Intensidad extrema y abandono rural, las claves de la peor ola de incendios en Ourense

FORO LA REGIÓN

El Foro La Región reunió este miércoles a expertos para realizar un diagnóstico de lo ocurrido este verano en la provincia de Ourense

Publicado: 13 nov 2025 - 06:45 Actualizado: 13 nov 2025 - 12:29

La primera mesa redonda compuesta por Sandra Martínez, Xosé Bieito Rodríguez y Marcos Araújo.
La primera mesa redonda compuesta por Sandra Martínez, Xosé Bieito Rodríguez y Marcos Araújo. | José Paz

La provincia de Ourense continúa afrontando su resaca más difícil. Tras un verano que superó todas las barreras de la memoria y la estadística, con una ola de incendios que calcinó más de 100.000 hectáreas en el territorio, llega el momento de analizar qué ocurrió y cómo afrontar el futuro para que la tragedia no vuelva a sacudir a los ourensanos. El Foro La Región reunió este miércoles en el Centro Integral de Loita contra o Lume de Toén a los máximos responsables y técnicos de la lucha contra el fuego para diagnosticar la situación de una provincia que, como coincidieron los expertos, ya no se enfrenta a los incendios de antes, sino a un nuevo paradigma de fuego mucho más veloz, intenso e imparable que pone en jaque a la sociedad.

La primera en tomar la palabra fue Sandra Martínez, jefa del servicio de prevención de incendios, quien definió la magnitud de la crisis vivida. Martínez recordó que aunque el año 1989 ostenta el récord de superficie quemada, los incendios de 2025 “foron peores”. La razón es clara: “Non tivemos un impacto tan grande en vilas e aldeas no 89 como o que tivemos no 2025”. La provincia vivió una “tempada de incendios que durou 31 días consecutivos”, con fuegos de hasta 30.000 hectáreas que obligaron a activar la “situación operativa de Nivel 2 en toda a provincia, algo sen precedentes”. Ante esta situación, aseguró, “ningunha outra unidade de extinción de incendios do mundo podería estar equipada para facer fronte”. La prioridad absoluta fue salvar vidas: “No momento en que unha poboación está en risco, todo o plan forestal convértese nunha prioridade secundaria”.

Xosé Bieito Rodríguez, agente ambiental de la Udex, profundizó en los factores técnicos que hicieron ingobernable la situación. Explicó que la capacidad de extinción se sitúa en unos 10.000 kilovatios por metro, pero este verano se registraron fuegos con “intensidades lineais que ás veces chegan aos 60.000 kilovatios por metro”. A partir de ese umbral, “xa non é só unha cuestión de medios; pode converterse nunha cuestión de estratexia”. A esta intensidad se sumó la simultaneidad provocada. “Estamos sometidos a moita presión cando temos moitos incidentes simultáneos”.

Cerrando la primera mesa, Marcos Araújo, gerente de la Axega, explicó cómo el cambio social ha complicado la gestión de las emergencias. “Ese modelo social cambiou dun modelo rural a un modelo máis urbano”, y donde antes había huertas y pastos que servían de cortafuegos naturales, ahora “o bosque é escaso”. Esto provoca que los fuegos “practicamente se converten en incendios de interfaz” , obligando a desplegar servicios de protección civil para proteger infraestructuras críticas y viviendas. Pese a todo, alabó la “gran vontade por parte de todos os servizos operativos” ante un “problema social e global”.

Prevención y recuperación

La segunda mesa, centrada en la prevención, la abrió David Prieto, subdirector de prevención de incendios. Prieto recordó que el objetivo no es solo reducir el número de fuegos, sino “atenuar as consecuencias”, pero que es una “responsabilidade compartida”. Cuestionó el dicho de que los incendios se apagan en invierno: “Desafortunadamente, temos que apagar incendios no inverno, na primavera...”. Sobre por qué siempre arden las mismas zonas, como Monterrei o Valdeorras, fue directo: “Non somos conscientes de que o lume é malo”. Y recordó que si el 98% del monte es privado, “todos compartimos algunha responsabilidade”.

David Prieto, subdirector de prevención de incendios forestales; Luisa Piñeiro, directora-gerente de Seaga, y Cristina Fernández Filgueira, del CSIC, ponentes de la segunda mesa redonda.
David Prieto, subdirector de prevención de incendios forestales; Luisa Piñeiro, directora-gerente de Seaga, y Cristina Fernández Filgueira, del CSIC, ponentes de la segunda mesa redonda. | José Paz

Luisa Piñeiro, directora-gerente de Seaga, centró su intervención en la gestión de la biomasa en las “franxas secundarias”. Piñeiro lanzó una pregunta clave, lamentando la baja adhesión de los concellos: “Non entendo por que non todos os concellos están abertos a firmar o convenio”. Detalló que el mismo es “completamente gratuíto” y ofrece a los concellos ayuda técnica, gestión de notificaciones a propietarios e incluso la “execución subsidiaria”, clave para los graves problemas de limpieza de fincas sin dueño conocido.

Cerró el foro Cristina Fernández Filgueira, del CSIC, aportando la visión científica. Pidió “evitar primeiro facer unha análise catastrófica cada vez que hai un incendio”. Explicó que el fuego “non causa danos homoxéneos” y que, por tanto, “só precisamos levar a cabo unha restauración adaptativa en determinadas zonas”, ya que una restauración total “no es necesario desde un punto de vista ecolóxico”. El problema de fondo, diagnosticó, es la “desconexión total entre o mundo rural e o urbano” y la pérdida de la “cultura rural”.

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