dejaban espacios que podía ocupar el resto del equipo, especialmente Porro, que llegaba desde atrás y repartía el juego hacia las llegadas de Baena.
Presión tras pérdida
El seleccionador austríaco presume de la presión tras pérdida, los de Luis de la Fuente le dieron una clase práctica. Siempre había un jugador español cerca del balón, cada vez que conseguían hacerse con la pelota tenían que vérselas con la ordenada defensa de la que pudo presumir la selección. Solo generaron peligro en el último cuarto, aprovechando la mayor envergadura de sus delanteros.
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