Antonio Rodríguez Castiñeira: “Soy español, soy gallego y soy emigrante”

PERSONAJES DE LA EMIGRACIÓN ESPAÑOLA EN FRANCIA

Me he dado cita con Antonio en una “brasserie” de París, muy cerca de la Embajada de España que Antonio conoce bien por haber estado en ella en numerosas ocasiones en los tiempos en los que cubría para la Agencia France Press la información generada por España en la capital francesa

Publicado: 09 may 2026 - 07:00 Actualizado: 10 may 2026 - 06:59
Antonio Rodríguez durante la sesión fotográfica previa a la publicación de “Les chemins de la colère”
Antonio Rodríguez durante la sesión fotográfica previa a la publicación de “Les chemins de la colère” | Cedida a LRI

Antonio es hijo de la emigración gallega en Suiza. Allí nació, allí estudió y allí empezó su vida profesional antes de que esta le haya hecho viajar por todo el mundo. Desde Uruguay a Estados Unidos, pasando por Argentina, Suiza y Francia, Antonio Rodríguez Castiñeira (Suiza, 1966), periodista, acaba de publicar su sexto libro: Les chemins de la colère (Los caminos de la ira), donde ha recorrido el camino que hacía de niño entre Suiza y Galicia para ir con sus padres a pasar las vacaciones. Se ha detenido para hablar con las gentes que ha cruzado y comprobado cómo, tras la quiebra de Lehman Brothers en 2008, muchas personas siguen pagando hoy esa crisis financiera que ya no merece la atención de los medios.

Portada del nuevo libro de Antonio Rodríguez Castiñeira recogiendo historias de la emigración gallega golpeada por la crisis de los años 2000.
Portada del nuevo libro de Antonio Rodríguez Castiñeira recogiendo historias de la emigración gallega golpeada por la crisis de los años 2000. | Cedida a LRI

Me he dado cita con Antonio en una brasserie de París, muy cerca de la Embajada de España que Antonio conoce bien por haber estado en ella en numerosas ocasiones en los tiempos en los que cubría para la Agencia France Press la información generada por España en la capital francesa. Le conocí a inicios de los años 2000 y siempre mantuvimos una buena relación profesional. Hoy quiero hablar con él para que me presente su último libro, Les chemins de la colère, parafraseando el de Las uvas de la ira, de John Steinbeck, publicado en Estados Unidos en 1939 y que narra la crisis financiera que había devastado el país y el mundo. Para Antonio Rodríguez Castiñeira, la ruta que hacía con sus padres siendo un crío para ir a pasar sus vacaciones en Galicia, desde Suiza, es su particular Camino de Santiago.

El hijo de emigrantes

Antonio Rodríguez Castiñeira es un hijo de la emigración. Sus padres marcharon a Suiza, allí se conocieron, allí se casaron y allí formaron una familia. “La historia de mi padre y de mi madre son dos historias de emigración distintas”, me dice. "Mi madre es de Laxe, en la Costa da Morte. En 1963, con 23 años, emigra a Suiza, aunque su sueño era hacerlo a América, a Montevideo".

Allí se va la joven María aprovechando el acuerdo migratorio entre España y el país helvético instalándose en la ciudad de Delémont, 12.000 habitantes, en el cantón francófono del Jura. Allí conocerá a Higinio, que llega a Suiza después de haber intentado, durante 27 días, la aventura migratoria en París: "No le gusta la ciudad, no encuentra trabajo y coge un tren y se va a Suiza, donde tiene un primo". El nativo de la provincia de Ourense, de Fornelos, en el ayuntamiento de O Bolo, se instala también en Delémont. "Yo soy el resultado de esa emigración gallega", comenta Antonio con una sonrisa en los labios al recordar las historias que le contaban sus padres de crío, como que la primera boda en español en Delémont fue la de sus padres, con un cura gallego recién llegado a la ciudad.

En “Los caminos de la ira” el periodista entrevisto a agricultores, mineros y percebeiros para conocer sus dificultades.
En “Los caminos de la ira” el periodista entrevisto a agricultores, mineros y percebeiros para conocer sus dificultades. | Cedida a LRI

La génesis del libro

El libro es algo más que una crónica de los destrozos que dejó, y sigue dejando, la crisis financiera de 2008 en la sociedad. La sociedad no es algo intangible, no es una imagen vaga y difusa. "La sociedad son personas", afirma el autor. "Este libro es una excepción, porque como periodista siempre he hablado de los otros y no lo hacía nunca de mí". 

Les chemins de la colère es un viaje al pasado de Antonio Rodríguez Castiñeira, pasado como emigrante, pero también a la memoria de sus años como corresponsal de AFP en Uruguay y Estados Unidos. Entre 2004 y 2009 vive en Washington, desde allí cubrirá las grandes cumbres económicas mundiales: G7, G20, el FMI, la bancarrota de Lehman Brothers, vivirá la elección de George W. Bush y de Barack Obama…

Toma un sorbo de café… ¿Cómo nace Les chemins de la colère?, le pregunto. "Es el libro más personal y el que más me ha costado. Nace durante los años que siguieron la crisis del ladrillo, cuando mi madre volvió a Galicia. Mamá estaba enferma y yo era periodista económico y me doy cuenta, por el 2013, de que la crisis de Lehman Brothers de 2008 sigue ahí, azotando España, golpeando Galicia y que lo que está pasando no le importa a nadie".

En la foro el autor, Antonio Rodríguez Castiñeira, posa junto al coche de su padre con el que iban todos los años de vacaciones a Galicia desde Suiza.
En la foro el autor, Antonio Rodríguez Castiñeira, posa junto al coche de su padre con el que iban todos los años de vacaciones a Galicia desde Suiza. | Cedida a LRI

El interés mediático ha desaparecido y Antonio ve a una nueva generación de gallegos de la Costa da Morte que están obligados a emigrar, principalmente a Suiza, pero también a Francia e Inglaterra. "Me enfada, me enoja, me encoleriza", relata. "Pensaba que la emigración se había acabado y me doy cuenta de que no y empiezo a hacer reportajes con algunos de esos emigrantes" y aparece uno, un joven que le da una entrevista en Camariñas, a las 11 de la noche, cuando se va a las 4 de la madrugada a Suiza para intentar salir adelante. "Me doy cuenta de que hay una historia que contar", señala Antonio mientras mira el fondo de su taza de café.

"En 2017 hago ese camino, Delémont-Costa da Morte, la ruta que hacíamos siempre con mis padres para ir de vacaciones a Galicia -es nuestro camino de Santiago-, y hago ese viaje para seguir los pasos de los emigrantes gallegos que tenían que marcharse otra vez", añade.

Porque hay gente, personas, familias que volvieron a finales de los 90 y que ahora se han quedado sin empleo y se tienen que volver a ir a Suiza. "En ese camino me detengo en varios lugares, en España, en Francia, en Suiza, para hablar con la gente que sigue padeciendo la crisis y las medidas económicas que cuesta entender. Y eso lo dice un periodista económico como yo", comenta mientras esboza un rictus en sus labios. "Me voy a subir a uno de esos taxis que hacían el viaje Galicia-Suiza… taxis que llevaban a personas, pero que también llevaban cosas por encargo, desde jamones hasta muebles". 

El autor en una sesión de dedicatorias. Antonio Rodríguez ha presentado el libro en Suiza, Francia, Bélgica y España.
El autor en una sesión de dedicatorias. Antonio Rodríguez ha presentado el libro en Suiza, Francia, Bélgica y España. | Juanjo Dorado

El taxi es una de las ventajas del emigrante gallego en Suiza. Se subía en un Mercedes o a un Seat 1500 a finales de los 60 y hacían el viaje con cuatro o cinco personas. Esa es una particularidad de la Costa da Morte. Son casi 2000 km que hacían en dos días en aquellos tiempos, y esos taxistas durante la crisis del ladrillo desarrollan una actividad frenética. "Te vienen a busca a casa y te dejan en el centro español de la ciudad a la que llegas, o incluso delante de la agencia de empleo a la que vas a entrar para buscar trabajo. Muchos de ellos eran taxis clandestinos. Hoy aún conozco a dos o tres taxistas que siguen haciendo ese viaje", me dice Antonio.

¿El viaje era una verdadera aventura?, le pregunto. "No había tantas autopistas, se dormía y comía como se podía para llegar lo antes posible a Galicia. Había ganas de irse de vacaciones, pero también existía la angustia de un viaje largo y no exento de peligros con muchos accidentes. Salíamos de Suiza, cruzábamos Francia, llegábamos a España para ir hacia Burgos, León y luego Camino de Santiago hacia Galicia. No se puede imaginar uno el polvo, el calor, los camiones, el cansancio de ese viaje y la entrada a Galicia por el puerto de Pedrafita, con muchas curvas y tráfico. Necesitábamos casi una semana para recuperarnos".

Se instala un silencio de algunos segundos entre nosotros, algunos clientes se sientan en la mesa de al lado… y le comento a Antonio: el libro viaja entre la novela y el testimonio, entre la realidad de personajes que entrevistaste: el sindicalista en Villablino, otro en Suiza, gentes que te explican lo que ven y viven, agricultores que sufren en Galicia… "Hay medidas económicas que se aplican, pero que no tienen sentido, como traer carbón de Sudáfrica cuando tienes carbón en Villablino, y el gobierno paga para que los mineros estén cruzados de brazos". Antonio ordena sus ideas durante unos segundos... 

"La crisis de Lehman Brothers ha afectado duraderamente a las personas…". En el libro, cuenta la historia de un marroquí que ha emigrado varias veces y que no logra una situación estable en Galicia, y se vuelve a subir a ese taxi para intentarlo de nuevo en Suiza. "Cuando se habla de emigración se habla de gallegos que han triunfado y yo lo que quería es hablar de todos esos otros que no lo han hecho, que siguen sufriendo, luchando, personajes anónimos que tienen una historia que contar. Yo he ido a hablar con esa gente que no tiene acceso a los medios de comunicación, para escucharlos, entenderlos, darles la palabra. Yo voy a escuchar, no voy a menospreciar, ni a decirles lo que tienen que hacer… escucho argumentos, historias… Eso es lo que he querido hacer. Yo siempre escucho, es mi faceta como periodista, lanzo conversaciones y escucho y apunto. Quiero hablar de personas, de seres de carne y hueso, que viven, que sienten como esos percebeiros que, ante una situación difícil en Galicia, deciden que él se vaya de nuevo a Suiza y ella se queda en Galicia siguiendo con su actividad de percebeira. Yo los llamo los temporeros de la vida…".

Autor y lector que inspiró el libro y sus historias
Autor y lector que inspiró el libro y sus historias | Cedida a LRI

Antonio Rodríguez Castiñeira, el emigrante gallego

En Delémont vivió, creció y se formó. "Entro a los 6 años en la escuela y hasta esa edad yo vivo en un ambiente gallego, hablamos gallego en casa, estaba mi abuelo y los amigos emigrantes que llegaban y no tenían alojamiento y se quedaban en casa hasta que encontraban algo. Mi madre decía que hasta que fui a la escuela yo apenas sabía decir nada en francés". "Hago mis estudios en Suiza. Crezco en la parte francesa, Delémont está a 40 km de Basilea. En 1997 me sale la oportunidad de ir a Montevideo, en Uruguay, como periodista de AFP".

Uruguay siempre fue un sueño para María, la madre de Antonio. En casa de María se contaban historias de familiares y amigos que habían emigrado en los años 50 y se habían quedado allí. Gentes de los que no se sabía nada. "Me voy a Uruguay, donde viviré tres años y donde tomo contacto con la familia de mi madre que había emigrado a ese país. Mi madre vino a visitarme y tuvimos encuentros muy emotivos con esos emigrantes, familiares y amigos gallegos que había emigrado a ese país". "En 2000 vuelvo a Europa y voy a la sede central en París de France Press y, en 2004, me voy esta vez a la corresponsalía en Washington".

Antonio Rodríguez ha conocido la emigración gallega en varios países. "Siempre me ha interesado la emigración. Me gusta escuchar las historias de la emigración. Una de las cosas que lamento es no haber escrito todo lo que me contaron los gallegos durante mi estancia en Uruguay y Buenos Aires… tengo notas, pero la verdad es que había mucha gente que me contaba como habían llegado hasta allí, las dificultades que habían vivido, los éxitos y los fracasos y eso es una fuente inagotable de experiencias de vida que no debemos dejar que se pierda".

En Paris vivió en el distrito de 16 donde Antonio se encontró con muchos emigrantes gallegos: porteros, mujeres de la limpieza, albañiles y hablaba con ellos para que le contaran sus experiencias. Son emigraciones distintas, cada uno de los emigrantes gallegos tiene su historia, pero siempre hay algo en común a todos ellos en sus vivencias, en sus éxitos, en sus fracasos, en sus aventuras personales y profesionales. "Vivieron cosas increíbles", dice el autor. 

Los ojos de Antonio se iluminan: "Mi padre salía de un pueblo de Ourense de apenas 200 habitantes y llega a la estación de Austerlitz en París… el cambio que supuso eso, el golpe de realidad es tremendo, hay que adaptarse y cada uno elegirá su camino y es eso lo que siempre he querido que me cuenten, el camino que eligieron y cómo avanzaron por él". "Ese es el trabajo de la segunda generación que somos nosotros, el trabajo de mantener viva esa memoria, contar lo que pasaron nuestros abuelos, nuestros padres".

El autor y sus lectores tras una de las presentaciones de Les chemins de la colère en Suiza.
El autor y sus lectores tras una de las presentaciones de Les chemins de la colère en Suiza. | Cedida a LRI

Hablar de la emigración gallega es hablar de uno mismo, lo veo en la mirada de Antonio, que busca en sus recuerdos todas esas historias que ha ido guardando en sus cuadernos de notas. "Hay cosas comunes, pero también diferencias, pues no es lo mismo irse en barco a Buenos Aires y no poder volver durante décadas a su casa -si es que volvían- y venir a París y tener un tren que en 24 horas te acercaba a casa. La morriña la encuentras en todas partes". La morriña que él ha sentido… y sigue sintiendo, pero una morriña distinta a la de sus padres, una morriña sentimental… "Yo soy español y nunca he trabajado o vivido en España, pero soy español. La emigración de nuestros padres y la de hoy no es la misma porque no son las mismas condiciones, pero yo me siento emigrante".

Y hay muchas anécdotas apuntadas en esas libretas. "Cuando llegué a Montevideo me contaban las historias de marinos mercantes gallegos que desembarcaban y decidían quedarse. Entraban en los bares que regentaban gallegos y salían con trabajo". ¿Y en Suiza igual? Nuevo silencio de Antonio, que ordena mentalmente sus recuerdos… "Durante la crisis del ladrillo había un centro español en Delémont, mayoritariamente visitado por gallegos, al que llegaban los emigrantes jóvenes y, sin conocer a nadie, se les orientaba hacia las empresas que buscaban gente".

Las nuevas generaciones

"Mis hijas son francesas, mi mujer es francesa, pero yo sigo siendo emigrante, gallego y español. Pero es cierto que siempre he estado cómodo donde he vivido: en Uruguay, en EEUU, en Francia, en Suiza… pero también he estado siempre buscando mis raíces, las de Galicia, las de Laxe, las de Fornelos. No pasa un año sin que vaya dos o tres veces con mis hijas. Cuando hace unos años se produjeron incendios devastadores en la provincia de Ourense fui con una de mis hijas a Fornelos. En O Bolo, afortunadamente, la gente pudo parar el incendio que avanzaba hacia el pueblo y para mí supuso un momento de gran emoción. Siempre voy en busca de la memoria. Y si arde el pueblo de mi padre es una parte de mi historia y de mi memoria que desaparece, que se esfuma, y por eso estaré eternamente agradecido a la gente del pueblo que supo protegerlo luchando contra el fuego".

¿Cómo se inculca ese amor por España a las nuevas generaciones?, le pregunto. "A veces abusé de “baño cultural”, creo que mis hijas están un poco cansadas de escuchar gaitas, pero las he llevado todos los años a Galicia y a otras ciudades de España. Hablan las dos español, fueron a la escuela española de La Pompe en París… En Suiza yo iba a la escuela española para estudiar español cuando todos acabábamos en el colegio. Mi madre, su abuela, paso mucho tiempo con ellas... Tú transmites y ellas eligen".

El punto de inflexión

Ha fallecido tu padre y decides ir a Galicia con tu madre, pero no vais en coche. Vais en avión, es un punto de inflexión, le pregunto mientras escudriño su reacción, sintiendo que busca como ser fiel a una realidad que supuso un punto y aparte para él. "Lo primero es que en ese viaje… faltaba mi padre en el coche, no era el mismo viaje sin él. Me costaba mucho y por eso no lo hicimos en coche".

¿Te has vuelto a encontrar con tus padres al escribir el libro y tener que hacer los cartones con sus cosas? "El primer deseo de todo padre es que sus hijos no tengan que sufrir lo que ellos han sufrido y, archivando y recogiendo sus pertenencias uno se da cuenta de muchas cosas, empieza a ser consciente de cosas que no había sabido interpretar, como la del padre que en Suiza lloraba escuchando a Julio Iglesias o a Juanito Valderrama. Me doy cuenta de que hay una morriña inversa. Me doy cuenta de que cuando mi madre vuelve a Galicia tiene morriña de Suiza, donde había vivido la mitad de su vida y eso lo vi en las cosas que guardaba: periódicos suizos, postales… que se llevaron a Galicia, se lo piden al taxista que hace la ruta: le pedía que llevase queso suizo para hacer una fondue o una racleta".

Otras historias que contar

Antonio ha pedido un segundo café, estamos llegando al final de la entrevista, hemos pasado más de hora y media hablando de él, de su libro, de su vida, de la emigración española, de la emigración gallega y es obligado que le pregunte por su próximo proyecto… "Hacer algo con la emigración gallega en París, en Francia… es inagotable. Quizás contar la historia de mis padres en su recorrido hacia Suiza…".

Los problemas de la migración para volver… los padres vuelven, pero los hijos se quedan… o se quedan los padres también renunciando a la esperanza de volver a su casa en Galicia… y ahí tenemos el colofón de este encuentro entre dos veteranos periodistas que no solo comparten profesión sino también emigración. 

Antonio coge su libro, Les chemins de la colère, busca una página y me mira: "Déjame que te lea una frase que recojo en el libro de un emigrante al que entrevisté, creo que lo dice todo: Cuando me marché (de Galicia) dejé aquí a todos los que más quería, ahora que he vuelto, he dejado allí (en Suiza) a los que quiero".

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