Miguel Ángel Aguilar en Ourense: "El régimen siguió fusilando hasta su final para mantener el prestigio del terror”

FORO LA REGIÓN

El veterano periodista, Miguel Ángel Aguilar, presentó en el Foro La Región su crónica sobre los últimos días de Franco.

Maribel Outeiriño presenta a Miguel Ángel Aguilar en el Foro La Región.
Maribel Outeiriño presenta a Miguel Ángel Aguilar en el Foro La Región. | Xesús Fariñas

Miguel Ángel Aguilar, testigo de excepción y cronista incombustible, convirtió este miércoles el Centro Cultural Marcos Valcárcel en un aula de memoria histórica. El protagonista del Foro La Región diseccionó con su afilada ironía los días en los que España contenía el aliento ante el inminente final del franquismo.

El veterano periodista presentó su obra “No había costumbre. Crónica de la muerte de Franco”, ofreciendo un relato desmitificador sobre cómo un país entero aprendió a transitar del miedo a la democracia sin manual de instrucciones, gestionando el vacío de poder ante la desaparición física del dictador y la incertidumbre de lo que él llama la “prórroga cruel” del régimen.

La encargada de presentar al invitado fue Maribel Outeiriño, periodista de La Región y compañera de generación de Aguilar, con quien compartió aquellos años de “periodismo voluntarioso” en los que la profesión vivió un auge extraordinario. Outeiriño, licenciada también en Filosofía, destacó la faceta polifacética de Aguilar, recordando que ha sido desde reportero de calle hasta director de la Agencia EFE. “Una de las condiciones más importantes para un periodista es la curiosidad, algo que no se debe perder nunca, y Miguel Ángel la mantiene intacta”, señaló Outeiriño.

La presentadora subrayó cómo, a pesar de haber sido procesado nueve veces por la justicia de la época, Aguilar supo navegar aquellos tiempos convulsos donde “todos traíamos nuestros estudios, pero la profesión se convirtió en nuestro modo de vida”.

Público asistente a la ponencia en el Centro Cultural Marcos Valcárcel.
Público asistente a la ponencia en el Centro Cultural Marcos Valcárcel. | Xesús Fariñas

Noticias en los bares

Aguilar inició su relato evocando la figura de Onésimo, el ilustrador del diario Madrid, quien solía advertirles con voz cazallera: “Las noticias no vienen a la redacción, las noticias están en los bares”. Siguiendo esa máxima, el periodista explicó cómo la prensa debía buscar la información sobre la salud de Franco en los locales cercanos a El Pardo, ante el hermetismo oficial. “Nos comportamos como si hubiera costumbre, sin dar ningún síntoma de alteración”, señaló Aguilar, describiendo la normalidad impostada con la que los cronistas afrontaban un hecho histórico sin precedentes.

El ponente arrancó las carcajadas del público al narrar el episodio del Consejo de Ministros en el Pazo de Meirás en 1974. Aguilar contó cómo, para cobrar unas dietas de 10.000 pesetas que ofrecía el Gobierno Civil a los periodistas desplazados, él y su compañero Pepe Oneto decidieron firmar con nombres falsos en el recibí para no dejar rastro de haber aceptado dinero del régimen. “Pepe puso Luis Mariano y yo puse Luis Apóstol”, relató con humor, añadiendo que finalmente gastaron ese dinero en una cena porque les parecía “deshonroso” quedárselo.

La prórroga cruel de la dictadura franquista

Miguel Ángel Aguilar sobrecogió a los presentes al explicar la lógica fría detrás de las últimas ejecuciones del franquismo en septiembre de 1975. El periodista aseguró que el régimen no fusilaba por inercia, sino de forma calculada para mantener lo que denominó “el prestigio del terror”. Según su análisis, aquellas muertes buscaban enviar un mensaje de fortaleza interna para demostrar que la dictadura no se estaba descomponiendo ni dudaba, pese a la condena internacional encabezada por el Vaticano.

La alfombra de Franco

Ya en un tono más solemne, Aguilar abordó los momentos finales de la vida del dictador y el caos organizativo que imperaba en el entorno de El Pardo. Reveló detalles esperpénticos sobre el traslado de Franco al hospital de La Paz, una operación que se hizo de manera improvisada y precaria. Según relató el periodista, la camilla no cabía por las escaleras de la residencia, por lo que tuvieron que bajar al Caudillo “envuelto en una alfombra” para poder ingresarlo de urgencia.

El cronista también analizó la influencia de la Revolución de los Claveles en la mentalidad de los aperturistas españoles. Según Aguilar, la caída de la dictadura portuguesa fue determinante para que el sector moderado del franquismo comprendiera que el inmovilismo era un suicidio político. “Se dieron cuenta de que más vale promover la reforma que padecer la revolución”, sentenció, explicando así el motor que impulsó la Ley para la Reforma Política y el desmantelamiento pacífico del régimen.

Para cerrar, Aguilar expuso su teoría de la “gravitación informativa”, donde la noticia es proporcional a su improbabilidad, ilustrándola con el célebre descuido de la reina Isabel II ante el viento. El cronista concluyó recordando la misa de Tarancón siete días después del 20-N, donde el respaldo de líderes democráticos internacionales mostró a Juan Carlos I que su supervivencia pasaba por la reforma, alejándose de un régimen que ya había perdido el tren de la modernidad.

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