Pradales apela a la Euskadi que acoge y sitúa la integración y la esperanza en el centro de su mensaje de fin de año

MENSAJE DE FIN DE AÑO

Imanol Pradales recordó que a comienzos de este siglo eran unas 30.000 las personas procedentes de otros países que residían en Euskadi y que hoy superan ya las 300.000.

El Lehendakari, Imanol Pradales durante la grabación del mensaje de Fin de Año
El Lehendakari, Imanol Pradales durante la grabación del mensaje de Fin de Año | Irekia

El lehendakari cerró el año con un mensaje marcado por la incertidumbre global, pero también por una firme apelación a la esperanza, la cohesión social y la proyección de Euskadi en el mundo. Al hacer balance de 2025, recordó que ya se ha cumplido un cuarto de siglo del siglo XXI, en un contexto internacional complejo, con guerras como la de Ucrania, el genocidio en Gaza, el auge de los autoritarismos y una Europa que “no acaba de enderezar su rumbo”.

"El segundo mensaje lo dirijo a todas esas personas que habéis llegado a Euskadi en busca de un futuro mejor". Con estas palabras abrió el lehendakari uno de los pasajes más significativos de su discurso, centrado en la emigración, la convivencia y la cohesión social. Recordó que a comienzos de este siglo eran unas 30.000 las personas procedentes de otros países que residían en Euskadi y que hoy superan ya las 300.000.

Pradales incidió en que quienes llegan lo hacen a un país con cultura, lengua e identidad propias, que ha construido su bienestar sobre el esfuerzo, el trabajo y la colaboración, y que es democrático, seguro y abierto. “Llegáis a un país que sabe acoger y cuidar a quienes vienen de fuera, a quienes quieren formar parte de él”, afirmó.

En su intervención recuperó las palabras del lehendakari Agirre en su mensaje de ‘Gabon’ de 1957, cuando desde el exilio defendía que nadie comprende mejor el valor del buen trato que quien vive lejos de su hogar, y reclamaba respeto y afecto para la persona emigrante que hace suya la tierra que la acoge y su causa de libertad.

El actual lehendakari se reconoció en ese ideario humanista y defendió que la dignidad de toda persona debe ser el bien superior, junto a una cohesión social y una integración que consideró irrenunciables. Insistió en que se trata de un camino complejo, basado tanto en derechos como en obligaciones, y en una responsabilidad compartida hacia la comunidad.

“Somos lo que nos une”, señaló, subrayando que esa unión debe ir más allá del espacio físico y asentarse en valores como el respeto, la igualdad y la convivencia, así como en una vida en común apoyada en la cultura y el bienestar colectivo. En este contexto, animó a quienes han llegado a Euskadi a implicarse plenamente: “Habéis puesto un pie en Euskadi; os animo a que pongáis los dos”.

El mensaje concluyó con un llamamiento directo a las comunidades de personas migrantes y a quienes las lideran, para que impulsen activamente ese compromiso colectivo que fortalezca un espacio común de derechos y obligaciones y consolide los cimientos de la “casa vasca”, abierta a todas las personas que contribuyen a construirla, vengan de donde vengan.

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