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Se acerca el clímax del Entroido, el ciclo festivo por excelencia, el más popular en todos los sentidos: es el que capta más interés y es el que ha conseguido un mayor arraigo popular, apegado a cada territorio y a sus vecinos, con unas características que le confieren en cada pueblo, a veces incluso en cada aldea, una identidad propia. Esa identidad se ve reflejada en las jornadas en las que se divide la fiesta, con sus particulares actividades y celebraciones.
Pero sobre todo, por los personajes que las protagonizan. Desde la Vaca Morena en Laza al Berete en Chapela; de los Boteiros con aire burlón de Vilariño de Conso a los solemnes Xenerais da Ulla. La geografía de estas fiestas está marcada por una gran diversidad de caracteres que van desde los actos que las conforman a sus personajes.
El Entroido fue la última fiesta que se pudo celebrar en 2020 antes del confinamiento y la pandemia dejó en suspenso sus manifestaciones públicas en 2021. Este año volvieron a tomar la calle sus personajes, sus fiestas, aunque no en su totalidad, porque las más tempranas todavía se vieron afectadas por los coletazos de la sexta ola. La primera de ellas fue la Mascarada Ibérica de Viana do Bolo y Vilariño de Conso que fue aplazada de la fecha prevista inicialmente, en el último fin de semana de enero, hasta los días 19 y 20 de marzo, con lo que en esta edición se convertirá en el último acto del Entroido en Galicia.
Cada fiesta de Entroido tiene sus propios personajes y son diferentes de una villa a otra. Aunque en apariencia resulten idénticos, como sucede entre los tres más populares de la comarca de Verín: el Peliqueiro de Laza, el Zarramanculleiro de Cualedro y el Cigarrón de Verín. Comparten traje, ornamentos, máscara de madera, mitra de hojalata… pero el personaje es diferente. Incluso es diferente cada uno de ellos porque es el tiempo el que va moldeando su carácter, a medida que los años discurren para el portador del disfraz.
Si nos acercamos hasta A Limia, el otro vértice del triángulo mágico, el personaje protagonista es la Pantalla, con una vestimenta más ligera que los tres predecesores, pero no por ello menos ornamentada. Unas campanillas sustituyen a las chocas en el cinturón. La máscara está realizada con materiales más livianos como el cartón, papel maché y otros elementos que aseguran la consistencia de la forma sin recurrir a la madera o la lata. También cambia el gesto del rostro, en el que desaparece la sonrisa de las máscaras de la comarca verinesa.
En Sarreaus el personaje identitario es el Vergalleiro, con un rostro más amigable que la temida pantalla. También su rol es más amable dentro de la actividad festiva.
Aguas abajo del Limia, ya en el último tramo de su curso gallego, descubrimos el Troteiro en Bande. Su nombre define su principal actividad: andar trotando por los caminos y plazas, jugando con quienes se encuentra a su paso. Su principal seña de identidad es el paño bordado, ya sea de encaje o de otro tipo, con el que cubre el rostro.
En la otra orilla del Limia, en Muiños, aparece la figura del Cabreiro, uno de los personajes de más reciente incorporación a la fiesta carnavalesca en la provincia de Ourense, cuyos rasgos más característico son la máscara que asemeja la cabeza de un carnero y el amplio cinto rojo alrededor del cual cuelgan los cencerros que marcan el sonido rítmico de su movimiento.
La recreación de nuevos personajes es síntoma de que el Entroido no solo se ha recuperado de su “longa noite de pedra” que supuso la etapa franquista en la que prácticamente desapareció, o quedó relegado a actividades muy restringidas, como los bailes de disfraces en sociedades recreativas en las ciudades, y muy pocas expresiones populares en el ámbito rural.
La etapa democrática ya ha superado en años a la dictadura y parece lógico que la gran fiesta popular por excelencia se expanda y se reinvente. De ahí que el Cabreiro no sea la única novedad incorporada en los carnavales en la provincia de Ourense y encontraremos otros nuevos personajes en diferentes lugares. Sin alejarnos mucho de Bande, Celanova ha recreado para el ciclo del Entroido un personaje que por sus características merecía un hueco en esta fiesta: la Gárgola. Presentes en los tejados de los grandes edificios de la Edad Media, especialmente monasterios, catedrales y grandes iglesias, las gárgolas han dejado ese papel a la vez ornamental y práctico de la arquitectura, servir de elemento de evacuación del agua de la lluvia de los tejados a través de las bocas de seres mitológicos por los que gorgotea al paso de sus gargantas para convertirse en personajes del entroido celanovense, que se cubren la cabeza con máscaras que asemejan esos elementos míticos y se visten con hábitos de monjes, haciendo un guiño al vínculo de estos seres con el monasterio de San Rosendo.
Otra de las figuras emblemáticas del ciclo festivo es el Felo, que encontraremos en Maceda, con un aspecto muy similar al de peliqueiros y cigarróns. Pero el personaje en sí, se extiende por otras comarcas ourensanas, como la de O Carballiño. Ahí, la apariencia cambia, también la vestimenta. Los felos de Garabás y de Boborás constituyen un buen ejemplo de ello. Todavía habrá otros felos, también diferentes, en otras áreas como en Xunqueira de Espadanedo.
Hay más de una veintena de personajes principales en los entroidos de la provincia de Ourense. Los Boteiros, dominan la comarca de Viana do Bolo y especialmente este municipio y el vecino de Vilariño de Conso. En Manzaneda son las Mázcaras, las que ejecutan las danzas más ancestrales.
En el extremo oriental de la provincia, en A Veiga, destacan O Boi y los Charrelos. El catálogo no acaba aquí. Los Labardeiros de Mugares, en Toén, Bonitas, Avutardas y el Oso en Cartelle y las Madamas y Galanes, que comparten muchos municipios arraianos de Ourense pero que alcanzó su máxima notoriedad en el carnaval de Cobres en el municipio de Vilaboa, uno de los más vistosos de la Ría de Vigo.
Precisamente en Vigo han recuperado uno de los personajes de su histórico Entroido, el Merdeiro, muy vinculado a la tradición marinera y al uso de restos del pescado y generalmente ya muy pasado de fecha para espantar a los viandantes que escapaban para no quedar impregnados con esos malolientes elementos. El vínculo entre esta fiesta y el mar nunca se perdió, como lo demuestran tantos entierros de la sardina, que forman parte de la etapa final del ciclo en muchas localidades, con todas sus variantes, como sucede en la localidad y parroquia redondelana de Chapela, el sábado previo al domingo de Piñata, en el que el entierro del Berete se convierte en el último acto y el más importante de su festividad carnavalesca.
Parece evidente por la gran diversidad de caracteres, máscaras, personajes, que el rural es el medio principal en el ciclo del Entroido. Pero del mismo modo que las villas como Verín, Xinzo, Celanova, O Carballiño, atraen la participación de comparsas y folións de todo su entorno, las ciudades como Vigo y Ourense hacen lo propio, convirtiéndose así en un crisol en el que muchos de ellos conviven en desfiles y fiestas a los que también se incorporan sus propios personajes, como ocurre en Ourense con el Frei Canedo del barrio de A Ponte o A Pita de Eiroás. Y esa movilidad, de las ciudades a los pueblos y de las villas a las ciudades, es otra de las características singulares de las fiestas del Entroido en Galicia.
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