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Un naufragio del siglo XVIII acaba de abrir una ventana poco habitual sobre el comercio mundial de China.
La dirección de Patrimonio Cultural de Noruega ha desvelado el hallazgo, a 600 metros de profundidad, de un barco mercante hundido a mediados del siglo XVIII con una carga excepcionalmente bien conservada de porcelana china y otros efectos como candelabros, copas, lámparas, textiles, grano y cajas cuyo interior se está analizando, ya que se cree que podrían contener té y medicinas.
Para el departamento gubernamental del país nórdico, la relevancia del descubrimiento no solo descansa sobre la belleza de las piezas, sino en lo que cuenta sobre la circulación de mercancías de lujo entre Asia y Europa.
El barco, posiblemente un mercante de dos mástiles, de unos 22 metros de eslora, es característico del norte de Europa. Su estructura permanece prácticamente erguida sobre la quilla, con buena parte del casco visible y con la carga todavía en el interior.
Por el momento, la gran incógnita para las autoridades sigue siendo la ruta. Las únicas pistas son los fragmentos de unas lámparas, que podrían ser de diseño alemán o inglés, y uno de los ladrillos de la cocina del buque, que lleva el sello de una fábrica de Lübeck, en Alemania, activa hasta 1772.
Dado que hasta ahora no se había realizado ningún descubrimiento comparable de este tipo en el norte del viejo continente, la directora de la Fundación del Museo Noruego de Historia Cultural, Nina Refseth, destaca la "oportunidad única para acceder al pasado" que brinda este descubrimiento.
Es, según sus propias palabras, "una cápsula del tiempo extraordinariamente bien conservada".
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