Renfe obtiene beneficios pese a la deficiente calidad de los servicios
RED FERROVIARIA
La empresa ganó 60 millones en 2025 pero el accidente de Adamuz bajó el número de viajeros
Renfe afronta en la actualidad numerosos problemas que afectan a la calidad y a la regularidad del servicio ferroviario y que están generando un creciente malestar entre los viajeros. Los retrasos, las cancelaciones y las averías se han convertido en algunas de las principales quejas de los usuarios, especialmente en los servicios de cercanías y media distancia, aunque también afectan a determinados corredores de alta velocidad, como el que une Galicia con la meseta.
Uno de los principales problemas es la puntualidad. Las incidencias relacionadas con averías, problemas en la catenaria, señalización o circulación pueden provocar importantes retrasos y obligar a modificar los servicios previstos. En muchos casos, estas incidencias no dependen directamente de Renfe, sino de la situación de las infraestructuras ferroviarias gestionadas por Adif, aunque sus consecuencias recaen directamente sobre los pasajeros.
A esta situación se suma la saturación de algunas líneas de cercanías, especialmente en las grandes áreas metropolitanas. En determinadas franjas horarias, los trenes circulan con una elevada ocupación y la falta de capacidad de algunas infraestructuras dificulta incrementar las frecuencias. El resultado son convoyes llenos, esperas más prolongadas y un servicio que no siempre responde al crecimiento de la demanda. A pesar de todas las carencias y problemas, Renfe obtuvo un beneficio neto consolidado de 60,2 millones de euros en 2025, frente a las pérdidas de 2,9 millones registradas el año anterior, lo que supuso el regreso del grupo a la senda de los beneficios por primera vez desde 2019. A lo largo de 2025, la compañía transportó 531,4 millones de viajeros, una actividad que se reflejó en un crecimiento del 19% de los ingresos por venta de billetes, hasta alcanzar los 2.000 millones de euros.
Accidente de Adamuz
El accidente de Adamuz, ocurrido el 18 de enero de 2026, tuvo un impacto muy importante sobre la demanda ferroviaria, especialmente en la alta velocidad. El siniestro provocó el corte durante aproximadamente un mes de la conexión Madrid-Andalucía y generó además una crisis de confianza entre los viajeros, que se extendió a otros corredores. El accidente afectó directamente a 527 viajeros y causó 46 fallecidos y 122 heridos.
Según los datos de la CNMC, durante el primer trimestre de 2026 la alta velocidad perdió un 21% de viajeros respecto al mismo periodo del año anterior. El corredor Madrid-Málaga/Granada fue el más perjudicado, con un desplome del 61%, mientras que Madrid-Sevilla perdió un 27% de pasajeros. En Madrid-Barcelona, el descenso fue del 17%, en un contexto marcado también por las restricciones de velocidad y otras incidencias. El efecto no se limitó al periodo inmediatamente posterior al accidente. A finales de junio, la alta velocidad acumulaba una caída cercana al 15% en el conjunto del primer semestre, con unos 18,33 millones de viajeros. Febrero fue especialmente negativo, con un descenso interanual del 32%, aunque posteriormente la demanda comenzó a recuperarse.
Chamartín, uno de los puntos críticos por continuos problemas
Chamartín se convirtió en otro de los puntos críticos de la red ferroviaria. La estación sufrió en los últimos meses distintas incidencias de infraestructura y sistemas que provocaron retrasos, supresión de circulaciones y modificaciones de recorridos. Una de las más relevantes afectó al sistema informático de enclavamiento durante los trabajos de puesta en servicio de nuevas vías.
La sucesión de incidencias puso de manifiesto la complejidad de una infraestructura que concentra buena parte del tráfico ferroviario de Madrid. A ello se suman las obras de ampliación y modernización, necesarias para aumentar su capacidad, pero que mientras se ejecutan también pueden generar afecciones sobre la circulación. Para los viajeros, el resultado se traduce en retrasos, cambios de recorrido y una mayor incertidumbre a la hora de planificar sus desplazamientos.
La presión sobre la estación se produce además en un momento de creciente demanda ferroviaria y de transformación de la red madrileña. Las incidencias en este punto estratégico pueden tener un efecto dominó sobre conexiones que van mucho más allá de la capital. Para los usuarios, cada avería supone la necesidad de buscar alternativas.
Aunque Adif dio por culminada en junio de 2026 una parte fundamental de la renovación de esta estación, todavía quedan actuaciones pendientes que continuarán afectando a la explotación ferroviaria. La complejidad de los trabajos obliga a compatibilizar las obras con el funcionamiento diario de uno de los principales nodos de la red española.
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