Algo más que tierra al plantar

Ecoagro

Puede favorecer a una especie determinada dependiendo de sus propiedades físico-químicas

La lavanda es una especie que se dearrolla mejor en tierras arenosas.
La lavanda es una especie que se dearrolla mejor en tierras arenosas.

Cuando pensamos en plantar alguna especie no le damos muchas vueltas al sustrato sobre el que vivirá, a diferencia de los quebraderos de cabeza que tenemos a la hora de elegir un hogar. La tierra sobre la que una planta echará raíces debería ser elegida casi, con la misma meticulosidad.

Cada tierra tiene unas propiedades físico-químicas que hacen que sea favorable para una u otra especie vegetal, una tierra arcillosa retiene mucho más el agua, una característica adecuada para el lirio japonés, por ejemplo. El caso contrario sería una tierra arenosa la cual drena mucho más el agua, un tipo de suelo óptimo para, por ejemplo, la lavanda. Entre medias tendríamos un suelo limoso, que tendría una capacidad muy buena de retención de agua y nutrientes, pero en menor medida que el suelo arcilloso.

Además de las propiedades físicas, tenemos que tener en cuenta las propiedades químicas. Un suelo con un pH ácido puede sentar mal a una especie que requiera de un pH básico y viceversa, en Galicia el suelo suele tener un pH ácido de entre 4.50 y 5.50. El pH del suelo también afecta a la facilidad de obtener nutrientes del suelo.

Existen también las propiedades biológicas, la velocidad de descomposición, los efectos de los productos de descomposición y la actividad reguladora del crecimiento. A esto, le debemos añadir la propia fauna que habita el suelo, ya que es la responsable de todos estos procesos.

Con todos estos datos, deberíamos hacer un estudio de los tipos de sustratos que tenemos en nuestros comercios de confianza, pero también es importante saber de que suelo disponemos (en el supuesto de disponer de terreno), para poder averiguar que suelo le podemos ofrecer a nuestro cultivo siempre podemos realizar un análisis en un laboratorio que se dedique a dicha labor.

Existen diferentes criterios para clasificar a los distintos tipos de sustratos. Según sus propiedades podemos hablar de sustratos químicamente inertes: arena granítica o silícea, grava, roca volcánica, perlita, arcilla expandida, lana de roca, etc. Sustratos químicamente activos: turbas rubias y negras, corteza de pino, vermiculita, materiales ligno-celulósicos, etc.

NUTRIENTES

Las diferencias entre estas dos clasificaciones están dadas por la capacidad de intercambio catiónico o la capacidad de almacenamiento de nutrientes por parte del sustrato. Los sustratos químicamente inertes actúan como soporte de la planta, no forman parte ni intervienen en el proceso de adsorción y fijación de los nutrientes. Los sustratos químicamente activos actúan de soporte de la planta, pero, también cumplen la función de ser depósito de reserva de los nutrientes aportados mediante la fertilización. Si los clasificamos según el origen de los materiales encontraríamos: materiales orgánicos e inorgánicos o minerales. Ambas clasificaciones se subdividen a su vez en diferentes tipos dependiendo del método de obtención.

Ahora no podemos decir que el suelo sea un mero soporte de un árbol, ya que decirlo sería clasificar a todos los suelos como suelos inertes, mientras que los suelos son muy heterogéneos y cumplen muchos más propósitos que el de sostener la estructura vegetal. La elección adecuada de un sustrato será primordial para poder esperar unos resultados propicios tanto como para una explotación como para tener un bello jardín.

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