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The Blues Moonshiners actuará el 6 de agosto en el Museo do Viño de Galicia, en Ribadavia (Ourense), en la sexta edición del ciclo de conciertos “Cata Sonora”, con una propuesta singular. Se trata de una banda que, oriunda de O Porriño, fusiona el blues y la música country-folk evocando la tradición de los moonshiners, esto es, los destiladores clandestinos americanos que, en la profundidad del bosque y bajo la luz de la luna, contaban su historia de vida acompañados por una washboard guitar o adaptada tabla de lavar, la armónica y la percusión improvisada con cucharas y demás elementos domésticos. En el marco de lo que es una apuesta por el maridaje entre la buena música y el enoturismo en la comarca del Ribeiro, “habrá una conexión muy cercana con un público que se dejará sorprender”, según anticipa Jay Doe, admirador de iconos del blues y el country-folk como Robert Johnson, Son House, Big Bill Broonzy o Muddy Waters y guitarra y voz del combo que completan Ramón Figui, en armónica, y Fran Trilli, en percusión.
Pregunta. ¿Cómo se le ocurrió a un gallego de O Porriño no ya hacer blues y country-folk sino evocar estos ritmos remontándose a los legendarios destiladores clandestinos de whisky de la América profunda?
Respuesta. Todo empezó por la fascinación por esa forma de entender la música. El blues no nació en grandes escenarios sino en los campos, en los porches de madera, en las tabernas, como modo de la gente de contar su vida. Y los moonshiners, escondidos en las montañas, a la luz de la luna, representaban ese espíritu libre y humilde del blues. No pretendemos disfrazarnos de americanos ni hacer una recreación histórica sino rendir homenaje a una forma de vivir la música. Somos tres gallegos interpretando canciones que tienen casi un siglo de historia desde el máximo respeto y con nuestra propia personalidad. Al final, aunque nos separen miles de kilómetros, el mundo rural gallego también conoce el trabajo duro, la tradición y las reuniones alrededor de una guitarra.
P. ¿Cómo recibe el público tan singular propuesta?
R. La reacción suele ser muy positiva porque mucha gente llega pensando que va a escuchar un concierto de blues al uso y se encuentra con algo distinto. No sólo interpretamos canciones; intentamos contar historias y crear una atmósfera que recuerda a los viejos juke joints del sur de Estados Unidos. La emoción no entiende de etiquetas musicales.
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