LA REVISTA
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Hay series de televisión cuyos títulos están grabados en lo más profundo del subconsciente de toda una generación. Seguramente para los más jóvenes el título de “Hombre rico, hombre pobre” no supondrá nada. Para los más viejos del lugar, aquellos que en 1976, año en el que la serie llegó a España tenían, entonces, entre 15 y 40 años, aquella serie marcó un antes y un después en el modo que teníamos de ver la televisión. Fue una de las producciones que coincidió con la llegada de la democracia en España.
En ese aspecto, la serie boquiabierto a más de un telespectador cuando uno de los pechos desnudos de Susan Blakely (la actriz que encarnaba al personaje femenino protagonista, Julie Prescott) se dejaba ver fugazmente en la penumbra del dormitorio.
“Hombre rico, hombre pobre” abrió las puertas a una exitosa fórmula que amortizaron producciones posteriores como “Norte y Sur” y, sobre todo, “Raíces”, la del inolvidable esclavo Kunta Kinte.
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