Rodolfo Martín Villa, ex ministro de la Gobernación y de Administración Territorial: “La transición solo ha tenido un enemigo, que ha sido el terrorismo2
ENTREVISTA
Rodolfo Martín Villa (Santa María del Páramo, León, 1934) tuvo el privilegio de tener un asiento en primera fila durante los hechos acontecidos durante la Transición, donde desempeñó el cargo de ministro de la Gobernación bajo la presidencia de Adolfo Suárez y la cartera de Administración Territorial con Calvo Sotelo. Una posición desde la que tuvo que llevar las fuerzas de seguridad de una dictadura hasta la gestión civil y democrática.
El próximo 16 de abril visitará Ourense para participar en el Foro La Región, donde recordará aquellos convulsos años en una conferencia titulada “De la guerra que perdimos todos a la Transición que todos ganan”, donde hablará de su biografía.
Pregunta. Viene a hablarnos de ese momento histórico que fue la Transición. ¿Cómo va a articular esa conferencia?
Respuesta. Siempre se dice que cuando los historiadores estudian lo próximo, además de historiar, hacen política. Cuando se le pide a alguien que ha tenido una cierta responsabilidad en la Transición hablar de la Transición, seguramente habrá parcialidades, pero es mi forma de ver las cosas. Yo creo que fue una etapa ciertamente ejemplar en la Historia de España, que ha tenido como en todos los países etapas no ejemplares, en la que los españoles pusimos a disposición -los políticos y los no políticos- lo mejor de nuestras virtudes. Ese título, “desde la guerra que perdimos todos hasta la Transición que ganamos todos” creo que es cierto.
R. Y un poco la añoranza de que, estando la política como está, yo preferiría que en la política de ahora la gente se comportara como hijos de la Transición que ganamos todos y no como nietos de una guerra que la perdimos todos.
P. ¿Es fácil transmitir lo que significaba vivir en una dictadura y lo delicado que fue el proceso?
R. Yo creo que en la política y en la vida en general, lo difícil es lo que queda por hacer. Y hemos de decir que tuvimos dificultades para pasar del Régimen nacido con la victoria de los victoriosos en la Guerra Civil a un régimen impecablemente democrático.
R. Pero también es verdad que en aquel momento, aunque el sistema no era democrático, la verdad es que en España casi todo era abierto y moderno excepto el régimen político. Y eso también facilitó no poco las cosas.
P. ¿Cree que se ha perdido un poco ese espíritu?
R. Eso ya es meterme en la política actual un poco, y yo comprendo que eso ya es arqueología y por lo tanto tampoco me quiero meter mucho. Pero un poco de añoranza de aquellos tiempos sí que tengo.
P. ¿Y qué es lo que añora y qué le gustaría traerse hasta 2026?
R. Creo que habría que recuperar los modos, las maneras. Me parece que fue Felipe González el que dijo que en el funcionamiento de, por ejemplo, las Cámaras, lo que habría que suprimir son las broncas. Bueno, pues eso de alguna manera es una forma muy expresiva de decir lo que no es bueno.
R. Y, sin embargo, aquí hay muchas cosas que hacer en las que, sobre todo lo que representan los dos grandes partidos nacionales, Partido Popular y Partido Socialista, tienen, o pueden tener, muchos puntos comunes que hay que resolver. Y que den esa sensación de entendimiento en lo que debemos entendernos y de discrepancia en lo que tenemos que discrepar.
P. ¿Hubo algún momento que pensó que podía descarrilar todo?
R. Hubo un momento, lo he dicho, lo he escrito e insistido: la última semana de enero de 1977. Consta que ya se había producido la Ley para la Reforma Política entre las Cortes, en la que las Cortes franquistas abren el camino para que haya unas elecciones representativas y democráticas y, por lo tanto, tengamos la Constitución que tuvimos.
R. La Transición, en todo caso, solo ha tenido un enemigo, que ha sido el terrorismo. En esa última semana de enero teníamos a dos secuestrados, dos personajes muy importantes como eran el Presidente del Consejo de Estado y el Presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. Teníamos atentados, fundamentalmente de ETA, pero también de los Grapo y algunos otros grupos. Todo esto lo coronó al cien por cien la barbarie del atentado contra los abogados laboralistas de Atocha.
R. Yo en ese momento era el Ministro de la Gobernación -luego llamado de Interior-, y el responsable político de la actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y, en definitiva, de la propia seguridad ciudadana. Por esos días -podían ser el 24 o 25 de enero- sí que temí por la situación. No más que esos días, vaya por delante. Ya a comienzos de febrero, se pudo descubrir a los responsables de los secuestros y liberar a los secuestrados. A partir de ahí, todo discurrió con una cierta normalidad.
P. ¿Contaba con poder ver usted el fin del terrorismo?
R. Siempre es fácil en política y en la vida confundir los pronósticos con los deseos. Y era el pronóstico, porque así lo deseábamos, que aparecida o alumbrada la democracia no hubiera ninguna razón para la actuación del terrorismo. Ese era un planteamiento en el que más o menos creímos todos. Bueno, pues hubo democracia, hubo Constitución y hubo terrorismo.
P. 50 años después de ese momento, ¿reconoce el país?
R. Recuerdo que hace unos años me invitaron a hablar con motivo del 75 aniversario de la fundación de mi Colegio Mayor. Hablé, fundamentalmente, de aquella época. El auditorio eran los estudiantes del Colegio Mayor de hace dos años o tres años, sus familias y todo, y por lo tanto eran claramente ya gentes de la Transición nacidos todos después de la muerte de Franco.
R. Creo que el cambio fundamental es el que se inicia tras la muerte de Franco y sobre todo la Ley para la Reforma Política que alumbra unas Cámaras impecablemente representativas, que a su vez son las Cámaras que acuerdan la Constitución, que la proponen al pueblo español y tenemos Constitución desde finales del 78. Ese es el gran cambio político.
R. Insisto en que siempre lo difícil es lo que queda por hacer. ¿Qué veo yo? Pues un poco, no digo por culpa de las dos leyes -una de la Ley de Memoria Histórica y otra de la Ley de Memoria Democrática- sean los culpables. Pero sí alrededor de esas dos leyes se han alumbrado expectativas que luego en la realidad no se han cumplido y que han puesto un poco en peligro la buena salud que tenía la Transición. Yo creo que la Transición sigue teniendo, mayoritariamente -a lo mejor me equivoco en el análisis-, buena salud en la sociedad española.
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