La crisis de Irán dispara la tensión energética mundial
SUBIDA DE LOS CARBURANTES
Mientras los consumidores sufren, las grandes compañías aumentan sus cifras de beneficios
La escalada del conflicto en torno a Irán y la creciente inestabilidad en Oriente Medio han reconfigurado una vez más el tablero energético mundial. Cada episodio de tensión en Ormuz, cada ataque a infraestructuras petroleras, cada sanción internacional o cada movimiento militar en la región provoca un efecto inmediato en los mercados globales de petróleo y gas. Para los consumidores, esto se traduce en carburantes más caros, inflación y un encarecimiento generalizado del coste de la vida. Para las grandes compañías energéticas, en cambio, supone un periodo de beneficios extraordinarios que se repite.
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos más estratégicos del planeta. Por él circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo, con picos que han superado los 20 millones de barriles diarios. Cuando su estabilidad se ve comprometida, los mercados reaccionan con subidas bruscas del crudo. Y esas subidas para las petroleras se convierten en un multiplicador de ingresos.
Mientras las petroleras celebran resultados históricos, el encarecimiento de los carburantes y de la energía presiona al alza el coste de la vida, erosiona el poder adquisitivo y afecta especialmente a los hogares con menos recursos, que destinan una mayor parte de sus ingresos a transporte y calefacción. En algunos países europeos, el precio del gasóleo ha superado los dos euros por litro en momentos de máxima tensión. Las industrias intensivas en energía también sufren el impacto, con márgenes más estrechos y menos capacidad para invertir o mantener el empleo.
Un patrón repetido
Los gobiernos europeos -también en España- discuten si deben gravarse los beneficios extraordinarios de las petroleras, si es necesario acelerar la transición energética o si la diversificación de proveedores puede reducir la exposición. El patrón se repite: si Oriente Medio se tambalea, las cuentas de las grandes compañías energéticas se disparan.
Las empresas de EEUU y Oriente, en cifras récord
Las grandes petroleras estadounidenses y las compañías estatales de Oriente Medio figuran entre las principales beneficiadas de cualquier movimiento en Ormuz o de los relacionados con la guerra de Ucrania. ExxonMobil, la mayor petrolera privada del mundo, llegaba a registrar en 2022 beneficios anuales superiores a los 55.000 millones de dólares (unos 46.640 millones de euros), una cifra récord en la historia de la compañía. La norteamericana Chevron, por su parte, superaba los 35.000 millones de dólares (alrededor de 29.680 millones de euros) en el mismo ejercicio. Ambas empresas han reforzado recientemente sus programas de recompra de acciones y aumentado los dividendos.
En el Golfo Pérsico, empresas como Saudi Aramco, ADNOC o QatarEnergy ven sus ingresos dispararse en paralelo al precio del barril. Saudi Aramco llegaba en 2022 por lo que valoraba como “precios sólidos del crudo” a superar los 160.000 millones de dólares (unos 135.680 millones de euros) de beneficio anual, una cifra sin precedentes en la historia empresarial global. Para estos países, Ucrania, cualquier conflicto con el petróleo como eje y ahora la guerra de Irán tienen impacto directo en las cuentas públicas, que dependen en gran medida de los ingresos energéticos. En Arabia Saudí, por ejemplo, más del 60% de los ingresos fiscales proceden del petróleo.
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