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Pianista, director de orquesta, musicólogo y pedagogo musical, Maximino Zumalave podría sumar a su currículum el título de Biólogo, carrera que estudió pero nunca ejerció porque, por encima de todo, la música fue su gran pasión desde la infancia y a ella se entrega en cuerpo y alma. Acaba de cumplir 65 años, una edad que supone la frontera de la jubilación para muchas profesiones. En su caso, sin embargo, representa la entrada en período de plenitud, como uno de los valores más sólidos de la música en Galicia y en España.
1. ¿Cuándo empezó a sentir una inquietud especial por la música?
Fue al escuchar a los niños del coro de la catedral en el Pazo del Faramello. Era un cinco de agosto, y cantaban porque se celebraba allí el día de la Virgen de las Nieves. Yo creo que hasta había ido el cardenal Quiroga Palacios. Aquello me gustó mucho y yo quise también formar parte. Me hicieron una prueba de voz en la catedral y entré en la escolanía. En mi segundo año llegó don Mariano Pérez Gutiérrez, como maestro de capilla y para mí, sin ser consciente en aquel momento de lo que tenía delante, fue cuando tuve contacto con el milagro de la creación musical. Porque iba a su casa, que estaba en el segundo piso del Palacio de Rajoi, y veía sobre el piano un borrador y unos días más tarde, aquel borrador estaba copiado a limpio, se ensayaba y sonaba muy bien.
2. Y luego añadió el piano.
Sí. Tenía un profesor particular de piano que era don Ángel Brage. Su mala suerte, porque coincidió con la guerra civil y la imposibilidad de conseguir una plaza en el conservatorio de Madrid e iniciar así una gran carrera, fue muy buena para quienes como yo fuimos sus discípulos porque pudimos tener la fortuna de aprender con un brillante pianista.
3. ¿Por qué estudió biológicas?
Mis padres querían que, además de mis estudios musicales tuviese una carrera universitaria. Y aunque a la mitad de carrera ya me decían, “si quieres déjalo”, porque se daban cuenta de que mi verdadero interés estaba en la música. Pero yo quise terminarla y realicé la especialidad en biología marina. Y en los últimos años de la especialidad ya estaba trabajando como director asistente del coro de la catedral. Mantengo contacto incluso con alguno de los profesores que tuve, pero mi vínculo con la biología acabó en el momento en el que recibí el título.
4. Su vínculo con la universidad también fue musical, ¿no es así?
Desde el último año de la carrera, empecé con el coro de la Universidad, que dirigí hasta 1985, mientras proseguía mis estudios musicales, en mi última etapa en Madrid, hasta que me fui a Stuttgart.
5. Usted fue uno de los principales artífices de la creación de la real filharmonía de galicia, ¿cómo se fraguó?
Había muchas circunstancias que concurrieron. Por una parte, la intención de que Galicia contase con una orquesta, se barajaba ya en la década de 1980, con Fernández Albor en la presidencia de la Xunta. En el caso de Santiago, se sumaba la existencia de un alcalde, que era Xerardo Estévez, que era un auténtico melómano. Por otra parte, existía un caldo de cultivo propiciado por un público joven que venía muy motivado por iniciativas como la que había desarrollado el padre López Calo, de manera que había una necesidad de disponer de una orquesta que garantizase una programación musical que no solo dependiese de la oferta de las agencias de promoción de eventos musicales. Pero además de esa faceta, tuviese también una faceta pedagógica en la que los músicos se convirtiesen en maestros de los futuros músicos gallegos.
6. ¿Cómo ve el nivel musical en Galicia, donde siempre hubo muchas bandas?
Creo que en Galicia tenemos muy buenas bandas de música, en villas, alrededor de agrupaciones culturales… salvo en Santiago y A Coruña, que se mantienen las bandas municipales, la mayoría son del ámbito rural, pero con un nivel, en general muy bueno. Lo que me llama la atención es, en cambio, cómo están reduciéndose las incorporaciones a los coros. No hay en el ámbito de la voz, esa afición que existe en el instrumental. Y eso que para aprender a cantar no hace falta comprar un instrumento. Y es algo que me preocupa, porque en Galicia, al igual que buenas bandas, también tenemos muy buenos coros.Pero yo iría más allá. Hay muy buenos intérpretes, muchos jóvenes talentos, algunos están triunfando ya en grandes orquestas internacionales.
7. Volviendo a la Real Filharmonía, que acaba de cumplir sus bodas de plata. ¿qué destacaría de estos veinticinco años de contribución a Galicia?
Yo destacaría el altísimo nivel musical que sin lugar a dudas ha contribuido también a elevar el nivel de exigencia del público, la apuesta por el estreno de obras de compositores gallegos, incluso la grabación de discos con esas obras y la proyección que le ha dado a Galicia desde el punto de vista musical.
8 ¿Y cuál cree que debería ser la asignatura pendiente para los próximos veinticinco años?
Una mejor coordinación entre instituciones para la programación se pueda extender para toda Galicia de una manera sistemática. Lo digo por la Real Filharmonía, la Sinfónica de Galicia, las agrupaciones de cámara... Porque ahora tenemos excelentes recursos y es una pena que no llegue a todos los gallegos. A lo mejor es tan sencillo como hacer algún programa menos y repetirlo en más sitios.
9. Algunas de sus giras como pianista fueron muy celebradas. Por ejemplo, en la que acompañó a Teresa Berganza. ¿Cómo es su relación con el piano, ahora?
Para los músicos, la música también es para tocar para nosotros mismos. Es algo en lo que reflexioné mucho durante estos meses de pandemia. Yo toco el piano todos los días, para encontrarme conmigo mismo en la música. Y todos los días toco a Bach.
Es el maestro ¿no?
Bach es Bach. No ha habido otro músico que haya tenido tanta influencia. Y no solo en los que lo siguieron. Incluso también en aquellos que están influidos por no querer seguirlo, que también es otra forma de influencia. Cada vez me parece más grande. En los meses de pandemia, me puse la disciplina adicional de escuchar todas las cantatas de Bach. Y como tuve la suerte de estudiar con Rilling, que es el gran intérprete de Bach y después con Gardiner, con otra visión pero también muy importante, por eso para mí es imprescindible todos los días tocar a Bach.
10.¿Compone?
Compuse algo durante mi época del coro de la Universidad de Santiago, sobre poemas de Rosalía de Miguel Hernández y tiempo después, la orquestación del Himno Gallego. Pero no soy compositor. Siento mucho pudor. De la música de un autor descubres mucha intimidad y me daría vergüenza.
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