“Debemos esixir que a tecnoloxía se adapte a nós, non nós á tecnoloxía”
Lois Oreiro presentó su nuevo libro de ensayo “Os mundos de agora” en el último Foro La Región de la temporada
Los avances tecnológicos están muy arraigados en nuestra sociedad y negarse a ellos puede llegar a relacionarse con la ignorancia. Pero al igual que las nuevas tecnologías han redundado indudablemente en la mejora de nuestra calidad de vida, también nos han generado nuevos problemas y necesidades, lo que evidencia que es necesario reflexionar y cuestionar los avances que se nos ofrecen a diario.
Esta cuestión tecnológica es el tema central del nuevo libro del periodista Lois Oreiro, “Os mundos de agora”, que presentó en el último Foro La Región de la temporada, desarrollado ayer en el centro cultural Marcos Valcárcel y titulado “Los robots no piensan ni aman, influyen”. Oreiro fue presentado por el webmaster de Código Cero y experto en tecnología, Marcus Fernández.
Ambos reflexionaron sobre el concepto de intimidad y privacidad, mostrando sus diferencias y comentando cómo las grandes empresas tecnológicas “coñecen máis os gustos e ideoloxía dunha persoa que ela mesma”. Fernández ironizó sobre la temática del libro: “Eu son divulgador científico, eu predico totalmente o contrario do que pon neste libro”.
Interpeló a Oreiro sobre sus posturas enfrentadas, y el ponente destacó que el Foro La Región permite a dos personas con posturas divergentes sobre el mismo tema debatir en un mismo espacio. Además, Oreiro pidió entre risas a su presentador que lo “machacase” si caía en alguna equivocación durante su disertación.
Oreiro diferenció entre nuestra “presenza física e a nosa presenza dixital”. Aseguró que la digitalización “non se revalorizou pola pandemia, senón que foi a presenza física a que cada vez tomou máis importancia. O dixital non pode substituir ao físico”. Puso el foco en la gratuidad de las aplicaciones, explicando que el producto real consiste en “captar a nosa atención para gañar cartos coa publicidade”. Además, también explicó ese concepto de gratuidad, mencionando el coste del teléfono, de la línea, o, incluso los patrones de clicado, “que axudan a mellorar un algoritmo que pertence a unha empresa que está facendo cartos a conta diso”.
Oreiro se centró en cómo el conjunto de la sociedad “asumiu todas as innovacións tecnolóxicas como algo positivo, sen cuestionar a súa orixe”, algo que “pode rematar mal”. Destacó que “son as propias tecnolóxicas as que están a pedir que se regule este ámbito, por medo á deriva á que se pode chegar”. Como ejemplo, citó como los grandes magnates de las tecnológicas “prohíben que os seus fillos sexan educados sen pantallas”.
Pero centrádose en las tecnologías actuales, Oreiro apela a los móviles como principal elemento de control y de captación de atención. “Existen multitude de técnicas psicolóxicas e tecnolóxicas para seguir atraendo a atención dos usuarios o máximo tempo posible”, explicó. “Estas tecnoloxías tamén inflúen a nivel prerreflexivo, impedíndonos facer o que nós queríamos por estar prendados das pantallas”, explicaba. “O aplauso final dos teléfonos móbiles será a súa separación por pezas, e cando teñamos que implantalos no corpo”, sentenciaba Oreiro.
“O cidadán hiperconectado retransmite a súa vida, pero, a diferenza dos reporteiros, protagonizan a información. Esa é a diferenza entre retransmitir e vivir”, explicando que no es compatible realizar ambas cosas al mismo tiempo. Explicó que esta deriva termina en el transhumanismo, aunque no centrándose “nos frikis dos campos magnéticos ou das cámaras na cabeza”.
Remarcó que los dos sectores por los que más llegarán los avances derivados del transhumanismo serán “o sanitario e o laboral”. Sobre esto, advirtió de que “aínda que serán cousas que se venderán como voluntarias, serano a medias, xa que para acceder a certos servizos será case indispensable”. Ejemplificaba este escenario con un caso del aspecto laboral: “Para non quedar atrás, teremos que levar implantes cerebrais para relacionarnos cos superordenadores, polo que será necesario telos para acceder a certos traballos”.
Oreiro concluía que “debemos esixir que a tecnoloxía se adapte a nós, non nós á tecnoloxía”, y aunque los avances traigan cosas muy positivas, “e sen ser castastrofistas, debemos plantexarnos de onde veñen e que queren de nós, porque nisto vainos a vida a todos”.
“AS TECNOLÓXICAS PODEN POÑER E QUITAR GOBERNOS”
Oreiro remarcó cómo las grandes empresas tecnológicas son “unhas das maiores defensoras da renta vital”. Justificaba esta postura exponiendo que estas empresas explotan “a economía da atención”. “Se logran que estemos centrados nos estímulos que nos lanzan a través das pantallas, cada vez reflexionaremos menos sobre conceptos tan básicos coma a liberdade ou quen somos”, argumentó el periodista, que comentaba que estas “big Tech” tienen la capacidad de “poñer e quitar gobernos coa súa influencia”.
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