“La Verdadera Historia de la ‘vuelta’ de Francisco Franco, el 23-F, los Goya y la guerra de Oriente Medio. Aquí no ha pasado nada"
OPINIÓN
Me van a permitir darle título a este artículo, fusilando un par de la confección de Max Aub, aquel judío franco-alemán, expulsado de Francia a la España de 1914, exiliado en 1939 de vuelta a la Francia de cuna, la cual luego le encerraría en campos de concentración metropolitanos y norteafricanos, por una triple e insidiosa acusación de judío, rojo, naturalizado español.
Me van a permitir darle título a este artículo, fusilando un par de la confección de Max Aub, aquel judío franco-alemán, expulsado de Francia a la España de 1914, exiliado en 1939 de vuelta a la Francia de cuna, la cual luego le encerraría en campos de concentración metropolitanos y norteafricanos, por una triple e insidiosa acusación de judío, rojo, naturalizado español. En 1960 ficcionalizó, gracias al magnicidio a manos de un mesero de café de la ciudad de México, la anticipada muerte de la Lucecita de El Pardo, la cual parecía aspirar a una incandescencia transhumanista, muy en boga en la actualidad. Y no se crean que aquel héroe simplón, Ignacio Jurado Martínez, como improvisado Chacal imaginario, disparó sobre el dictador por convicción ética, ideología, pecunio, o hasta notoriedad de likes actuales. Sólo porque aquellos exiliados republicanos de las Españas de 1939 habían interrumpido la cotidianeidad de sus costumbres y modos silentes de camarero.
Sus ceceos vociferantes de mil batallitas de la guerra civil le obligaron al abandono definitivo de su servidora profesión, a pesar del logrado atentado. Porque tras regresar después de sus disparos a lo que esperaba volviera a ser su oasis cafetero de la región más trasparente, reapareció el guirigay malsonante de nuevos desterrados: los franquistas ahora expulsados de las Españas por los fictivamente retornados adversarios republicanos. Por cierto, que el buen amigo de la cuenca minera asturiana, Felipe López, asegura que aquel imaginado café maxaubiano podría evocar la desaparecida Cantina Puerta del Sol, de su abuelo Fernando, situada en 5 de Mayo y Palma - Centro Histórico del DF -.
El caso es que aquel choteo literario de Aub en 1960, definitivamente desterrado desde 1942 a México, le costó otros nueve años de ostracismo de su patria adoptiva, aunque pudo visitarla tres meses con pasaporte mexicano en 1969, y luego en 1972. Pero diez años antes, le habían prohibido hasta acompañar a su madre en su sepelio español. ¡Poca broma para aquella gente tan cristiana y caritativa que sostuvo durante cuatro décadas el puño de hierro del generalito, ante cuya urna desfilaron luego multitudes anestesiadas por el totalitarismo para luego abrazar la supuesta democrática Transición.
Hoy evocan a las fanáticas minorías iraníes ante la desaparición de Alí Jameneí, esa reencarnación del Profeta, responsable de parte del dolor regional - los palestinos incluidos - mientras se anunciaba su muerte con lloriqueos muy al estilo de Carlos Arias Navarro con la de Franco. En el mantra a favor de los palestinos, en el que desde luego entre su longeva historia de sufrimiento no se puede obviar el ensañamiento de Netanyahu y acólitos, cierta izquierda española parece actuar dando lecciones de moralina selectiva a lo nuevo rico, mientras hace caso omiso de diversas complejidades geopolíticas malsonantes.
Así se escusa desde un derecho internacional de dudosa existencia … y el beneplácito woke, prendas supresoras de la identidad de la mujer -la burka- cual libre gesto cultural-religioso como en las teocracias republicanas islámicas y monárquicas más intolerantes: Afganistán, Irán, Paquistán, o Arabia Saudí, etc.
Aunque sepamos que algunas de estas implantaciones confesionales en la región se debieron a lógicas antisoviéticas de la Guerra Fría, ningún gesto de condena a dichos regímenes en una ceremonia de los Goya de 2026, tópicamente obsesionada por lo palestino, como si no hubiera otros pueblos oprimidos, salvo en el parlamento del presidente de la Academia del Cine Español. A su vez, este ha defendido inútilmente la importancia de la etimología de las películas frente a pelis (para no olvidar la idea de la copia imaginada en celuloide) y los documentales frente a docus (como certificación de la realidad), para así poder seguir entendiendo el mundo a través de cronologías pluri-significativas. Una ceremonia en la que los celorianos vimos pasar la historia de la guerrilla antifranquista en el Borizu resistente que prehistorizó en El portero el bisonte Gonzalo Suárez.
Para el tema de la memoria, ya nos contó Nietzsche que el resentimiento ha sido uno de los grandes motores de los débiles, como en el Apocalipsis bíblico de un olvidable cristianismo, y que la superación del espíritu de venganza nos puede ayudar a encontrar una nueva ataraxia que nos permitiría sobrepasar cierto nihilismo vital. Por ello, con estos contextos, conviene fijarse en el oportunismo resentido de la conmemoración de los 50 años en libertad en España, tras la desaparición del cofrade mayor de aquel anterior vía crucis mayormente sufrido por los portadores del paso del gen judeo-masónico-comunista y parentela ad hoc. Algunos contradirían la veracidad del lema de la libertad con aquella cita de El gatopardo de Giuseppe Tomasi de Lampedusa: si queremos que las cosas permanezcan como están, las cosas tendrán que cambiar. Una versión aprovechada del eterno retorno de Anaximandro, o la separación de los contrarios, que Nietzsche también reconformaría como eterno retorno. Coloquialmente, y según miren la película los de distinto pelaje, ahora que estamos entre los Goya y los Oscar, se podría resumir en: aquí no ha pasado nada.
Para los gestores de recuerdo preventivo 50 años en libertad, se trataba de contrarrestar con dudoso éxito, - entre el quebranto del paradigma ilustrado y la creciente ineficacia de los cortafuegos memoriosos- la tendencia nostálgica del bulo afín a un pasado totalitario. Este está poblado de fosas comunes, en el que desde luego, no sólo los trenes de Renfe llegaban tarde como norma, sino que descarrilaban mortalmente por falta de infraestructuras y mantenimiento, mientras las catástrofes naturales y presas de deficiente construcción podían arrasar chabolas y chamizos de la España del hambre, de la que huían emigrantes como los de La piel quemada y El 47, o en dirección a la Europa del Mercado Común. Sin que por ello, hayan desaparecido hoy hacinamientos en alquileres impagables, los poblados de indocumentados bajo los puentes de Badalona, la judicialmente investigada riada del País Valenciano de 2024, o la gestión de infraestructuras de la vía estrecha astur-cántabra - que apenas ha logrado doblar la velocidad histórica de finales del siglo XIX - para la que Renfe, dependiente del Ministerio de Fomento del actual gobierno, encargó trenes cuyo gálibo no pasaban por sus túneles. Más resentimiento de la judeo-evangélica parábola repetitiva de la paja en el ajeno y la viga en el propio. ¿Aquí no ha pasado nada?
En fin, de regreso a las festividades de los 50 años y las iluminaciones del 23-F, releer hoy a Aub nos entrega su particular perspicacia vaticinadora para despejar la repetición de los arcanos que apuntaban a un futuro incierto en aquellas Españas de la derrota republicana, a raíz del golpe de estado totalitario de 1936. No solo entendió que la sucesión al régimen franquista reposaría sobre el habitual retorno - a la tercera va la vencida - de los Borbones, sino que a su vez, se acomodaría a un proceso de transición que necesariamente ocultaría la brutal contienda y represión dictatorial, en parte urdido por el amigo americano recién aterrizado con los pactos de Madrid, y que todavía no se detenía en el Villar del Río de Bienvenido Mr. Marshall (1953). Y lo anticipó muy pronto, ya en 1947, cuando el dictador sentó las bases para aquella nueva restauración, que hoy el Emérito nos revende con el paternalismo de Ud. no sabe con quien está hablando de su condescendiente autobiografía, desde luego escrita a cuatro manos, junto a los papeles del 23-F, que han reemergido como de la cueva de Montesinos. Ningún género más paradójicamente fictivo que la autobiografía donde se conjuga el aspecto cronológico de la bio, con el egocentrismo miope del yo, y la dispersión del significado de la traza de la escritura o graphé, de acuerdo a una tríada estudiada por James Olney. Aquí no ha pasado nada.
Para corroborar
mutis por el foro y restauración, nada como nuestra querencia de Sapiens hacia el chisme. Y ninguno de mejor prosa que el que Aub publicó en su apócrifa “Crónica de Madrid” en el diario El Nacional de México del 4 de abril de 1947, la cual hubiera servido también para la del 22 de noviembre de 1975, y sin quitarle ni una sola coma, cincuenta años después de la restauración borbónica de 1975, para las nuevas revelaciones del 23-F.
Aub reportaba en su distópico despacho el supuesto retorno a la jefatura del estado español del luego padre sin corona del Emérito, D. Juan, imaginariamente designado por el mandamás de El Ferrol en aquella década del hambre del siglo pasado. Con la perspicacia titular de “Aquí no ha pasado nada” y “Gloria borbónica”, ahora que los papeles del 23-F parecen relegitimar las virtudes de una monarquía republicana, Aub, tras sus gafas de gato escudriñador, mientras los políticos de turno las gastan para transmitir una muy estudiada perplejidad, nos transmitió el entusiasmo popular por la salvadora monarquía.
Aunque hay que anotar que su apócrifa corresponsal estadounidense le reportó cierta confusión con algunos vivas todavía proferidos a favor del huésped exhumado en 2019 de ese gélido e inhóspito valle caído de Cuelgamuros: esa querencia actual cara a los emuladores patrios de con el imperio hacia Dios, ecos del Destino Manifiesto del otro costado atlántico, brebaje que intoxica también a un importante grupo de barbilampiños tiktokeros de la Z que paradójicamente aspiran a vivir de nuevo bajo los éxitos de aquella dictadura. Estefanía Molina, en Los hijos de los boomers, entre otras razones, lo atribuye a un explicable resentimiento ante las políticas a favor de sus progenitores, las cuales les han condenado al precariado sin vivienda y sin trabajo aceptablemente remunerado. Aunque para los habituales catastrofistas de la ultraizquierda populista estas tendencias totalitarias solo se justifican porque, a pesar de todo, desde hace noventa años, y quizás desde los asturcones de Tito Bustillo, no ha pasado nada.
En parte, todo ello explica el abrazo de la política actual a la doctrina de Carl Schmitt, por la que se torna a los adversarios en enemigos, o se levantan todos los días muros de espectáculo, hasta a costa de los migrantes indocumentados: ahora que se regularizan con estudiada celeridad táctica y global sin un deseable consenso que les dé un espaldarazo parlamentario, acreditado por el arraigo popular hacia la medida. No se quiere/sabe evitar este tipo de parches de emergencia arrojadizos con adecuadas leyes de acogida, frente a la superada de extranjería, cuya semántica popular ya implica el rechazo; o los hipócritas pactos europeos sobre la migración frente a las angustiosas peticiones de asilo, extraterritorializadas en espacios nacionales insalubres de terceros países - si los peticionarios logran alcanzarlos por milagro, entre mafias, victimarios, alambradas y hundimientos . ¡Aquí no ha pasado nada!
Y mientras, nos quieren hacer creer que a estos jóvenes de la Z que parecen haber nacido con un chip incorporado, se lograra apartarlos de las redes sociales de las que el poder abusa sin moderación. Por lo menos, han servido en el reciente diluvio para prevenir a los ciudadanos de las riadas mortales. Por ello, no parece ser problemático el canal, sino su limpieza para desintoxicarlo de paparruchas y así salvaguardar a los navegantes de las recetas de la desesperación.
Por lo menos, estos días casi ha llovido a gusto de todos, salvo para los inundados, a fin de rellenar los pantanos: antiguas obras públicas romano-árabes, que Joaquín Costa preconizaba como parte de su programa regenerador. Lo continuó el plan hidráulico de Miguel Primo de Rivera y del ministro de Fomento de la Segunda República, Indalecio Prieto, que Franco copió porque no le quedaba otra para poder regar esta tierra generalmente sedienta y sin petróleo -no sap ploure [no sabe llover] que decía Raimon -. Claro que dios aprieta pero … y hoy parece haberle tocado la lotería acuosa, eólica y solar. A pesar de esta nueva y desdichada guerra sin fin en Oriente Medio, qualsevol nit pot sortir el sol (cualquier noche puede salir el sol )que cantaba Sisa.
En fin, que aquí no ha pasado nada.
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