A Lolo de Santo Estevo

OBITUARIO

Obituario en recuerdo de Lolo, por Chelo Durán.

Obituario La Región.
Obituario La Región. | La Región

Quien escuchaba el nombre de Santo Estevo, inevitablemente pensaba en Lolo. Era imposible separar uno del otro. Lolo era parte del lugar, de su esencia, de su alma.

Hombre campechano, cercano y de trato siempre afable, representaba como pocos el valor de la sencillez y la autenticidad. Su casa, su bodega, eran mucho más que cuatro paredes: eran punto de encuentro, refugio de amigos, escenario de risas compartidas y confidencias al calor de un buen vino.

Su hospitalidad no conocía límites. Siempre había una silla más, un vaso preparado, una historia lista para ser contada. Porque si algo tenía Lolo, además de bondad, era el don de la palabra. Sus aventuras, sus anécdotas, sus recuerdos, se hilaban con naturalidad y arrancaban sonrisas incluso en los días más grises.

Fue, ante todo, un hombre de los suyos. Familiar, leal, profundamente humano. De los que dejan huella sin proponérselo, simplemente siendo como eran.

Hoy Santo Estevo suena distinto. Más silencioso. Pero el eco de su risa, el calor de su bodega y el recuerdo de su generosidad permanecerán para siempre en quienes tuvieron la suerte de conocerlo.

Lolo no se va del todo, porque vive en cada historia que contamos sobre él, en cada brindis en su memoria, en cada rincón donde alguna vez fue feliz.

Buen viaje amigo, Lolo.

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