SOLDADOR DE LA NASA
Modesto Camoeiras, el ourensano enamorado de Holanda que se hizo a sí mismo
Benito Domínguez González, nació en la Parroquia de San Lorenzo de Illa, Entrimo (Ourense) el 27 de marzo de 1920. Sus padres fueron Pedro Domínguez Carballo de 30 años y Constanza González González, ambos de profesión comerciantes. Tenían una tienda de ramos generales, que abastecían a la aldea y a los vecinos de la zona.
Su aldea esta muy próxima de Portugal, tan solo él río Barcia separa ambos países. Por su aldea el rió Limia recorre los valles recogidos, donde nacen los frutales, que dejan un eterno olor a primavera.
Cuando tenía 16 años se escapo de su casa, para ir a pelear con las fuerzas leales. Pasó escondido la frontera, lugar que conocía como la palma de su mano. Luego en Portugal con lo puesto, sin dinero y aprovechando que era un adolescente y de baja estatura – que lo hacia pasar más desapercibido- se fue acercando hacia el sur de este país. Durante aquellos días paso muchas penurias. Parte del recorrido lo fue haciendo caminando, durmiendo donde le caía la noche y comiendo lo que los campesinos le ofrecían. En su peregrinar por tierras lusitanas intentaba hablar en portugués, lengua esta que conocía por los vínculos constantes, entre los pobladores de ambas fronteras. A pesar de su apariencia de adolescente vagabundo, la policía le pidió la documentación y lo detuvieron. Benito inventa una historia que ya tenia preparada para la ocasión, el argumento era que estaba intentando encontrar a su padre, que había emigrado y del que no sabían nada. Después de una corta detención, continua su rumbo hacia Cáceres donde se interno en territorio español. Al entrar en contacto con las tropas republicanas solicita alistarse. Benito en su adolescencia se sentía identificado con los anarquistas de la CNT. Tenía gran admiración por Durruti.
Por su origen orensano es incorporado a las Milicias Gallegas fundadas por Castelao y Suárez Picallo, las cuales estaban integradas al 5 Regimiento, que comandaba Enrique Lister. Durante la contienda civil le pusieron el mote de “Peito de Lobo” denominación que en Galicia significa, hombre valiente. Al terminar la guerra, su unidad militar se traslada a la frontera con Francia. Realizó una larga y penosa caminata, cruzando los Pirineos en busca de un refugio, un lugar seguro para descansar después de tanta guerra. Su función no fue otra que custodiar el éxodo masivo de miles de civiles, de heridos, de niños y de ancianos. En la frontera los estarían esperando el ejército colonial, formado mayoritariamente por tropas senegalesas. En la patria de la revolución francesa, en vez de recibirlos con fraternidad, nuestros exiliados fueron recibidos en campos de concentración.
Benito paso varios meses en condiciones inhumanas, durmiendo en playas alambradas, pasando frió y hambre. Donde veía morir a los más débiles. Tanto los comunistas españoles como otras organizaciones simpatizantes con la Republica intentan ayudar a los refugiados españoles. Desde México se fletan varios barcos, también desde los EEUU y uno muy especial desde Chile el "Winnipeg". Este era un barco carguero, de más o menos unas cinco mil toneladas, que ya había hecho transportes militares durante la Primera Guerra Mundial. Tenía dos bodegas grandes y se habilitaron, de una manera muy precaria, unas literas de madera, en las cuales había unas colchonetas de paja, para que pudiesen cobijar a unos 2.000 refugiados. Una de las bodegas estaba habilitada en calidad de comedor.
El gobierno del Frente Popular de Chile decidió enviar a Francia como cónsul honorario, encargado para la emigración española a Pablo Neruda que muy bien nos cuenta en sus Memorias:
“a cumplir la más noble misión que he ejercido en mi vida: la de sacar españoles de sus prisiones y enviarlos a mi patria...Casi inválido, recién operado, enyesado en una pierna...salí de mi retiro –Isla Negra- y me presenté al presidente de la República. Don Pedro Aguirre Cerdá me recibió con afecto.
- Sí, tráigame millares de españoles. Tenemos trabajo para todos. Tráigame pescadores; tráigame vascos, castellanos, extrémenos.
Y a los pocos días, aún enyesado, salí para Francia a buscar españoles para Chile.”
Luego nos sigue relatando Pablo Neruda:
“Me gustó desde un comienzo la palabra Winnipeg. Las palabras tienen alas o no las tienen. La palabra Winnipeg es halada. La vi volar por primera vez en un atracadero de vapores, cerca de Burdeos. Era un hermoso barco viejo, con esa dignidad que dan los siete mares a lo largo del tiempo...Ante mi vista, bajo mi dirección, el navío debía llenarse con dos mil hombres y mujeres. Venían de campos de concentración, de inhóspitas regiones del desierto. Venían de la angustia, de la derrota y este barco debía llenarse con ellos para traerlos a las costas de Chile, a mi propio mundo que los acogía. Eran los combatientes españoles que cruzaron la frontera de Francia hacia un exilio que dura más de 30 años. Yo no pensé, cuando viajé de Chile a Francia, en los azares, dificultades y adversidades que encontraría en mi misión. Mi país necesitaba capacidades calificadas, hombres de voluntad creadora. Necesitábamos especialistas. Recoger a estos seres desperdigados, escogerlos en los más remotos campamentos y llevarlos hasta aquel día azul, frente al mar de Francia, donde suavemente se mecía el barco Winnipeg, fue cosa grave, fue asunto enredado, fue trabajo de devoción y desesperación. Mis colaboradores eran una especie de tribunal del purgatorio. Y yo, por primera y última vez, debo haber parecido Júpiter a los emigrados. Yo decretaba el último Sí o el último No. Pero yo soy más Sí que No, de modo que dije siempre Sí.Estábamos ya a bordo casi todos mis buenos sobrinos, peregrinos hacia tierras desconocidas, y me preparaba yo a descansar de la dura tarea, pero mis emociones parecían no terminar nunca. El gobierno de Chile, presionado y combatido, me instaba en un telegrama a cancelar el viaje de los emigrados. Hablé con el Ministerio de Relaciones Exteriores de mi país. Era difícil hablar a larga distancia en 1939. Pero mi indignación y mi angustia se oyeron a través de océanos y cordilleras y el Ministro se solidarizó conmigo. Después de una crisis de gabinete, el Winnipeg, cargado con dos mil republicanos que cantaban y lloraban, levó anclas y enderezó rumbo a Valparaíso."Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie", (Para nacer he nacido).
El “Winnipeg“ se movía lentamente con todas sus luces encendidas, por el estuario de la Gironda, alejándose de Trompeloup – Pauillac. Acelera su andar al salir a mar abierto. Días después pasó cerca de las Azores, isla portuguesa, dirigiéndose hacia la Isla Guadalupe, isla francesa de las Pequeñas Antillas, en el Caribe, a fin de reabastecerse de agua, alimentos y combustible.
En el interior del barco, en los primeros días de navegación, se despliega un gigantesco trabajo de organización, que los refugiados cumplen en forma disciplinada. No podía ser de otra forma, dado lo que significaban las más de 2.000 personas, hombres, mujeres y niños, hacinados en el viejo barco de carga, apresuradamente provisto de apretadas literas de madera, servicios higiénicos improvisados, comedores provisorios, cocinas funcionando al máximo día y noche, sistemas de ventilación precarios, bodegas transformadas en dormitorios, etc, etc.
En primer lugar, se repartieron las literas por sorteo. Las mujeres se separaron de los hombres. Los niños pequeños iban con las mujeres en la popa del buque. Cada litera tenía una frazada y una colchoneta de paja. En cada dormitorio de literas, de a tres en altura, cabían cincuenta personas y sólo había un bater provisorio. Ventiladores eléctricos trataban de airear los espacios.
Se establecieron varios turnos de comida, mientras la cocina del barco funcionaba día y noche. En general, la comida consistía en garbanzos, porotos, lentejas, con patatas, a veces tortillas. También vendían cervezas y algunos licores en un pequeño bar improvisado que funcionaba en cubierta.
La tripulación era toda francesa, pero el grueso de los servicios de atención a los refugiados era realizado por ellos mismos en forma organizada. El barco, como es de imaginar, estaba lleno de voluntarios: para pelar papas, limpiar los baños, cuidar los 350 niños, ayudar en la enfermería, etc.
Benito durante la travesía fue contactando con los compañeros de su partido, con el fin de ayudar a organizar las tareas solidarias y garantizar el orden y la limpieza. Por las noches después de la cena se quedaba largas horas hablando con sus camaradas de la guerra perdida y del avance del fascismo.
La Segunda Guerra Mundial estaba a punto de comenzar de un momento a otro. Hasta un par de periódicos editados en el barco, informaban sobre las noticias mundiales y sobre Chile. Se reparte entre los refugiados un folleto sobre Chile que había escrito Neruda especialmente para los refugiados.
El 15 de Agosto de 1939, once días después del zarpe de Francia, el “Winnipeg” llegó a la Isla de Guadalupe, posesión francesa, donde en algunas horas se abastece de alimentos, agua y combustible. Luego el barco continuó su marcha a Panamá. En el viaje hasta la Isla de Guadalupe, el buque había soportado fuertes tormentas.
En el trayecto hasta Panamá por el Mar Caribe, los refugiados escucharon la noticia de la inminencia del estallido de una nueva conflagración mundial.
El barco llegó al puerto de Colón, en Panamá el día 20 de Agosto de 1939, donde permaneció alrededor de cinco días soportando las altas temperaturas panameñas. El “Winnipeg“ se había transformado en un gigantesco horno. La demora se debió a que nadie se había preocupado de pagar los derechos de paso por el Canal de Panamá.
Resuelto el problema, el barco continuó su peregrinación y en un día cruzó el Canal por entre la densa floresta tropical que lo rodeaba. Pese al calor, los inmigrantes miraban extasiados y sorprendidos la naturaleza exuberante de la vegetación tropical.
En todo el trayecto hasta Panamá, los refugiados temían que estallara la Segunda Guerra Mundial y que los franceses, presionados por Alemania y España, hicieran regresar al “Winnipeg” a Francia. Por lo anterior, el viejo barco, ahora navegando en el Océano Pacífico, aceleró su viaje a Chile, pasando de largo frente a las costas de Colombia, Ecuador y Perú.
En las primeras horas del día miércoles 30 de Agosto de 1939, el “Winnipeg” dando pitazos fondeó en el puerto chileno de Arica, ubicado en la frontera con Perú, dos mil kilómetros, al Norte de Santiago de Chile. Coros españoles, formados por los refugiados en el barco, entonaban sus canciones típicas, felices de haber llegado a la seguridad que les ofrecía el territorio chileno..
El mismo día en la noche, el “Winnipeg” continuó su viaje al Puerto chileno de Valparaíso, viajando ya por aguas chilenas, lo que trajo un alto grado de tranquilidad, a los refugiados españoles. El buque recorrió los 2.000 Km. que separan Arica de Valparaíso, en un par de días, en tal forma que, en la noche del sábado 2 de Septiembre de 1939, el”Winnipeg” ancló en la Bahía de Valparaíso, en la zona central de Chile.
Las autoridades chilenas, dada la situación de normalidad existente en el buque, determinaron postergar el desembarco para las primeras horas del Domingo 3 de Septiembre. Los refugiados no durmieron esa noche. Contemplaron extasiados, llenos de asombro, el gigantesco anfiteatro iluminado que forman los cerros que rodean Valparaíso y cuya infinidad de luces se confundía con las estrellas del cielo. Esa noche, en el "Winnipeg" se repartió champagne a los refugiados para festejar el feliz término del viaje.
Después de almorzar, se embarcaron en el tren especial a Santiago de Chile, del orden de 1.600 inmigrantes, quedando alrededor de 600 en Valparaíso.
El tren partió a las 15.00 horas desde el mismo puerto de Valparaíso, llegando a la Estación Mapocho de la capital chilena alrededor de las 20.30 horas, donde fueron recibidos por una multitud que los recibió en forma muy cariñosa.
Benito Domínguez fue recibido por el Partido Comunista Chileno, los cuales le proporcionaron durante un tiempo vivienda y alimentos.
Al año de su estadía en Chile con el apoyo del Partido Comunista de este país logra pasar ilegalmente la Cordillera de los Andes con la ayuda de vaquéanos chilenos y un par de burros. Realizó el mismo cruce que el General San Martín pero al revés.
En la Argentina comenzó a trabajar de camarero siendo integrante del Sindicato de Gastronomicos ocupando la secretaria de Organización del mismo, siendo su Secretario General el ´gallego Moreira. Por su actividad sindical fue detenido y encarcelado en la Cárcel de La Avenida Las Heras en la Capital Federa.
Posteriormente trabajo de martillero dedicándose a la venta de inmuebles, para luego poner una mediana empresa metalúrgica en la ciudad de Avellaneda.
Domínguez en su última etapa había comprado con otros socios ceramistas Magdalena que habían fundado Luis Seoane y Díaz Pardo.
En la actividad de la colonia gallega Benito Domínguez fue directivo de la Unión Orensana y secretario general de la Federación de Sociedades Gallegas. Participó junto a Arturo Cuadrado y Francisco Lores Mascato del Congreso de la Confederación Mundial de Sociedades Gallegas que se realizó en Vigo en 1977.
Benito Domínguez falleció en Buenos Aires a fines de los años 80.
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