Juan Carlos Alonso: "Casi un siglo después, todavía hay miedo en las aldeas a hablar de los maquis"
FORO LA REGIÓN 2026
El escritor barcelonés Juan Carlos Alonso presenta en el Foro La Región su libro “El último maqui. Vida y leyenda de Mario de Langullo”
Juan Carlos Alonso (Barcelona, 1972), ingeniero técnico en Informática de Gestión, protagoniza la cita del Foro La Región del próximo jueves para presentar su obra “El último maqui. Vida y leyenda de Mario de Langullo”. El autor profundiza en la historia del guerrillero antifranquista Mario Rodríguez Losada, conocido como “Mario de Langullo”, quien permaneció huido en los montes gallegos durante más de 32 años.
Pregunta. ¿Qué le llevó a dedicar más de 25 años a estudiar la figura de Mario de Langullo? ¿Cuándo se cruzó por primera vez en su vida?
Respuesta. Se cruzó en un lejano año 86, hace casi 40 años. Yo resido en Barcelona, pero en verano siempre nos desplazamos a Galicia, concretamente a Vilarellos, una aldea del concello de Castro Caldelas. Al llegar allí, la gente mayor siempre hablaba de Mario; unos contaban atrocidades y otros bondades. Fue entonces cuando empezó a anidar el gusanillo sobre un personaje que había estado muchísimos años huido. Con el devenir del tiempo averigüé la cifra exacta: 32 años, un mes y cinco días. Un total de 11.723 días con sus noches. Los últimos años antes de huir a Francia, el 29 de agosto de 1968, los pasó precisamente allí, en la famosa “Cova do Mario”, que es perfectamente visitable. Al descubrir que había pasado las de Caín en el monte y que tuvo una vida al límite que no viviríamos ni en diez vidas, me dije que tenía que visibilizar esa epopeya. Es una historia de lucha, supervivencia, amor y vida, pero también de muerte, pues en el monte ocurrieron 15 asesinatos.
P. ¿Cuál ha sido el testimonio más difícil de conseguir? ¿Sigue existiendo miedo a hablar tanto tiempo después?
R. La entrevista más singular y definitiva fue la que hice el 30 de julio de 2024 en el Langullo natal de Mario con su única hija reconocida, Albina Nogueira Rodríguez. Llevaba tiempo intentando localizarla y supe que pasaba los veranos en la aldea. Estuvimos cuatro horas hablando. Ella me contó muchísimos detalles inéditos de la vida de su padre, ya que convivieron en Madrid una vez murió Franco y Mario retornó de Francia. Fue la pieza clave para completar esta terrible historia. Respecto al miedo, sí, todavía existe. He hablado con gente que supera los 80 años y que, casi un siglo después del inicio de la Guerra Civil, sigue teniendo reticencias. Muchas confesiones me las hacían en “petit comité”, pidiéndome que no las contara en el libro o temiendo consecuencias. Es algo intrínseco al paisaje de la aldea, a la soledad y la quietud, ajeno al bullicio de la ciudad. Aún hay resistencia a recordar aquellos tiempos de ignominia donde los hombres eran capaces de lo mejor y de lo peor.
P. Después de tanto tiempo investigando, ¿cómo definiría a Mario Rodríguez Losada? ¿Héroe, víctima o superviviente?
R. Es complejo juzgar desde la distancia. Yo siempre lo ciño al contexto de una trinchera infinita que dividió España en dos bandos, algo similar al terror de la Revolución Francesa. Mario fue, en mayúsculas, “El Hijo de la Montaña”. Un superviviente nato que nunca tuvo miedo a nada. Su historia no se entiende sin su desconfianza; era un escapado que cambiaba de ubicación cada dos o tres días. Es una historia de resistencia marcada por hechos terribles, como el fusilamiento de su padre el 10 de abril de 1937 en el puente sobre el Bibei o las palizas a su madre. Pero, por contra, en el monte también se cometieron atrocidades contra el clero y contra falangistas. Para mí, esos paisajes verdes y hermosos de Galicia se convirtieron para él en un “vallis carceris”, un valle que era una cárcel.
P. Ha optado por el formato de biografía novelada. ¿Dónde está la línea entre la realidad rigurosa y la ficción?
R. Era importante hacerlo novelado para transmitir la sensación de urgencia, horror y espanto, algo que el dato frío no consigue. Pero tenía claro, independientemente de mis creencias, que debía reflejar lo que sucedió tal cual, sin tapujos. Si a su madre le reventaron el hígado de una patada, había que contarlo. Si el 17 de marzo de 1941 asesinaron al cura de Cesuris y posteriormente Bernardino García, un huido compañero de Mario, regresó para cortarle la cabeza y pasearla por las aldeas de Manzaneda, había que contarlo. Si en un atraco en Gándara hubo cinco víctimas, incluido un monje benedictino, también. Para saber hacia dónde vamos, hemos de saber de dónde venimos, y para ello es fundamental narrar los hechos con toda su crudeza.
P. ¿Qué mitos o leyendas negras ha tenido que desmentir en el libro?
R. La leyenda de Mario, como muchas cosas en Galicia, a veces se magnifica. Tuve que desmentir bulos como que asistió al entierro de su padre vestido de cura; siendo un hombre de 1,83 metros para la época y llevando siempre sombrero, habría sido imposible no ser descubierto. Pero la gran incógnita que me queda, y que nadie podrá resolver, es por qué nunca se vengó. Mario tenía perfectamente localizados a los falangistas de Manzaneda y A Pobra de Trives que mataron a su padre y acosaron a su madre. Sin embargo, pese a ser un hombre de acción, armado y echado hacia delante, nunca tomó represalias contra ellos. Es la gran duda: ¿Por qué un hombre que con 16 años se fue solo a trabajar a Bilbao, que pisó la cárcel con 18 y sobrevivió a condiciones extremas en el monte, no ejecutó esa venganza teniendo a los culpables identificados? En su historial hay 15 asesinatos documentados, pero esos verdugos concretos quedaron impunes. Quizá estaban demasiado protegidos o quizá hubo razones que se llevó a la tumba.
P. Para las nuevas generaciones, una historia de resistencia en el monte puede sonar a ciencia ficción. ¿Qué lección deja la vida de Mario hoy?
R. Hay una frase que utilizo y que resume bien el aprendizaje: “Es malo sufrir, pero es bueno haber sufrido”. Hoy, gran parte de la juventud vive en una burbuja de aparente felicidad donde los problemas no existen, pero la realidad es que los problemas acaban llegando. El mérito no es encontrarlos, sino saber afrontarlos. La vida de Mario fue una existencia al límite que no tiene sentido extrapolar literalmente a nuestros días, pero sí su capacidad de resiliencia. Vivimos en una sociedad frágil; un catedrático me comentaba recientemente que las carreras con más salida son Psicología y Fisioterapia porque todo el mundo necesita ayuda mental o física. No estamos preparados para el sufrimiento. Obviamente, no pido que los jóvenes se echen al monte, pero sí que sean conscientes de que la vida no es solo confort y tecnología. La biografía de Mario es un recordatorio brutal de que la vida es una sucesión de experiencias, y no todas son buenas.
P. Si Mario de Langullo pudiera leer su libro hoy, ¿qué cree que le diría?
R. Me gustaría pensar que me daría un abrazo y me diría simplemente: “Gracias por reflejar aquellos tiempos de cataclismos donde España se partió en dos y donde los españoles nos enfrentamos a muerte”. Solo eso.
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