Jesús Prieto Guijo
LA OPINIÓN
Jorge Prado divisa el Pacífico
LA OPINIÓN
El mar, el nuevo, el desconocido, hasta ahora únicamente soñado y jamás visto, el legendario, el mar buscado en vano desde hace años y años por Colón y por todos sus sucesores, cuyas olas bañan las costas de América, de la India y de China. Núñez de Balboa mira y mira, ufano y feliz, disfrutando al saber que sus ojos son los primeros de un europeo en los que se refleja el infinito azul de esas aguas”.
La crónica de Zweig sobre la epifanía de Núñez de Balboa es una de las más bellas jamás escritas. El momento bien lo merece. El explorador pacense salió de Darién, liderando a 190 españoles y varios indígenas por la selva de Panamá. La expedición fue un auténtico infierno. La espesura de la jungla se tragaba vidas, los caballos eran sacrificados, el hambre, la malaria y las emboscadas estorbaban la proeza. Pero Balboa persistió. Subió una montaña y, al fin, vio el gran océano.
En la madrugada de ayer, otro europeo repetía la hazaña de Balboa. Jorge Prado era el primero en divisar un océano tan indomable como el Pacífico. Nunca antes, ningún piloto del viejo continente había conseguido hacerse con el SuperMotocross de la AMA, catedral de esta locura. Y antes que él solo cuatro habían ganado en el avispero norteamericano.
Prado ya era el rey off road en Europa. Con 10 años se convirtió en el campeón mundial más joven de la historia y ya no dejó de conquistar.
El SuperMotocross es el summum. Una traca final que pone en juego un valiosísimo cetro que reconoce al mejor piloto de las dos competiciones más importantes. En ellas, Prado cuajó inolvidables actuaciones, manteniéndose en la pelea hasta la guinda. Y en este playoff determinante decidió sacar toda su magia para destaparse como lo que es: el mejor del mundo sin rodeos. El camino hacia la victoria fue casi tan abrupto como el de Balboa. Prado ya era el rey off road en Europa. Con 10 años se convirtió en el campeón mundial más joven de la historia y ya no dejó de conquistar. Bicampeón mundial de MX2 y también de MXGP, la categoría reina. Aquí ya había sometido a todos: Herlings, Gajser o Febvre; pero la ecuación sube de temperatura cuando se habla de Lawrence, Deegan o Roczen y Jorge quería el más difícil todavía. El imposible.
Se fue a las Américas con la misma ilusión que aquel crío que con 11 años se marchó a Bélgica para escribir páginas en blanco. El primer asalto, con Kawasaki, fue un calvario. Una caída en Anaheim le obligó a pasar por quirófano, operarse el hombro y perder buena parte de la temporada. En este 2026, quiso empezar de cero y en casa. Resurgió con KTM, la escudería que firma casi todas sus aventuras y anoche, en Misuri, se bañó de una gloria que le parecía vetada a Europa.
Jorge Prado ha consumado la locura. Y lo ha celebrado con los de siempre. Con su familia: Jesús, Cristina, Cecilia... Porque el triunfo es de todos. De un niño lucense que lo dejó todo para perseguir sus sueños y cumplirlos.
El 25 de septiembre de 1513, Núñez de Balboa se convertía en el primer europeo en contemplar la inmensidad del Pacífico. Justo 513 años más tarde, Jorge Prado lo ha vuelto a hacer.
@jesusprietodeportes
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