Las residencias de Galicia mantienen las medidas que implantó el covid
HUELLAS DE LA PANDEMIA
Unidades de convivencia, canales de comunicación y mascarillas, entre las mejoras incorporadas en las residencias de Galicia
La pandemia de covid-19 que asoló el mundo hace cinco años se cebó especialmente con los más vulnerables, los ancianos usuarios de residencias de mayores, que tuvieron que hacer frente a una situación inédita con medidas de emergencia, como aislamientos, mascarillas y unidades de convivencia, algunas de las cuales se han revelado como armas positivas en la gestión a largo plazo que, por tanto, se mantienen incluso tras el fin de la emergencia sanitaria.
De entre ellas, responsables de las residencias privadas apuntan especialmente a dos: las mascarillas en momentos de circulación de virus estacionales y la sectorización y creación de unidades de convivencia, reduciendo los grupos en contacto habitual para frenar posibles contagios. A esto se suma la mejora en los canales de comunicación con las familias, reforzados desde la pandemia.
Así lo apuntaron Carlos Dosil y Óscar Neira, presidente y vicepresidente de la Asociación Galega do Sector da Dependencia (Agasede), que agrupa a las empresas dedicadas a este tipo de servicios en Galicia.
De entre las medidas que las residencias utilizaron desde la irrupción de la covid, los representantes de Agasede destacan las mascarillas, “que se utilizaron un par de años de modo constante” y que aún a día de hoy “reaparecen cuando alguien del personal está resfriado o tiene algún tipo de síntoma”.
Además de los trabajadores, destacan que las familias “también tienen un mayor nivel de concienciación y ante picos de infecciones respiratorias es frecuente ver visitantes con mascarilla”.
Unidades de convivencia
Por otra parte, los expertos apuntaron que también se mantiene en buena parte de las residencias la sectorización y la creación de unidades de convivencia, “con la finalidad de que un grupo reducido de usuarios compartan comedor y sala”. La iniciativa, ideada para no propagar los contagios en el conjunto de los usuarios, se demostró útil “para mejorar la calidad de la atención”, por lo que “muchos centros han optado por mantenerla”. “Está claro que es más agradable comer en un comedor para 25 personas que para 100 personas”, señaló Carlos Dosil.
El último de los elementos que destacaron desde Agasede es la mejora en los canales de comunicación con las familias. “Se vio la importancia no solo de atender en situaciones de crisis, si no de informar y comunicar lo que se está haciendo”, destacaron, algo que “ha ayudado a gestionar otras situaciones de brotes como podrían ser los de sarna, cada vez más frecuentes”.
Los responsables de Agasede estimaron que los ratios de residencias para atención directa en Galicia actualmente son de 0,35 plazas por persona dependiente y 0,20 plazas por persona autónoma, a las que habría que sumar las plazas de gestión pública directa. En todo caso, recuerdan, los centros privados proporcionan una buena parte de sus plazas concertadas y también existen centros de iniciativa social.
Sobre la evolución de las plazas, se remiten a informes datados de 2019, estimando que “no existe mucha variación”, dado que “la covid paralizó muchos proyectos”.
En relación a la cuestión de las plazas, la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales emitió un informe con datos de 2023 en el que se reflejaba que Galicia tiene un déficit de 13.850 plazas residenciales para alcanzar la ratio de 5 por cada 100 personas mayores de 65 años.
Según el documento, que utiliza datos del Imserso, en Galicia había con fecha 2023 un total de 22.096 plazas residenciales para personas mayores, por debajo de los datos de 2012, cuando había casi 23.400, y también de 2016, año en el que se contabilizaban casi 22.550.
De ellas, estima la Asociación, 16.666 (75,4% del total) son de financiación pública (directa o vía concertación) y 5.430 (24,6%) de carácter exclusivamente privado.
Con estas cifras, la ratio estaría en unas 3,11 plazas por cada cien mayores de 65 años, medio punto menos que en el año 2012 y aún por debajo de la marca deseable de 5 por cada 100 mayores.
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