Adiós a Bruno Musarò, arzobispo clave en la diplomacia vaticana

OBITUARIO

Muere a los 78 años Bruno Musarò, arzobispo italiano con una extensa carrera en el cuerpo diplomático del Vaticano

El papa Francisco y Bruno Musarò.
El papa Francisco y Bruno Musarò.

La vida pública contemporánea suele reservar sus titulares para quienes hablan más alto. Por eso conviene detenerse, de vez en cuando, en la trayectoria de quienes construyeron su influencia precisamente en sentido contrario. La muerte del arzobispo italiano Bruno Musarò, fallecido el sábado a los 78 años, pone fin a una de las carreras diplomáticas más extensas y discretas de la Santa Sede.

Durante casi medio siglo sirvió en el cuerpo diplomático del Vaticano, una institución que sigue funcionando con ritmos y códigos propios en un mundo dominado por la inmediatez. Mientras la política se convertía en espectáculo y las redes sociales transformaban cada declaración en un acontecimiento, Musarò desarrolló su labor en el terreno opuesto: el de las conversaciones reservadas, los informes confidenciales y la búsqueda paciente de acuerdos.

Nacido en 1948 en Andrano, en la región italiana de Apulia, fue ordenado sacerdote en 1971. Se incorporó al servicio diplomático de la Santa Sede en 1977 tras formarse en la Academia Pontificia Eclesiástica, la histórica escuela de los diplomáticos vaticanos. Aquellos primeros años lo llevaron por destinos tan diversos como Corea del Sur, Bangladés, República Centroafricana, Panamá y España.

En la nunciatura

Su ascenso culminó en 1994, cuando Juan Pablo II lo nombró nuncio apostólico en Panamá y arzobispo titular. A partir de entonces se convirtió en uno de los representantes del papa en distintos continentes. Madagascar, Mauricio, Seychelles, Guatemala, Perú, Cuba, Egipto y Costa Rica fueron algunas de las escalas de una carrera que recorrió buena parte de las regiones donde la Iglesia mantiene una intensa actividad diplomática.

La figura del nuncio resulta poco conocida para el gran público, pero ocupa una posición singular dentro del engranaje internacional. Es embajador de la Santa Sede ante los gobiernos y, al mismo tiempo, enlace entre Roma y las iglesias locales. Requiere habilidades políticas, sensibilidad cultural y una gran capacidad para desenvolverse en escenarios complejos. Musarò dedicó a esa tarea prácticamente toda su vida adulta.

Entre sus destinos más delicados destacó Egipto, donde fue nombrado nuncio apostólico en 2015 y delegado ante la Liga Árabe. Su etapa coincidió con los esfuerzos del Vaticano por fortalecer el diálogo con el islam suní y recuperar cauces de entendimiento entre instituciones religiosas que durante años habían atravesado momentos de distancia y desconfianza.

Destino en cuba

Sin embargo, el episodio que probablemente le otorgó mayor visibilidad internacional se produjo durante su etapa como enviado del Vaticano en Cuba. En 2014 sorprendió con unas declaraciones excepcionalmente duras para los estándares de la diplomacia vaticana. Habló entonces de la pobreza y del deterioro de las condiciones de vida en la isla.

Aquella intervención reveló un rasgo poco visible de su personalidad: bajo las formas serenas del diplomático clásico existía también la convicción de que determinadas realidades no podían describirse únicamente mediante fórmulas protocolarias.

En 2019 fue destinado a Costa Rica, su último gran encargo. Cuatro años más tarde, al alcanzar la edad habitual de retiro para los diplomáticos de la Santa Sede, el papa Francisco aceptó su renuncia. Desde entonces vivió retirado en su tierra natal.

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