Mohamed Safa: “Lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia, es el mayor derrumbe moral de nuestro tiempo”
ENTREVISTA
El oftalmólogo palestino, afincado en Galicia, es analista político y una de las voces más firmes en la defensa de los derechos del pueblo palestino
Nacido en Nablus en 1956 y formado en la Universidad de Santiago de Compostela, Mohamed Safa ha sido delegado del Frente de Liberación Palestina y autor de numerosos ensayos. Desde una mirada profundamente humanista, reflexiona para La Región Internacional sobre identidad, inmigración, ciudadanía, Gaza, el derecho internacional y la responsabilidad de una comunidad internacional que asiste en directo al sufrimiento de un pueblo.
Usted se define como palestino de nacimiento, árabe de cultura y gallego de vida. ¿Cómo se construye una identidad así?
Yo siempre digo que las identidades no son compartimentos estancos ni algo que uno elige una vez y ya está. Las identidades se van formando a lo largo de la vida biológica. Vamos adquiriendo elementos. Yo soy palestino de nacimiento, soy árabe de cultura y de lengua, pero también soy asturiano y soy gallego, porque vine aquí muy joven, aprendí vuestra cultura, vuestras lenguas, me integré y formo parte de esta sociedad. Muchas veces me preguntan: ‘¿con cuál te quedas?’. Yo no voy a renunciar a ninguno de los elementos de identidad que he ido adquiriendo. Al contrario, uno va aprendiendo, se va enriqueciendo y va formando parte de la sociedad en la que vive.
En Europa avanzan discursos xenófobos que criminalizan la inmigración. ¿Qué le preocupa especialmente de ese clima?
Me preocupa muchísimo porque es un discurso profundamente injusto y además falso. Hay una ola de extrema derecha que no es consciente de que las sociedades que más han crecido, que más se han desarrollado, son precisamente las que han sabido acoger a los emigrantes. Aquí hay una necesidad mutua. Muchas veces se habla solo de la necesidad del emigrante, pero no se habla de la necesidad de la sociedad receptora. Ninguna sociedad se empobreció ni entró en crisis por culpa de la inmigración. Al contrario, las sociedades que integraron crecieron económica, cultural y humanamente.
¿Dónde cree que está el fallo cuando la integración no funciona?
La clave es la ciudadanía. La ciudadanía no es un papel, es una condición. Significa que tienes derechos, pero también deberes, independientemente de dónde naciste o de la religión que practiques. Yo cuando llegué a España lo que más me obsesionó fue formar parte de esta sociedad, ser uno más. Sin renunciar a mi condición palestina, pero siendo ciudadano. Hoy lo que tenemos que enseñar a nuestros hijos no son banderas ni himnos, sino valores. La esencia del ciudadano es la igualdad, la libertad y la solidaridad.
Usted habla de ‘genocidio televisado’ para referirse a Gaza ¿Por qué utiliza ese término?
Porque lo que ha pasado en la Franja de Gaza ha roto todos los esquemas mentales que teníamos. Siempre se pensó que los crímenes masivos se cometían en la oscuridad, en poco tiempo, intentando ocultarlos. Aquí ocurre todo lo contrario. Estamos viendo un genocidio que dura años, que se retransmite todos los días y que el ejecutor no disimula. Nos ha dejado una franja completamente arrasada. Y lo más grave es que no es un genocidio huérfano.
¿Qué quiere decir con ‘no huérfano’?
Que no solo hay un ejecutor directo, sino muchos responsables indirectos. Hay países que han financiado, armado y respaldado políticamente este crimen. Hay empresas que han hecho el mayor negocio de su historia suministrando armas. Mientras la sociedad civil pedía boicot, las exportaciones crecían. Esto no tiene precedentes.
¿Qué impacto tiene que todo esto sea visible para todo el mundo?
Antes pensábamos que visibilizar un crimen era una protección moral, que al verlo reaccionaríamos. Hoy sabemos que no. El ciudadano de Gaza sabe que va a ser asesinado, sabe que todo el mundo lo está viendo y sabe que no se va a evitar. Eso es devastador. Es un cambio brutal. Para mí es un derrumbe moral de toda la humanidad.
¿Cree que nos hemos acostumbrado al horror?
Sí. Hemos pasado de preguntarnos ‘¿cómo pudo pasar aquello?’ a convertirnos en una sociedad de espectadores. Vemos el crimen, lo consumimos como una noticia más y seguimos adelante. Eso es lo que más me preocupa, no solo como palestino, sino como ciudadano del mundo.
¿Qué papel juega hoy el derecho internacional?
El derecho internacional está en declive. Se habla mucho de él, pero en la práctica está vinculado a la fuerza, no a la justicia. Hoy el mundo no está dividido por ideologías, está dividido entre fuertes y débiles. El derecho internacional protege al fuerte. Hay un refrán británico que dice ‘might is right’, la fuerza es la razón, y eso es exactamente lo que está pasando.
¿Estamos ante un nuevo orden mundial?
Sí, y es muy peligroso. Se rompe la soberanía de los Estados, se actúa al margen de los organismos internacionales y se normaliza la imposición por la fuerza. Esto no afecta solo a Palestina. Marca el mundo que viene.
Ante treguas y planes de reconstrucción, ¿existe una salida real para Gaza?
Ahora mismo lo único prioritario para los palestinos es no ser asesinados y mantenerse en su tierra. El mayor sacrificio hoy de un palestino es quedarse en Palestina. La mayor resistencia es permanecer. Se ha querido convertir una causa de liberación nacional en una simple crisis de estabilidad, y eso es una forma de borrar nuestros derechos.
¿Gaza seguirá siendo Palestina?
Si observo el panorama político soy pesimista, porque la fuerza está en contra nuestra. Pero soy optimista porque milito en una causa justa. Las causas justas no se pierden, tardan. Los pueblos que no pierden la memoria pueden tardar décadas, pero acaban recuperando sus derechos.
La memoria es central en su discurso ¿Por qué?
Porque la memoria es derecho, es historia y es dignidad. Un pueblo sin memoria desaparece. Nosotros conservamos la memoria como una llave. Esa llave simboliza que no renunciamos a volver, que no renunciamos a la justicia. Los pueblos que no pierden la memoria pueden sufrir mucho, pero no desaparecen.
Para terminar, ¿qué mensaje lanza a quien observa este conflicto desde la distancia?
Que no es solo una tragedia palestina. Es una prueba moral para toda la humanidad. Lo que hoy se acepta con normalidad marcará el mundo en el que viviremos mañana. Si aceptamos que unas vidas valen menos que otras, todos estamos en peligro.
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