Día Mundial del Refugiado: la dura realidad de los niños refugiados

CADA 20 DE JUNIO

El 20 de junio recuerda a las personas forzadas a abandonar su hogar por conflictos y persecuciones. Entre ellas, las historias de Muhammad y Khalid reflejan el impacto humano del desplazamiento forzoso

Dos niños refugidados, Khalid y Muhammad Abullgasim
Dos niños refugidados, Khalid y Muhammad Abullgasim | Cedidas

Cada 20 de junio el mundo conmemora el Día Mundial del Refugiado, una fecha declarada por Naciones Unidas para reconocer la fuerza y el coraje de quienes se han visto obligados a dejar atrás sus hogares para escapar de la violencia, la guerra o la persecución.

Esta jornada reivindica sus derechos, sus necesidades y sus sueños, pero también recuerda que detrás de cada persona refugiada hay una historia. Son millones las personas que han tenido que emprender un camino incierto con la esperanza de encontrar protección y reconstruir sus vidas.

En 2026, el Día Mundial del Refugiado vuelve a lanzar un mensaje claro: la protección, la inclusión y la solidaridad son necesarias hasta que cada persona esté a salvo.

Entre esas historias están las de Muhammad y Khalid, dos adolescentes sudaneses que llegaron al campamento de Shearyia El Nakheel tras huir de la violencia en El Fasher.

Muhammad, 14 años: “Quería encontrar a mi madre”

Muhammad Abullgasim tiene 14 años y llegó al campamento de Shearyia El Nakheel hace cinco meses después de escapar solo de El Fasher. La caída de la ciudad lo separó de su familia y comenzó entonces un camino de supervivencia.

Durante meses tuvo que enfrentarse al hambre y la incertidumbre. Llegó a sobrevivir alimentándose de pienso para animales antes de poder escapar. En el camino trabajó como limpiabotas en la carretera para conseguir dinero con el que comprar ropa.

Huyó acompañado de otros 15 chicos. Algunos lograron reencontrarse con sus familias; otros acabaron uniéndose a las fuerzas armadas porque, según cuenta Muhammad, “tenían hambre y sed, para poder encontrar comida y agua”.

Él tomó otra decisión. “Yo no quería unirme al ejército. Quería encontrar a mi madre”, explica. Pero todavía no ha podido localizarla.

Recuerda especialmente el día en que cayó El Fasher: “Pensé que ese era el último día de mi vida”.

Khalid, 17 años: un año buscando a su familia

Khalid tiene 17 años y también vive ahora en el campamento de Shearyia El Nakheel. Su historia comenzó en enero de 2025, cuando una bomba destruyó su casa en El Fasher y le obligó a huir.

Durante un ataque en Gozbaina quedó separado de su familia. Su padre fue golpeado y sufrió una fractura en la mano, mientras su madre y sus hermanos tomaron caminos diferentes para escapar.

Desde entonces, Khalid emprendió solo un largo desplazamiento. Para sobrevivir trabajó conduciendo una carreta tirada por caballos en los mercados que encontraba durante el camino, con el objetivo de conseguir algo de dinero para comida y ropa.

“Solo tenía un par de prendas cuando me fui”, recuerda.

No sabe exactamente dónde está su familia, aunque ha escuchado que podrían estar junto a su madre. No los ve desde el Ramadán de 2025.

Historias como las de Muhammad y Khalid recuerdan que el desplazamiento forzado no es solo una cifra en un informe. Son niños y jóvenes que han perdido su hogar, sus vidas y, en muchos casos, el contacto con sus seres queridos.

El Día Mundial del Refugiado nació en 2001, coincidiendo con el 50 aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, y fue reconocido oficialmente por la Asamblea General de Naciones Unidas en diciembre de 2000.

Cada año, esta fecha reúne a comunidades, organizaciones, instituciones y personas refugiadas para reclamar protección y oportunidades. Porque, como recuerda el mensaje de esta jornada: hasta que cada persona esté a salvo, la solidaridad sigue siendo necesaria.

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