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ENTROIDO EN OURENSE
El Entroido es una época mágica para los ourensanos que además este año ha dejado durante su primer fin de semana imágenes únicas. La nieve que Ingrid ha traído a la provincia tiñó de blanco el concello de Xunqueira de Ambía, donde se encuentran las aldeas de Busteliño y Sobradelo, que este sábado celebraron su Entroido.
El personaje tradicional de estas aldeas es el Farrumeco, una figura que se caracteriza por su máscara blanca, su atuendo colorido hecho de retales y paños, y su comportamiento travieso. Los farrumecos no escatimaron ayer a la hora de tirar bolas de nieve a los presentes entre otras muchas pillerías. O Tangaraño recuperó esta figura hace más de una década, y este año ha ampliado el elenco del Entroido.
Aunque los farrumecos estaban acostumbrados a ser solistas, tras varios años de documentación, la asociación O Tangaraño de Sobradelo recuperó “A Rinchona”, la yegua del Entroido. Esta figura era típica del Entroido en Xunqueira, y se ha recuperado gracias a la memoria viva de varios vecinos, Teresa Quintas, Toño Cabillas, Toña Vázquez y Gelucha Estévez, que a sus más de ochenta años aún la recordaban, no sólo su apariencia, sino también su comportamiento.
El nombre le viene dado de que “rincha” sus dientes, golpeándolos gracias a un dispositivo que le permite el juego de la mandíbula al cráneo de caballo que da vida a la figura. Este cráneo se limpia de forma natural con un proceso que duró más de un año.
Más de una veintena de farrumecos de todas las edades recorrieron las calles de Busteliño por la mañana, haciendo de las suyas y acompañados por “A Rinchona”, que no dudó en pegar algún que otro mordisco. Por la tarde, permanecieron en Sobradelo, adentrándose en varias casas y compartiendo una jornada de mucha alegría y fiesta con sus vecinos.
Los presentes pudieron disfrutar del tradicional cocido de Entroido, que además estuvo acompañado con un pan de horno tradicional, hecho por la Asociación Cultural Parroquial “A Corna”, vecinos de la parroquia de Betán, quienes recuperaron el horno local del abandono.
Así, el Entroido de Sobradelo evidenció que las inclemencias del tiempo no frenan a los auténticos entroideiros y que, con esfuerzo y dedicación, se pueden recuperar trozos olvidados de una celebración que tiene sus raíces arraigadas por toda Europa y en especial Ourense.
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