De Almeida de Sayago a Buenos Aires: la memoria zamorana que guía a Néstor Seijas
CASTELLANO-LEONESES EN EL EXTERIOR
La historia personal de Néstor Óscar Seijas Martín, recién elegido presidente del Centro Zamorano de Buenos Aires, es también la historia de miles de familias emigrantes que cruzaron el Atlántico
La historia personal de Néstor Óscar Seijas Martín, recién elegido presidente del Centro Zamorano de Buenos Aires, es también la historia de miles de familias emigrantes que cruzaron el Atlántico empujadas por la necesidad y sostenidas por la memoria de su tierra. Un relato de raíces profundas, sacrificio, trabajo y pertenencia que hoy explica su compromiso con una institución en la que participa activamente desde que se asoció en 2007.
Orgulloso de sus orígenes en Almeida de Sayago, Néstor Seijas mira al futuro del Centro Zamorano con dos prioridades claras: implicar a más jóvenes en la vida de la entidad y seguir preservando las tradiciones, la historia y la identidad zamorana que heredó de sus abuelos.
Una saga familiar marcada por la emigración
Los protagonistas de esta historia son sus abuelos zamoranos, Isidro Martín Álvarez y Teresa Nicolás de la Iglesia, ambos nacidos en Almeida de Sayago a finales del siglo XIX, descendientes de generaciones de almeidenses. Isidro, de origen humilde, y Teresa, perteneciente a la conocida familia Nicolás —los “Chaqueta”, vinculados a la industria del corcho en el pueblo—, se casaron en 1916 y emprendieron un camino migratorio que los llevó primero a Cuba y, finalmente, a Argentina.
En Cuba, Isidro fue uno de los fundadores en 1916 de la entonces Casa de Zamora de La Habana, muestra temprana de su implicación asociativa. Allí abrieron una dulcería en San Luis de Oriente, pero la tragedia golpeó duramente a la familia con la muerte de varios familiares cercanos y el deterioro de la salud mental de Teresa. Tras un regreso frustrado a España, donde ya muchos parientes habían emigrado, el destino final fue Buenos Aires.
Construir una vida desde cero en Argentina
La llegada a Argentina en 1924 marcó el inicio de una nueva vida. Isidro trabajó en la construcción del subterráneo de Buenos Aires y, fiel a su vocación, volvió a situarse detrás de un mostrador con negocios de almacén y fiambrería. Las dificultades no tardaron en aparecer: una inundación arrasó con todo lo que tenían, obligando a la familia a empezar de nuevo con la ayuda de otros paisanos zamoranos.
La vida familiar estuvo marcada por el esfuerzo, la solidaridad y también por el dolor. Teresa pasó largos años ingresada en el Hospital Moyano, mientras Isidro sacaba adelante a sus hijos con el apoyo fundamental de Dolores Gómez y Paulino Ramos, verdaderos “padres del corazón” para la familia. A pesar de las pérdidas, incluida la muerte prematura de su hija Rosa, Isidro nunca dejó de trabajar ni de cuidar de los suyos.
Isidro falleció en 1947, apenas días después de conocer a su nieto Néstor. Un legado humano que dejó una huella imborrable.
Un compromiso heredado
“Por todo lo vivido, y por mucho más”, explica Néstor Seijas, “siento un amor inconmensurable por mi abuelo”. Ese sentimiento es el que lo llevó a implicarse activamente en el Centro Zamorano de Buenos Aires y en la Federación de Sociedades Castellanas y Leonesas de Argentina, donde actualmente ejerce como vicepresidente.
Ahora, como presidente del Centro Zamorano, asume el cargo con la convicción de que la memoria no es solo pasado, sino también futuro. Mantener viva la historia de la emigración zamorana, abrir las puertas a nuevas generaciones y seguir siendo un punto de encuentro para la colectividad son, para él, la mejor forma de honrar a Isidro, a Teresa y a todos aquellos zamoranos que hicieron de la emigración una forma de vida sin renunciar nunca a sus raíces.
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