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Desde Buenos Aires
La portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, ha llevado a cabo una apretada agenda en Buenos Aires que le ha permitido aprovechar apenas un par de días para mantener contactos con el Instituto Santiago Apóstol, diversas instituciones de la colectividad y dirigentes políticos.
Entre una y otra actividad hizo tiempo también para explicar su proyecto. Y no quedaron dudas de que Ana Pontón, una lucense de Sarria nacida en 1977, licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Santiago de Compostela y militante nacionalista ya en su juventud, es una mujer de convicciones que expone con claridad y defiende con firmeza.
Una persona agradable y cordial que logra crear un clima de confianza y que se manifiesta con aplomo y realismo sin perder la visión optimista que le permite bregar en su quehacer político.
Acerca de las expectativas electorales de su partido pronostica un ascenso paulatino pero constante, aupada por un votante joven y urbano en su mayoría. "No es que no nos dirijamos a toda la población, nos interesa y mucho la gente mayor y, de hecho, tenemos políticas destinadas a ese grupo en especial, al igual que el rural, pero comprobamos en las elecciones que nuestro mayor caudal de votos está en otro segmento. Por ende es de suponer que, andando el tiempo, será ese votante el que crecerá numéricamente y por ello mi optimismo no es ilusorio, sino con base estadística”, ha reflexionado.
Le preocupa el contexto mundial, asegura, con Estados Unidos atravesando una crisis económica en la cual ve como gran competidor a China y teme perder su papel hegemónico. Expresa con claridad su deseo de que no sea una contienda bélica la que defina el liderazgo. "Sería una tragedia inimaginable. Nuestra postura es defender la paz, la no injerencia de unos países en las políticas nacionales de otros, y la igualdad y solidaridad entre las naciones", recalca. Y es en este momento de la conversación que introduce una cita de Gramsci: "el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro surgen los monstruos".
Pasando al caso de Galicia, menciona como uno de los grandes debates la crisis habitacional, ya que son muchas las familias, y no solo de ingresos bajos sino incluso de ingresos medios, las que no pueden acceder a comprar ni a alquilar una vivienda.
Por ello, partiendo de que hay 500.000 viviendas vacías procedentes de inversiones especulativas, su propuesta persigue que la administración compre ese tipo de viviendas y las destine a alquileres sociales. "Ya están construidas, no requieren terreno ni obras, solo su adquisición, y la implementación de un programa destinado a subsanar las necesidades de un sector cada vez más importante de la población”, ha defendido.
Además, Ana Pontón apuesta por que Galicia invierta en innovación, para así lograr una comunidad proyectada al futuro. Y, precisamente en este punto, vuelve a proponer la creación de una empresa pública de electricidad que implique abaratar la factura a los gallegos.
La Galicia exterior
Finalmente, sobre la emigración, ha planteado sus ejes programáticos. "Nos proponemos que, si alguno de los que aquí residen piensa en irse a vivir a otro sitio, su primer destino elegido sea Galicia. Ahora mismo no es así. Tenemos que aumentar las partidas de los programas de retorno y mejorar la implementación, porque el saldo migratorio de ese programa ha sido muy escaso, y Galicia necesita población", ha explicitado.
También ha apostado por la diáspora como un colectivo importante para prestigiar "la cultura, la identidad y la lengua" propias. "Aquí mismo, en Buenos Aires, otros tienen Institutos de cultura que los definen y los identifican. No es nuestro caso, no tenemos un instituto cultural gallego que muestre la Galicia real, no la del estereotipo", lamenta.
Segunda visita a Buenos Aires
Ana Pontón también planteó que se trataba de su segunda visita a Buenos Aires.
En ella queda el recuerdo de los “panqueques” que le hacía su tía abuela, una emigrante a Argentina, que le dejó en la memoria y en la herencia culinaria de la casa esos dulces con relleno de manzana que solo se saborean en familia.
Ana Pontón, una política formada y ducha, en esa anécdota puso de manifiesto que la sensibilidad no riñe con la firmeza y los panqueques pueden comerse mientras se lee a Gramsci.
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