LA REVISTA
¿Blues y country folk clandestinos?
LA REVISTA
La Cata de los Vinos de Galicia de 2026 le concedió el Acio de Ouro al mejor blanco de Galicia a Cuñas Davia, el vino con el que comenzó su historia Adegas Valdavia con la cosecha de 2004. Una bodega de colleiteiro al frente de la que se encuentra Alberto Úbeda (Vigo, 1972), quien dejó su actividad profesional en el mundo de las telecomunicaciones para ponerse al frente de la bodega familiar hace 17 años.
Pregunta. ¿Cómo entró en el mundo del vino, aquí, en el Ribeiro?
Respuesta. Porque mi familia era del Ribeiro. Mi abuelo y mi padre eran de Esposende, mi abuela, de Cenlle. Las raíces de la familia materna están en Ribadavia y al final, aunque yo haya nacido y me haya criado en Vigo también soy parte del Ribeiro. El vínculo con esta tierra siempre ha estado e igualmente con la viticultura porque mi padre siempre hizo vino. Aunque estuvo destinado en muchos sitios, pero siempre a distancia las manejó y cuando tenía que coger vacaciones siempre era en vendimia y yo venía a ayudar a vendimiar, a embotellar y a lo que hiciera falta. Así que el vínculo siempre estuvo ahí.
P. A pesar de que su carrera profesional iba por otros derroteros, imagino.
R. Sí, porque yo estudié ingeniería industrial y mis primeros diez años de experiencia profesional fueron en el mundo de las telecomunicaciones, también en Vigo, aunque estuve un período en Mallorca. A finales de los noventa, primeros años de este siglo, mi padre, que ya estaba jubilado, había empezado a replantar todo el viñedo, haciendo la reconversión del mismo a variedades autóctonas. Y para dar continuidad a ese proyecto que había comenzado mi padre decidimos crear una sociedad, mi padre, mi hermana y yo para tratar de hacer de esto un negocio más serio de lo que había estado haciendo él hasta entonces. Esto ocurre en 2004, cuando yo estaba en Mallorca.
P. ¿Ahí ya nace la bodega?
R. Inicialmente, era más un voluntariado que realmente un proyecto profesional y en los primeros años me di cuenta de que este era un sector muy complicado, muy competitivo, que requería estar muy encima porque es un sector muy maduro, con muchísimas marcas y si no estás encima del mercado te barren. Así que en 2009 decidí tirarme a la piscina, dejar lo que estaba haciendo y centrarme en desarrollar este proyecto. La verdad es que me llenaba más esto que mi anterior profesión. De lo primero que me di cuenta es que no tenía la dimensión suficiente para hacerlo viable y me planteé un proyecto de crecimiento, pero siempre bajo la figura de colleiteiro.
P. ¿Por qué?
R. Porque para mí era importante mantener el control sobre lo que hacíamos, tener la capacidad de producir vinos exclusivamente con nuestra uva. Mi padre había heredado cuatro parcelas que estaban todas ellas en Cuñas, pero separadas unas de otras por unos centenares de metros y yo durante los últimos quince años me dediqué a comprar y a plantar todas esas parcelas que había entre las fincas de mi padre.
P. ¿Qué extensión de viñedo tenía la bodega cuando se constituyó y cuánto tiene ahora?
R. Mi padre había heredado aproximadamente una hectárea y media, luego compró otros tres mil metros así que cuando la tercera generación empezó a gestionar la bodega había 18.000 metros cuadrados y ahora estamos en siete hectáreas y media, con un 75 por ciento en producción.
P. ¿Fue complicado?
R. Muy complicado. Hablamos de cerca de ochenta parcelas. Hubo que localizar a propietarios. Algunos estaban fuera: Argentina, Uruguay… luego había que negociar, comprar, algunos firmaban por poderes, y ya finalmente, gestionar la plantación.
P. ¿Cuándo salió al mercado el primer vino de Adegas Valdavia?
R. El primero fue Cuñas Davia y salió a principios de 2005 con la cosecha de 2004. Fueron tres mil y pico botellas. En 2006 incorporamos el blanco fermentado en barrica y en 2007, el tinto. Mi padre siempre había elaborado tinto y, de hecho, en tiempos hacía más tinto que blanco. Siempre contaba que en el Ribeiro se decía que “los blancos de Gomariz y los tintos de Cuñas” y a fin de mantener esa tradición tenemos media hectárea plantada con variedades tintas.
P. De la helada de 2017 nació uno de sus vinos más exitosos, “A Xiada”
R. 2017 fue un año muy duro. Nunca vivimos momentos dulces de mercado, como los que hubo a principios de siglo, cuando había menos competencia y se vendía todo. La crisis de 2008 fue terrible y la cosa no se empieza a recuperar hasta 2015-16 y muy poco a poco. Y en el momento de empezar a sacar la cabeza llega la helada de 2017 que a nosotros nos barrió totalmente la cosecha.
P. Y usted hizo de necesidad virtud con aquel vino que tantos premios ganó.
R. Era un vino que hicimos con la cosecha que tuvimos de segunda brotación, con una uva mucho más concentrada y una vendimia un poco más tardía porque el ciclo tuvo que volver a empezar después de aquellas noches del 26 y 27 de abril. Fue un vino muy especial al que le hicimos una segunda “xiada” en bodega con nieve carbónica y la verdad es que salió un vino muy concentrado, muy redondo y que gustó mucho y que a día de hoy seguimos elaborando igual que en aquella cosecha, salvo que la uva ya no es de segunda brotación, afortunadamente.
P. Ha ganado muchos premios ¿Qué supone este Acio de ouro?
R. Muchísimo. Ser el vino blanco más puntuado entre más de cuatrocientas muestras y en Galicia, donde se elaboran los mejores blancos del mundo, yo no diría que es tocar el cielo, pero casi. Además, viene en un momento muy bueno para nosotros porque tenemos el proyecto ya cerrado y ahora crecer un poquito más para estar donde queríamos estar y este premio nos puede ayudar a crecer en un momento en el que la coyuntura es muy complicada porque el consumo de vino desciende y todos estamos preocupados por eso. Y no creo que sea solo un problema de cambio de hábitos de consumo sino también un problema económico porque el vino ya no es un producto de primera necesidad. Este reconocimiento nos ayuda a que ese remar contra corriente, en el que ya llevamos mucho tiempo se nos ponga la corriente un poco a favor para alcanzar nuestros objetivos.
P. ¿Cómo ve el enoturismo en el Ribeiro
R. El enoturismo es un proyecto que no puedes hacerlo solo. Tienes que estar en un destino. Y la conciencia de destino no la hacen solo las bodegas, se tienen que implicar todas las administraciones y articular lo necesario. Aquí tenemos un problema que es la atomización de organismos que no están coordinados entre sí. Me da mucha envidia la Ribeira Sacra que tiene un consorcio que aglutina todos esos intereses que aquí van cada uno por su lado, como es la ruta del vino, la mancomunidad, el geodestino.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último