Alberto Cortez, un Grammy Latino hijo de Ourense

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Las raíces gallegas marcaron la identidad del poeta de las cosas simples: "Crecí con la morriña metida en los huesos sin haber pisado nunca Galicia"

Alberto Cortez, Grammy Latino
Alberto Cortez, Grammy Latino | Archivo personal de Lois Pérez Leira

Alberto Cortez, nacido José Alberto García Gallo en 1940 y fallecido en 2019, fue uno de los cantautores, compositores y poetas más prolíficos e influyentes de la música en español. Conocido cariñosamente como El poeta de las cosas simples, construyó a lo largo de más de medio siglo de carrera una obra célebre por su sensibilidad intimista y su profundidad lírica, fuertemente atravesada por un profundo vínculo afectivo y musical con Galicia.

Aunque nació en la inmensidad de Rancul, en la Pampa argentina, las raíces gallegas marcaron su identidad desde la cuna. Su abuelo paterno, Eladio García, era originario de la provincia de Ourense. A comienzos del siglo XX, acuciado por las estrecheces económicas de la Galicia rural, Eladio partió desde el puerto de Vigo rumbo a Buenos Aires junto a sus hermanos Germán y David.

Tras emplearse como viajante de comercio en Argentina, conoció a Julia Laburu, de ascendencia vasca, y juntos se adentraron hacia el oeste hasta afincarse en La Pampa. Su historia familiar con Galicia se afianzó de forma muy especial en la comarca de O Carballiño, concretamente en el municipio de Punxín, de donde procedía el entorno de su estirpe y el lugar al que la familia regresó temporalmente; allí nació el propio padre del cantautor, José Martiano. Pero Eladio, un firme defensor de la República Española, prometió no regresar a su tierra mientras durase la dictadura y, de hecho, murió en Argentina sin haber cumplido el sueño de volver a su aldea, conservando intacta una morriña que transmitió a sus descendientes.

Precisamente ese sentimiento caló hondo en Alberto Cortez, quien creció escuchando las añoranzas de su familia. El propio cantautor solía recordar con afecto el impacto que tuvo esa herencia en su vida y en su forma de entender el mundo, como llegó a afirmar en diversas ocasiones: "Yo me crie escuchando las historias de mi abuelo, un gallego que añoraba su tierra con una tristeza infinita. Crecí con esa morriña metida en los huesos sin haber pisado nunca Galicia". Esta influencia no solo moldeó su carácter, sino que se convirtió en el motor ideológico de su viaje de vuelta a Europa años más tarde.

Cortez comenzó sus estudios musicales a los seis años en el conservatorio local y, tras destacar en orquestas de jazz y música popular en Buenos Aires, emprendió su viaje al viejo continente en 1960. A mediados de esa década se afincó definitivamente en Madrid, e inició una etapa de plenitud artística en la que adoptó la nacionalidad española y colaboró con gigantes como Joan Manuel Serrat, Facundo Cabral o María Dolores Pradera. Al llegar a España y recorrer sus paisajes, Cortez sintió que finalmente cerraba el círculo que su abuelo había dejado abierto.

"Viaje de vuelta"

Sobre ese reencuentro con la tierra de sus antepasados, Cortez declaraba entonces: "Cuando piso Galicia, siento una emoción difícil de explicar. Siento que estoy caminando por los mismos sitios con los que soñaba mi abuelo Eladio mientras trabajaba la tierra en La Pampa; en el fondo, yo he sido el encargado de cumplir su viaje de vuelta".

Esa vivencia dio origen a una de sus composiciones más emblemáticas, El abuelo, definida por el propio artista como una «historia de ida y vuelta». En ella rinde homenaje a la epopeya de su antepasado, que emigró con "las manos vacías" y "abonó la tierra" argentina, entrelazando la nostalgia del anciano con el regreso del nieto, quien canta haber visto a su abuelo "en las aldeas, en las montañas, en cada mañana y en cada leyenda, por todas las sendas que anduve de España". Además de este himno a la memoria de la emigración, Cortez legó obras maestras de la canción de autor como En un rincón del alma, Mi árbol y yo, Callejero y A mis amigos.

Su trayectoria le valió importantes reconocimientos, entre ellos el Grammy Latino a la Excelencia Musical en 2007 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2015. Fallecido el 4 de abril de 2019 a los 79 años, Alberto Cortez permanece en el recuerdo colectivo como un puente poético entre Argentina y España, cuya obra estuvo guiada por la luz de la pampa y la eterna morriña de sus raíces gallegas.

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