Arte y motor, las pasiones de Beny Fernández
La Revista
El piloto de rallyes abre en Vigo un espacio en el que compartirá con el público sus recuerdos y una de las mejores colecciones privadas de arte que hay en Galicia
Los amantes del mundo del motor conocen sobradamente a Beny Fernández (Vigo, 1950), uno de los grandes pilotos gallegos de rally, que inició su andadura al final de la década de 1960 y alcanzó gran notoriedad en las siguientes décadas de 1970 y 1980, cuando cosechó la mayoría de sus títulos en los campeonatos de Galicia, de España y corrió en los campeonatos de Europa y del Mundo. Pero pocos saben que, además de su pasión por la competición y los automóviles, es un gran coleccionista de arte y buen conocedor de los movimientos de la vanguardia contemporánea, no solo en la plástica gallega, también en la nacional e internacional. No era raro encontrar colgadas por las paredes de sus concesionarios de automóviles cuadros de gran formato de artistas gallegos, como Tino Grandío, pero nunca hasta ahora se había decidido a compartir esa pasión, en primer lugar, con sus amigos, pero también con el público en general. Con ese objetivo puso en marcha hace unos días su “Espacio Beny”, donde conviven ambas pasiones, arte y automovilismo e incluso la gastronomía.
“Nació como un espacio de encuentro con los amigos”, explica Beny Fernández. “Un espacio de entretenimiento, en el que he ido reuniendo aquellos objetos que me vinculan con el mundo del automovilismo, como fotografías, trofeos, equipaciones con las que participé en carreras, una colección con todas las versiones en las que se fabricó el Porsche 911, en coches a escala. También un espacio en el que pretendo ir exponiendo una parte importante de mi colección de arte, e incluso propiciar la organización de exposiciones temporales de nuevos valores de la plástica gallega”.
“La diferencia con respecto a una sala de exposiciones -subraya el piloto- es que no pretendo que se convierta en un espacio público. Sigue siendo un espacio privado en el que hasta puedo organizar una comida de amigos, porque de hecho tiene cocina, o quedar con un grupo para tomar un vino mientras charlamos. Es mi espacio. Pero, al mismo tiempo, quiero compartirlo con el público dos días a la semana, los martes y viernes, de seis a nueve de la tarde”.
La apertura al público, esos dos días a la semana se realiza mediante cita previa, para grupos reducidos. Hay un teléfono de contacto, el 670 9095 60, a través del cual se conciertan las visitas a este singular espacio multidisciplinar que se encuentra en el número 27 de la calle Doctor Cadaval, de Vigo.
PASIÓN CRECIENTE POR EL ARTE
La pasión por el arte le llegó a Benigno Fernández de su tío Francisco Lavandeira, propietario de una histórica panadería de Vigo que se encontraba en el Paseo de Alfonso XII. “Él era un entusiasta de la pintura gallega y tenía una muy buena colección de obras de artistas gallegos contemporáneos. Mi colección comenzó con un cuadro de José María Barreiro que él me regaló el día de mi boda.”
Leopoldo Novoa, Laxeiro, Grandío, Jorge Castillo, Barreiro, Rafael Alonso, Darío Basso, Silveiro Rivas, Leiro, González Lagares… son los nombres de algunos pintores y escultores gallegos que nutren una colección privada que ya se cuenta entre las más relevantes de Galicia. “Empecé conociendo a algunos pintores gallegos, como Laxeiro, el propio Barreiro, del que hablábamos antes, y escultores y les fui comprando obra y haciéndome con una colección que fue creciendo en número, en variedad, y también en tamaño. Los más grandes, esos que suelen ser “formato museo”, yo los colgaba en las paredes de los concesionarios”. A medida que esa pasión fue creciendo, también fue expandiendo su interés hacia artistas de ámbito nacional. “Me atraía mucho el grupo El Paso y fui adquiriendo obra de algunos de sus miembros, como Viola, Feito, Millares…”
Como buena colección de arte, la de Beny Fernández es ecléctica. Hay figuración, abstracción, una amplia variedad de técnicas, en lo que a pintura se refiere, pero también en escultura, donde también están representados la mayor parte de los grandes escultores gallegos contemporáneos pero también las jóvenes figuras. “Tengo de todo, pero reconozco que, a medida que me fui adentrando en este maravilloso mundo del arte, fui sintiendo una mayor atracción por la abstracción”, confiesa Beny Fernández”. Pero eso no quita que le siga impactando el trabajo de hiperrealistas como Antonio López, o César Galicia, del que muestra orgulloso un óleo de una escena urbana neoyorquina que es buen ejemplo de su talla como hiperrealista.
UNA COLECCIÓN DINÁMICA
La mayor parte de su obra está guardada en un almacén y el “Espacio Beny” le permite moverla, organizar exposiciones, combinando pintura y escultura que compartirán las paredes y el espacio con los hitos de su carrera automovilística. Le preguntamos si vendería alguna de las obras que exponga: “Sí. Si alguien se siente interesado en alguna obra, claro que se la vendería. La mía es una colección dinámica. Me gusta el arte y me gusta seguir comprando arte y para eso, a veces tienes que vender. Forma parte de esta pasión”.
A su faceta de coleccionista Beny Fernández añade la de mecenas, que se concreta en el apoyo hacia los jóvenes valores. “Tengo en mente poner en marcha cada dos o tres meses una exposición doble, reuniendo al mismo tiempo las obras de un pintor y un escultor, para promocionar los jóvenes valores, para que tengan la oportunidad de exponer su obra y contar con un catálogo y alternar esas exposiciones, con las de obras de mi colección”.
EL VÍNCULO CON REVERTER
La relación entre Beny Fernández y Estanislao Reverter comenzó en 1973. “Yo estaba entrenándome para un rally en Asturias y coincidimos en un bar. Congeniamos enseguida y se ofreció para dejarme nada menos que un BMV 2002 TI para correr en el último rally de aquella temporada, que era el de la Costa del Sol. Empezó a dejarme ese coche para varios rallyes, luego otros coches más grandes y cada vez nuestra vinculación fue mayor. Para mí fue una etapa fantástica”.
De Reverter, Beny recuerda que era un trabajador incansable. “Se levantaba a las cuatro de la mañana y se acostaba a las doce de la noche y tenía una capacidad asombrosa para todo y tenía unas ideas increíbles. Hacer lo que él hizo con el Alpinche es algo que, en aquel momento resultaba increíble. Porque meter en la carrocería de un Alpine la mecánica de un 911 no es una cosa fácil”.
“Me acuerdo, también -sigue contando Beny- que estaba obsesionado con reducir el peso al máximo. ahuecaba todo lo que podía, hasta las llaves del arranque para ganar hasta el último gramo. Incluso buscaba siempre que los copilotos pesasen poco”. Rodeados de los cuadros de su colección y de los objetos que le acompañaron en su trayectoria como piloto, le pregunto por el primer coche con el que corrió un rallye: “Fue un Seat 850 coupé, en 1969”. Con el equipo Seat correría a finales de la década de 1970, con un 131 Abarth, pero antes lo había hecho ya con un 1430, un Mini Cooper y con el Alpinche de Reverter. En la década de 1980 comienza su vínculo con Porsche, corriendo con un 911 hasta 1985, que empieza a correr con Opel, firma con la que acaba su carrera deportiva.
Pero su pasión por los Porsche irá más allá de la competición y representa a la firma en Galicia convirtiendo su concesionario en uno de los mejores de España. Sigue siendo un amante de los Porsche y de los Saab, marca que también tuvo en concesión en Vigo. Y aunque ya está retirado del mundo del negocio del automóvil, sigue siendo siendo una autoridad en la materia a la que a veces recurren compradores y marcas para que les asesore. “Mantengo el vínculo con algunas marcas como Benthley, Maserati... y les asesoro cuando realizan actividades comerciales o de presentación de modelos aquí en Galicia”.
Pero Benigno, Beny Fernandez nunca olvida sus orígenes panaderos, de los que se siente especialmente orgulloso. Quien esto escribe todavía le recuerda despachando en su panadería de la calle García Barbón hace más de veinte años y él también se acuerda de esa etapa en la que siguió la tradición familiar y abrió una cadena de panaderías en Vigo que inició la línea de los panes gourmet décadas antes de que esa actividad se convirtiese en una moda.
El mundo del automóvil y el arte fueron siempre sus pasiones y ahora tiene un espacio para compartirlas.
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