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TRADICIÓN
La lluvia daba una tregua en la villa del Támega para disfrutar de su Domingo Corredoiro, donde los Cigarrones son los protagonistas.
Desde primera hora de la mañana se visten con mimo, cuidando cada detalle del traje para que nada quede al azar y todo luzca a la perfección en una jornada marcada por la tradición en las calles. Esta ardua tarea puede prolongarse hasta dos horas y resulta imprescindible la ayuda de otras personas.
Hoy es su día. Ellos son el motivo de expectación de cientos de vecinos y visitantes que no quieren perderse la popular concentración de esta figura entroideira. El recorrido, que arrancó en la Avenida de Castela y continuó por las calles Luis Espada y Alameda, concluyó en la Plaza de la Alameda. Desde allí, muchos pusieron rumbo a la salida de las misas de la Parroquia de Verín y de la Iglesia de la Merced para saludar a los feligreses haciendo sonar sus chocas, una costumbre que emociona a los más devotos.
El pase de las charangas Los Támega, Noroeste y Airiños do Cereixo amenizó la sesión vermú desde las 11:30 horas y hasta bien entrada la mañana.
Por su parte, la Plaza García Barbón acogía el emotivo pregón del Entroido a cargo de José Ramón González Sola, al que todo el mundo llama Fanfán. Desde niño, este verinés interiorizó el espíritu entroideiro que definiría su trayectoria. Fue protagonista y uno de los grandes impulsores de la celebración durante décadas, primero como participante y más tarde como creador de más de una treintena de carrozas inolvidables.
El Domingo Corredoiro llenó restaurantes y bares, en los que no faltaron las comidas típicas de Entroido como el cocido, las orejas o el licor café. Tras la sobremesa, llegó el turno de la fiesta amenizada por A Gramola en la Plaza García Barbón, que acogió además un acto de homenaje a otro de los entroideiros más destacados de Verín, Toño Torcuato, “O Cesteiro”, homenaje en el que participaron Xosé Carlos Caneiro y Manolo Cazoleiro.
La Orquesta Salsarena fue la encargada de poner el broche final en una sesión de tarde que animó a bailar a vecinos y visitantes de todas las edades.
El Domingo Corredoiro volvió a demostrar que el Entroido de Verín es mucho más que una celebración: es identidad, memoria colectiva y una fiesta viva.
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