Muere Julián García Vargas, ministro de Defensa y Sanidad con Felipe González
OBITUARIO
Al frente de Sanidad le correspondió una tarea tan compleja como poco visible: convertir en realidad cotidiana la reforma sanitaria de los 80.
La muerte de Julián García Vargas devuelve a la memoria pública el perfil de una generación de políticos que nunca aspiró a convertirse en personaje. Fueron hombres y mujeres que entendieron la política como una tarea de construcción institucional, más atentos a la solidez de las estructuras que al brillo de los focos. García Vargas, fallecido a los 81 años, pertenecía a esa estirpe hoy casi desaparecida.
Su nombre no figura entre los grandes mitos de la democracia española, pero su huella permanece en algunos de los pilares más importantes del Estado. Ministro de Sanidad y después de Defensa durante los gobiernos de Felipe González, participó en la consolidación de dos ámbitos decisivos para la modernización del país: la sanidad pública universal y la transformación democrática de las Fuerzas Armadas. Antes de incorporarse al Gobierno, fue presidente del Instituto de Crédito Oficial (ICO).
Economista de formación e inspector de Hacienda, llegó a la política desde la vocación técnica antes que desde el combate partidista. Era un gestor en el sentido más noble del término. Carecía de la retórica encendida de otros dirigentes de su tiempo y tampoco cultivó nunca una imagen de líder carismático. Su autoridad provenía del conocimiento de la administración y de una forma serena de ejercer el poder.
Al frente de Sanidad le correspondió una tarea tan compleja como poco visible: convertir en realidad cotidiana los principios de la reforma sanitaria impulsada en los años ochenta. Mientras otros ocupaban portadas, él se concentraba en el lento trabajo de levantar estructuras, coordinar servicios y extender derechos. Aquella labor contribuyó a consolidar un sistema sanitario que acabaría convirtiéndose en una de las señas de identidad del Estado del bienestar español.
Más tarde asumió la cartera de Defensa en una etapa de profundos cambios. España avanzaba hacia una plena integración en los marcos de cooperación internacional y las Fuerzas Armadas seguían adaptándose a las exigencias de una democracia madura. García Vargas impulsó reformas destinadas a acelerar esa transformación y acompañó el progresivo declive de una mili cada vez más cuestionada por la sociedad.
Su trayectoria política conoció también momentos difíciles. El escándalo de las escuchas del CESID marcó el tramo final de su paso por el Gobierno y acabó precipitando su salida. Sin embargo, el juicio de la historia suele ser más pausado que el de la actualidad. Con el paso de los años, aquella crisis ha ido perdiendo peso frente a una valoración más amplia de su contribución a la construcción institucional de la España contemporánea.
Quienes lo trataron suelen recordar a un hombre de modales tranquilos, poco dado a la confrontación y ajeno a la teatralidad que terminó impregnando buena parte de la vida pública. No buscaba la frase memorable ni la pelea del día. Prefería los acuerdos, los informes y las soluciones.
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