Gabriel Albiac: “La catástrofe de España es el derrumbe de la educación básica”
FORO LA REGIÓN
El filósofo y escritor será uno de los protagonistas del próximo Foro La Región
El pasado viernes se cumplieron cuatro años del fallecimiento de uno de los filósofos más importantes de la historia de España, Antonio Escohotado. Por ello y por cuarto año consecutivo, La Región vuelve a dedicarle una edición especial de su Foro, protagonizado por su hijo Jorge Escohotado, fundador y CEO de La Emboscadura y Memoralia; Gabriel Albiac, filósofo y escritor; y Juan Ramón Rallo economista y jurista. En esta entrevista, Gabriel Albiac, gran conocedor de la figura de Escohotado, repasa el pensamiento del homenajeado y ofrece su visión del mundo actual.
Pregunta.¿Cómo, cuando y por qué decide hacerse filósofo?
Respuesta.Tengo muy claro ese momento en mi memoria. A los 17 años, cuando estaba acabando el Bachillerato, para mí solo había dos alternativas que me parecían dignas de ocupar por completo la inteligencia humana, las matemáticas y la filosofía. Recuerdo haber pasado dos años dudando entre ambas alternativas, pero finalmente la lectura de Platón me llevó a esta apuesta, que podía ser tanto acertada como errada, porque yo creo que ambas disciplinas encierran lo más hondo de la dignidad humana, aquello a lo cual vale realmente la pena consagrar una vida.
P.Y después de tantos años, ¿qué considera que le ha dado y que le ha quitado la filosofía?
R.La filosofía como el conocimiento en general te da exactamente lo que te quita. Lo que tú obtienes de esa apuesta de encerrarte en el conocimiento, de encerrarte en los libros, que es lo que yo llevo haciendo desde hace ya muchos años, te proporciona un mundo infinito porque los libros son la infinitud de poder dialogar con todos aquellos que consiguieron los momentos más altos del conocimiento. No hay diálogo que tenga la envergadura que tiene estar ante los libros de tu biblioteca y saber que ahí podrás encontrar lo que te desborda infinitamente. ¿La contrapartida? Pues hombre, la contrapartida es lógica, la comprensión de que frente a ese esplendor que ha producido el ámbito del conocimiento, el contraste de la realidad es gris, monótona y siniestra. Tú comparas la lectura de Schelling, por ejemplo, con el grado de embrutecimiento al que han llegado las sociedades actuales, el grado de analfabetización en el que vivimos el día a día y, naturalmente, la pesadumbre que eso te arrastra es grandísima.
P.¿Sigue habiendo hoy espacio para los filósofos?
R.Pues seamos serios, cada vez menos. Por una razón elemental, la filosofía es sencillamente una lectura de segundo grado y una escritura, consecuentemente, de segundo grado. Cuando Platón habla de la segunda navegación, lo hace en el sentido propio. Yo siempre he sido partidario de la vieja tesis de Manuel Sacristán de que los estudios de filosofía fuesen unos estudios de posgrado, es decir, que únicamente aquellos que tuvieran ya una titulación académica, ya fuesen filólogos, matemáticos o historiadores, pudiesen dar ese segundo paso, esa segunda navegación.
P.Si tuviera que recomendar una sola idea o un solo libro para no dejarse arrastrar por la estupidez del ambiente, ¿cuál sería?
R.Una sola idea aprende griego. Aprender griego clásico es quizás lo único que te vaya a salvar la vida. Un solo libro, “La Ilíada”.
P.¿Hay algo de lo que se arrepiente intelectualmente? ¿Alguna postura, texto o apoyo que hoy no sostendría?
R.El que se arrepiente es doblemente miserable, primero por lo que hizo y después por arrepentirse de ello. Es una fórmula Baruch Spinoza que me parece de una inteligencia absoluta. Naturalmente que sé que me he equivocado, pero eso no implica forma de arrepentimiento alguno. Lo que implica es, naturalmente, saber que el conocimiento opera a través de errores
P. ¿Ve en la sociedad actual algún motivo para la esperanza colectiva?
R.Creo que un hombre libre no puede tener esperanzas como no puede tener miedo.
P.Dios, nación y religión son algunos de los temas más recurrentes en filosofía, ¿cree que el ser humano puede vivir sin grandes relatos o siempre acabamos inventando uno nuevo?
R.Los humanos siempre se construyen grandes arquetipos míticos. Eso precisamente Antonio Escohotado lo estudió maravillosamente. Esos arquetipos míticos sirven para sobrevivir, es decir, para poder representarte un universo dotado de sentido. La filosofía opera a partir del momento en el que pasamos a diseccionar esos grandes modelos legendarios, no porque pretendamos que eso deba ser abolido, sino porque tenemos que tratar de saber cómo funciona su génesis y por qué son imprescindibles para que podamos seguir respirando.
P.¿Se ha censurado alguna vez por el actual clima de cancelación, linchamiento digital o corrección política?
R.A ver, la cantidad de textos que uno inicia y que acaban en la papelera o que acaban perdidos en algún lugar del ordenador es inmensa. Aprendemos de los fracasos y hay que saber cuándo hay que tirar un texto. Eso no tiene absolutamente nada que ver con la autocensura, sino con el hecho de que el que escribe es un sujeto finito, no es un sujeto omnipotente que desde el momento en que empieza a hacer su texto lo tiene todo a la vista y no hace más que ser guiado por esa omnipotencia. Los pobres bichos que escribimos somos unos bichos tan limitados y tan inseguros como los de cualquier otro oficio. A mis alumnos que alguna vez me han planteado su interés por escribir o su vocación de escritor, siempre les he dicho lo mismo, no olviden nunca que no se escribe con el estilo gráfico, se escribe con la tijera y el texto habrá de pasar por esa cosa que es siempre necesariamente dolorosa que es la amputación, que en el caso del escritor es la autoamputación.
P.Gran parte de su vida la ha pasado a la docencia, ¿hay algo que le haya decepcionado profundamente de la evolución del sistema educativo?
R.Todo. Yo pienso que la catástrofe de la España contemporánea es el derrumbe de los primeros escalones docentes, de la enseñanza primaria y de la secundaria. Mire, yo vengo de una familia de maestros que ejercían en una época en la que ser maestro era considerado una dignidad extraordinaria. Pero llegó aquella maldita ley Villar Palasí, en los últimos años del franquismo, que decidió que llamar a alguien maestro era humillante y que había que llamarlo profesor de Educación General Básica. Ese señor era tonto. No se dio cuenta de que estaba sustituyendo una de las designaciones más cargadas de dignidad. Después, las enseñanzas medias han absolutamente trituradas. La enseñanza media actual es un basurero absoluto. Una cosa impresentable que solo sirve para almacenar a los alumnos durante los años de su adolescencia para que no molesten y que les priva del menor conocimiento.
P.No quiero terminar la entrevista sin preguntarle por la figura de Antonio Escohotado. ¿Qué recuerda de su legado?
R.Antonio fue un referente en demostrar que no están reñidos el rigor académico y la incidencia social, y en explicar que el rigor y la capacidad transformativa de la filosofía van unidos.
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