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Decenas de personas se reunieron ayer en el Centro Cultural Marcos Valcárcel para recordar la figura de Antonio Escohotado en una nueva edición del Foro La Región protagonizada por el periodista Ricardo F. Colmenero y su libro sobre el célebre filósofo, bajo el título “Los penúltimos días de Antonio Escohotado: planes para después de la muerte”.
“No supe nada de Escohotado hasta septiembre de 2020, y tampoco despertaba ningún interés en mí”, reconoció Colmenero. Cuando se le encargó entrevistarle, lo hizo por obligación profesional. “Para charlar con Escohotado, toque el asunto que toque, tienes que empezar con una licenciatura sobre el tema y acabas con un doctorado. Y es muy árido y difícil como escritor. Lees un par de párrafos y tienes que ir a por un café”, prosiguió. Todo cambió cuando se encontraron. “Aún siendo Ibiza una isla pequeña, dar con él fue difícil. Se preocupó de esconderse en un punto remoto, junto a una cabaña prefabricada, con la intención de morir como su admirado Sócrates, ya fuera por causa natural o debido al avance de su enfermedad, el párkinson”, recordó el periodista.
“YO REPRESENTABA TODO LO QUE ANTONIO ODIABA: TENÍA UN CONOCIMIENTO NULO DE FILOSOFÍA Y ERA DEL BARÇA”, RECONOCIÓ COLMENERO
Lo que más rechazo le provocaba de él era que hubiera usado su cuerpo como “cobaya para estupefacientes”, convirtiéndose después en “excusa para drogarse” para una generación. El periodista tenía una posición muy distinta con respecto a las drogas, más aún cuando uno de sus profesores había muerto a causa de ellas y el sida. Por lo tanto, la postura de Escohotado a favor de la despenalización le generaba rechazo hasta que le conoció.
“Con el paso del tiempo, las drogas dejaron de ser algo ‘debatible’. Decir algo tan obvio como que con su prohibición se había logrado lo contrario de lo que se buscaba se llevó por delante la figura de Antonio”, prosiguió el periodista ourensano, por lo que el filósofo “murió sin los reconocimientos que merecía, aislado por el poder. Ya no se le hacía caso en los medios de comunicación y sus foros, con excepciones como el propio Foro La Región”.
Cuando estuvo cara a cara con Antonio Escohotado, Colmenero lo vio “reducido a un esqueleto que apenas podía moverse”. Aún con tan poco tiempo restante de vida, el filósofo se interesaba por los temas más dispares, como la monitorización de volcanes. “Le encantaba el conocimiento de todo tipo. Había muchas posibilidades de que falleciera aprendiendo de temas como la fonética noruega. Tenía al aprendizaje como principal placer de la vida, cuando ya era un conjunto de huesos con piel y no podía disfrutar de los demás”, sostuvo. Además, “Antonio se reía constantemente”, recordó el periodista, quien reconoció incluso que al principio pensaba que esto se debía a los “euforizantes” que le dijo tomar antes de reunirse con él.
La primera entrevista duró cinco horas. Y no pudo ser menos, debido a todo el conocimiento que atesoraba el anciano. Después, el ourensano habló con su diario, El Mundo, sobre lo valioso que era ese material. Inmediatamente, le pidieron que regresara para pasar más tiempo con él y crear el libro. “Yo representaba todo lo que Antonio rechazaba como ser humano: tenía un conocimiento nulo de filosofía y economía, estaba formado en el Opus Dei y era del Barcelona. Por eso, cuando le planteé coger el testimonio de sus últimos días, le pareció genial. Y decía: ‘Al final va a ser que Dios existe y me está castigando con esto”, rememora el periodista. “Cuando una persona está en el final, siempre puedes arañarle una exclusiva, siendo además uno de los padres del comunismo de este país, que de verdad corrió delante de los grises”, valoró.
Y se encontró con una mente prodigiosa. “Era capaz de recordar textualmente las cosas que había leído. Esto le permitía tirar de una biblioteca interna. Tratabas de engañarle y descubrías que recordaba todo”, aseguró Colmenero sobre un autor que realizó una gran transición ideológica, pasando de comunista a liberal, “siendo uno de los fundadores de Ciudadanos, partido del cual acabó renegando también, porque siempre estaba dispuesto a cambiar de idea. Decía que hay dos tipos de personas, quienes vienen al mundo a aprender y quienes vienen a confirmar. Y su apertura de mente le mantuvo joven hasta el final”.
En sus últimos días, puntualizó Colmenero, “Escohotado se burlaba de cómo había degenerado la democracia”, cuando “el pensamiento políticamente correcto nos lleva a dibujar el mundo como queremos que sea y no como realmente es. Ahora, lo único que queremos en esta vida es ser víctimas, porque le gustan a todo el mundo, y así no asumimos responsabilidades”, lamenta. “Sé que tardaremos muchos años en poder afrontar el tema de las drogas”, añadió el periodista, precisamente porque “cada vez somos más débiles, más frágiles”.
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