Susana Vidal rescata la memoria de la emigración asturiana a Cuba en "El lector de la tabaquería"
NOVEDAD LITERARIA
La autora madrileña, reconstruye en su primera novela la epopeya de miles de asturianos que buscaron un futuro mejor en América, a través de una historia que entrelaza amor, identidad, sacrificio y el singular oficio de los lectores de tabaquería cubanos
La emigración asturiana a América ha inspirado numerosas historias a lo largo de los años, pero pocas lo hacen desde una perspectiva tan humana y emocional como "El lector de la tabaquería", la primera novela de Susana Vidal. La obra transporta al lector a los primeros años del siglo XX para seguir los pasos de Ramón, hijo de un humilde pescador asturiano que decide abandonar su tierra y embarcarse rumbo a Cuba en busca de un futuro mejor. Su objetivo es reunir la fortuna suficiente para poder casarse con Clara, la joven de buena familia de la que está enamorado, una relación que parece imposible debido a las diferencias sociales que separan a ambos.
Mientras Ramón trata de abrirse camino en La Habana, Clara permanece en Asturias enfrentándose a una realidad muy distinta, pero igualmente compleja. La joven debe resistir las presiones familiares para aceptar un matrimonio de conveniencia con un hombre al que no ama y, al mismo tiempo, luchar por mantener vivo su sueño de convertirse en artista. La novela construye así dos historias paralelas que avanzan a ambos lados del Atlántico y que permiten al lector conocer las dificultades, esperanzas y renuncias de toda una generación de emigrantes y de quienes se quedaron esperando su regreso.
Detrás de esta cuidada reconstrucción histórica está Susana Vidal, economista de profesión y lectora apasionada desde la infancia. Aunque la literatura siempre formó parte de su vida, nunca imaginó que acabaría convirtiéndose en escritora.Aquella idea cambió cuando decidió apuntarse a un curso de escritura creativa y descubrió que la narrativa también se aprende, se trabaja y se perfecciona con disciplina y dedicación.
“Me di cuenta de que escribir es un trabajo, un oficio como otro cualquiera. Con esfuerzo y muchas horas puedes aprender”, explica la autora. Aquella experiencia le abrió una puerta inesperada y terminó convirtiéndose en mucho más que una afición. La escritura apareció en un momento especialmente delicado de su vida, tras el fallecimiento de su padre. Lo que comenzó como un ejercicio íntimo para gestionar el duelo acabó transformándose en el inicio de una trayectoria literaria. “Empecé con un microrrelato sobre él que salió fatal, un desastre, pero me ayudó muchísimo a sacar la tristeza”, afirma. Para Vidal, la lectura y la escritura tienen también una dimensión terapéutica: “A mí me ayudaron mucho en un momento complicado”.
La historia de "El lector de la tabaquería" comenzó a tomar forma gracias a Asturias. Hace años, Susana Vidal compró una pequeña casa en Muros de Nalón para refugiarse durante los meses de verano. Allí descubrió no solo un paisaje que la cautivó, sino también una parte fundamental de la memoria colectiva asturiana. “Me enamoré de su luz, de su calma, de sus caminos, de su gente y de esa manera tan nuestra de mirar el mar y entender la vida”, explica. Poco a poco, las historias sobre los indianos comenzaron a despertar su curiosidad y a sembrar las primeras ideas de la novela.
“En el pueblo me hablaban de ellos y veía sus casas con palmeras en el jardín. Me picó la curiosidad”, recuerda. A partir de ese momento inició una intensa labor de documentación que la llevó a consultar archivos, bibliotecas y museos especializados en emigración. Sin embargo, la pieza clave de la historia apareció gracias a una conversación aparentemente casual con un cubano cuyos abuelos eran asturianos. Fue entonces cuando escuchó por primera vez hablar de los lectores de tabaquería, una figura profundamente arraigada en la historia cultural cubana y prácticamente desconocida para el gran público.
“Cuando escuché esa palabra supe que tenía la historia”, asegura. En las fábricas de tabaco cubanas existía la costumbre de contratar a una persona encargada de leer en voz alta novelas, poemas, periódicos y textos de actualidad mientras los trabajadores elaboraban los puros habanos. Aquellos lectores contribuían a la formación cultural de los obreros y desempeñaban un papel fundamental en la vida de las tabaquerías. La autora encontró en esa figura el elemento perfecto para construir una novela donde la literatura se convierte también en protagonista.
La documentación ocupó una parte esencial del proceso creativo. Durante dos años, Susana Vidal convivió prácticamente a diario con sus personajes y con el universo histórico que estaba reconstruyendo. “Es un proceso muy obsesivo. Te vas a pasear con los perros y sigues pensando en las escenas, en los personajes o en cómo resolver determinados conflictos”, reconoce. La investigación fue tan exhaustiva que muchas de las historias y detalles recopilados durante ese tiempo terminaron quedándose fuera de la versión definitiva del libro.
“Tengo unas doscientas páginas que no entraron en la novela. A veces es tan importante quitar como escribir”, explica. Esa capacidad de síntesis permitió construir una narración ágil pese a la complejidad de la trama y al amplio abanico de personajes que aparecen en ella. Vidal reconoce la influencia de los grandes clásicos de aventuras y folletín que marcaron sus lecturas juveniles. Obras como "El conde de Montecristo" o "Los tres mosqueteros" le enseñaron el valor de las historias corales, los personajes complejos y las múltiples líneas narrativas que terminan convergiendo.
Aunque la novela recrea con detalle la emigración asturiana a Cuba, la autora insiste en que su interés principal no era contar únicamente una historia histórica. “No quería narrar solo la epopeya del emigrante que se marcha a América. Quería hablar de cómo se sentían esas personas”, explica. Por eso, la obra profundiza en emociones tan universales como la nostalgia, el miedo, la incertidumbre o el desarraigo. El viaje transatlántico, la llegada a un país desconocido o la necesidad de construir una nueva vida aparecen retratados desde una perspectiva profundamente humana.
Uno de los temas que atraviesa toda la novela es precisamente la identidad. Ramón, como tantos emigrantes de su tiempo, debe aprender a vivir entre dos mundos, llevando consigo los recuerdos de Asturias mientras intenta integrarse en la realidad cubana. “Siempre existe ese conflicto: ¿soy del país del que salí o del país en el que vivo?”, reflexiona Vidal. Una pregunta que acompañó a generaciones enteras de emigrantes y que, más de un siglo después, sigue estando presente en muchas experiencias migratorias actuales.
Asturias no solo es el punto de partida de la historia, sino también uno de sus grandes personajes. Muros de Nalón, San Esteban, Somao o lugares tan emblemáticos como el Hotel Brillante y el Parador aparecen reflejados en las páginas de la novela. “Sin darme cuenta, Muros se me fue metiendo dentro hasta acabar también en el libro”, explica la autora. Lejos de convertirse en una guía turística, la novela utiliza estos escenarios para transmitir la atmósfera de una tierra profundamente vinculada al mar y a la emigración.
La obra incluye además pequeños homenajes al patrimonio cultural asturiano. Uno de los personajes secundarios está inspirado libremente en el pintor Tomás García Sampedro, aunque Vidal aclara que se trata únicamente de una referencia literaria. “No es una biografía ni pretende serlo. Es un guiño desde la ficción y una forma de rendir homenaje a una figura relevante de la cultura asturiana”, señala.
Con "El lector de la tabaquería", Susana Vidal firma una novela que combina historia, romance, aventura y reflexión social. Una obra que rescata un episodio fascinante de las relaciones entre Asturias y Cuba y que, al mismo tiempo, invita a reflexionar sobre la identidad, la memoria y el valor transformador de la literatura. Porque si algo demuestra esta historia es que los libros, incluso cuando se leen en voz alta en una tabaquería al otro lado del océano, tienen la capacidad de cambiar vidas y de tender puentes entre lugares y generaciones separadas por miles de kilómetros.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
EL ESPAÑOL CRECE Y SE REPRODUCE
El Instituto Cervantes abre en Abiyán su segundo centro permanente en África subsahariana
Lo último