Biografía| Alfonso I Rey de la Amazonía

Alfonso Graña nació en Avión, (Ourense), en 1895. Siendo aún un adolescente se traslada al Brasil, donde río arriba se va a vivir al alto Amazonas en la zona limítrofe de Brasil, Perú y Ecuador.

Lois Pérez Leira - loisperezleira@hotmail.com
Publicado: 12 mar 2025 - 08:23
En la imagen (derecha), Alfonso I, Rey de la Amazonía.
En la imagen (derecha), Alfonso I, Rey de la Amazonía.

Alfonso Graña nació en Avión, (Ourense), en 1895. Siendo aún un adolescente se traslada al Brasil, donde río arriba se va a vivir al alto Amazonas en la zona limítrofe de Brasil, Perú y Ecuador. El joven Alfonso cuya formación era muy rudimentaria, se dedicó a distintas actividades, entre ellas la de cauchero. Con la escasez de trabajo que se produce por la crisis del caucho de principios de siglo, muchos de estos trabajadores se establecen en la ciudad de Iquitos. Alfonso Graña coge también el camino de sus compañeros, pero a los dos años desaparece rumbo a Pongo de Manseriche, entre los Andes y la selva.

El joven, Alfonso Graña al poco de llegar al Amazonas.
El joven, Alfonso Graña al poco de llegar al Amazonas.

Otras fuentes señalan que Alfonso trabajaba en un comercio de sus tíos, oriundos de Rivadavia, (Ourense), los cuales comercializaban con los indígenas de la zona. Lo cierto es que Alfonso Graña, años después, se convertiría en Alfonso I Rey de la Amazonia. Mi primera noticia sobre este rey gallego la recibí a través de un discurso grabado de Ramón Suárez Picallo, en una de sus famosas clases de periodismo del Centro Lucense de Buenos Aires. Picallo, cuando habla de los gallegos en América dice "hasta tuvimos un rey gallego en la Amazonia".

Alfonso Graña, junto a un grupo de indígenas.
Alfonso Graña, junto a un grupo de indígenas.

A partir de esta referencia comenzó mi interés por esta curiosa biografía, intentando aportar el máximo de datos de esta singular personalidad. Tiempo después charlando con mi entrañable amigo, el ourensano Elixio Rodríguez, quien fuera capitán de la aviación republicana y que conservaba una memoria prodigiosa, le pregunté: ¿Elixio, usted escuchó hablar alguna vez, que hubiera un rey gallego en la Amazonia?, y me contestó: ¡Claro que sí !. El capitán Iglesias Brage, con el cual estuve a sus órdenes, cuando teníamos algunos momentos libres, en medio de la guerra, me comentaba sobre su famosa proeza de volar sin escalas entre Sevilla y Salvador de Bahía. Desde Brasil recorrería Argentina, para luego subir por la Cordillera de los Andes. En su paso por el Alto Amazonas, rumbo a La Habana, el capitán Iglesias Brage se entusiasma con el objetivo de organizar una expedición científica financiada por el gobierno español. En 1934 viaja a esta región selvática con la idea de organizar la expedición y es cuando conoce a Alfonso Graña, ya que iba a tener que contar con la ayuda de las tribus de la selva, de lo contrario la expedición correría serios riesgos.

Según me contó el capitán Iglesias Brage, Alfonso Graña trabajaba en una tienda que comercializaba con los indígenas, en la zona límite entre la selva y la civilización. Un día, un grupo de indígenas lo llevaron contra su voluntad hasta la tribu donde residía el rey de los indígenas, el cual le dice a Graña que había sido elegido para casarse con su hija. Así fue como Alfonso, sin quererlo, se ve obligado a vivir entre los indígenas. Contaba Iglesias Brage que este joven ourensano poca formación tenía, pero la poca que había aprendido en su aldea le valía para maravillar a los indígenas.

Les preparó un molino de agua y otras pequeñas obras de gran utilidad. Los dones masculinos de Alfonso comenzaron a ser disfrutados por la mayoría de las mujeres de la tribu, ya que su mujer como muestra de respeto lo ofrecía a otras indígenas amigas, actitud muy bien vista en este tipo de culturas. Poco a poco Alfonso se había ganado el cariño de un basto territorio de la selva, pero principalmente tenía la confianza del rey de los indígenas. Al morir este, sería Alfonso Graña, con el nombre de Alfonso I Rey del Amazonas quien sucedería a su suegro. El capitán Brage también me contó que Alfonso I le había prometido toda la ayuda necesaria para que la expedición recorriera todo el Amazonas sin ningún tipo de dificultades con las tribus hostiles.

Con esta información comencé la investigación, ya con datos más concretos, en principio el nombre del rey. Con estos apuntes fui a la Enciclopedia Gallega y allí, con algunos matices, el historiador ourensano Alberto Vilanova coincide con el relato que le cuentan a Elixio Rodríguez, que se resume de esta forma: "... Aparece establecido desde 1922 en las orillas del Amazonas, dedicado al oficio lucrativo de cauchero. Muy pronto se convirtió en el jefe indiscutible de los pueblos asentados en una extensión territorial equivalente a la de Andalucía, Extremadura y las dos Castillas juntas: sus habitantes, los jíbaros, "disecadores de cabezas humanas, hechiceros y guerreros sanguinarios, en una palabra: imposibles a toda civilización", lo reconocieron como soberano indiscutible. "Graña, por el solo milagro de su nativa sagacidad, pudo realizar la magna empresa que supone, no solo el hecho de haber sometido a su obediencia a aquellos indios, que tienen fama de ser los más temibles del continente americano, sino que, civilizándolos a su modo, les enseñó a curtir pieles, a fabricar chozas, a extraer la sal de las lagunas, a desecar la carne del paiche, gigantesco pez del Amazonas, y a hacer tasajo de un mono melenudo, negro y sedoso...".

Cabezas reducidas de las tribus jíbaras
Cabezas reducidas de las tribus jíbaras

El destacado escritor Víctor de la Serna, cuenta en un artículo reproducido por la Revista "Raíces" de Cuba, del año 1948, que Graña era: "Gallego oriundo de Rivadavia, que reinó doce años, podía movilizar un ejército de cinco mil indios. Sus poderes abarcan el período de 1922 a 1934... Ningún europeo podía, sin su permiso, penetrar en la selva...".

De la Serna se entera de la noticia de la existencia de Graña por la información que le proporciona un gallego residente en Iquitos, de nombre Cesáreo Mosquera. El paisano mencionado era oriundo de Rivadavia, quien como Graña había subido río arriba rumbo a Iquitos. En esta ciudad instaló una barbería, para luego instalar la famosa librería "Amigos del país". Cesáreo Mosquera quien conociera a Graña en la época de que éste residiera en Iquitos, mantendrá con su paisano encuentros esporádicos, de seis en seis meses, cuando Graña bajaba de la selva.

En unas conversaciones de Mosquera, con Graña, en relación a una idea de Iglesias Brage, de filmar una película sobre los jíbaros, Graña le dijo: " Eu poño a disposición do capitán cinco mil indios...".

Alfonso I abraza a un niño indígena durante su estancia en la Amazonía
Alfonso I abraza a un niño indígena durante su estancia en la Amazonía

Cuando en 1926, la Standard Oil quiso explotar los supuestos pozos petrolíferos del Alto Amazonas, tuvo que pactar con Graña y gracias a él, le fue posible hacer los sondeos. Graña les proporcionó a los norteamericanos los medios para que pudieran vivir y comer. En 1932 la Latín American Expedition, dirigida por el ingeniero inglés William J. Williard, inició una exploración por los dominios de Graña, que les ayudó, no solo con alimentos, sino también con tabaco, armas y ropa. Williard fue el primero en afirmar que existía petróleo en la cuenca del río Tigre, antes de 1930. También dio indicios petroleros en otros puntos de la zona fronteriza del norte, donde contó con la ayuda imprescindible de Alfonso Graña.

Cuando en 1933 un aviador peruano se perdió en la selva amazónica, sus compañeros lo buscaron infructuosamente en difíciles vuelos; pasados varios meses, se vio descender una balsa, en cuyo centro venía una especie de túmulo cubierto con follaje y a popa las banderas de Perú y España a media asta. Graña, que había encontrado el cadáver, lo había embalsamado y lo devolvía a su patria. Por este gesto el gobierno peruano le reconocería oficialmente su soberanía y la utilización de las salinas del territorio jíbaro.

Para que tengamos una idea de las características de los pueblos indígenas de aquella zona de la Amazonia, el escritor ecuatoriano Juan León Mera, en su libro "Cumandá", nos relata algunas de las características de estos pueblos: "No hay caníbales en estas tribus, como algunos lo han creído sin fundamento; pero es peligrosos viajar por ellas, a lo menos cuando no se toman todas las precauciones necesarias para no causarles el menor disgusto ni sospechas. En la guerra son astutos y sanguinarios, sencillos en las costumbres domésticas, fieles en la alianza y en la venganza inflexibles. No obstante su adoración a la libertad, a veces miran a sus jefes, cuando sobresalen por la bravura y el numero de hazañas, con supersticioso respeto; y cuando mueren, sacrifican a la más querida de sus esposas para que les acompañe en el país de las almas...".

Mientras Alfonso I Rey de la Amazonia seguía reinando la basta selva, el capitán Brage había conseguido que el Gobierno de la República se entusiasmara con su proyecto. Es así que contando con la ayuda de intelectuales de renombre como Marañón y Pittalunga, elaboran la propuesta titulada" Anteproyecto de un viaje de exploración científica por el Alto Amazonas", la cual fue entregada al Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Fernando de los Ríos. El gobierno de la República encomienda la Expedición Iglesias al Amazonas a la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reforma. El 16 de junio de 1932 las Cortes constituyentes aprueban la elaboración de una ley que facilite la rápida ejecución de la expedición. Se formó un Patronato para probar la intencionalidad científica que se quiso dar al proyecto. Entre sus miembros estaban: los directores del Museo Nacional de Ciencias Naturales, del Instituto de Física y Química, del observatorio Astronómico de San Fernando y de la Escuela Nacional de Sanidad; Ortega y Gasset, Marañón y Menéndez Pidal. Iglesias es nombrado secretario técnico, y comienza a editarse la revista Crónica de la Expedición Iglesias al Amazonas. Después de elaborar los programas científicos, se encarga la construcción de un barco especialmente dotado para esta iniciativa. El 16 de febrero de 1935, con la presencia de Alcalá Zamora, es botado el barco "Artabro". Iglesias Brage difundirá los objetivos de su expedición por todo el estado Español. En una conferencia en su ciudad natal, Iglesias dirá en el Ateneo Ferrolano: " No es el río el objetivo de la expedición, sino el estudio científico de una zona que abarca una extensión de 1.500 Km. cuadrados, comprendida entre la cordillera andina y el río negro; elegida por ser la que mayor variedad ofrece para las investigaciones. El barco expedicionario será de poco calado y preparado para realizar las diez o doce clases de investigaciones científicas que se pretenden; al mismo tiempo que albergue, será gabinete de trabajo y laboratorio para los numerosos especialistas que compondrán el viaje. Irá provisto de aviones, de pequeño tamaño y alas plegables para ser empleadas en las exploraciones.

A pesar de la ilusión del gobierno de la República por comenzar la expedición, los sucesos de la Guerra Civil suspendieron los preparativos, y el capitán Iglesias Brage combatirá al lado de las fuerzas leales a la República. Será durante estos años que Iglesias Brage le contara a sus dos amigos Ramón Suárez Picallo y Eduardo Blanco Amor las aventuras de Alfonso Graña. Tiempo después serán estos dos escritores quienes difundirán las historias del Rey de la Amazonia.

El escritor Gonzalo Allegue, en su libro "Galegos: As mans de América", relatará algunos pasajes de la vida de Alfonso I: "... Con él venían cuatro o cinco jíbaros, indios huambises. Los indígenas lo adoraban y lo seguían a todas partes. En la ciudad les curaba las úlceras de las piernas, les cortaba el pelo, les invitaba a helados y los llevaba al cine. Por la tarde los huambises se vestían de frac y sombrero de copa de los masones de la colonia española y salían a pasear en el Ford 18 descapotable, cedido por Cesáreo Mosquera. Los huambises iban muy serios, abismados, y saludaban a los peatones, tocándose muy ligeramente el sombrero. Graña conducía y les explicaba la ciudad...". "...Graña con su rostro aniñado, ojos gatos, pelo claro y extrema delgadez, sorprendía a las gentes. Era difícil imaginarlo entre los jíbaros. Pero su fragilidad era sólo aparente; resistía como cualquiera las fiebres y las tarántulas, y se negaba a que le atasen cada vez que cruzaba el terrible Pongo de Manseriche, un rápido que se tragaba continuamente balsas y curiaras...".

El Rey de la Amazonía durante en una tienda durante una acampada
El Rey de la Amazonía durante en una tienda durante una acampada

En una oportunidad, Alfonso Graña llevó a Iquitos a un mago-médico, al que le hizo una fotografía. Un día Mosquera, le preguntó por él a Graña, y éste le contestó: "...¡ Ah! ese foi Mariano. Mariano morreu. Matárono por bruxo...Sí, matárono porque fíxose de médico e foi curar unha criatura e morreulle. E como alí é costume entre eles matar ó médico cando non sana o doente, pois...¡morreu o bruxo!..."

Alfonso I Rey de la Amazonia, falleció en algún lugar del territorio jíbaro en 1935, cuando aun no había cumplido 40 años.

Seguramente en el corazón de la selva se oculte uno de los tantos misterios de esta apasionante historia. Como dijera el escritor Manuel Marías en un artículo en "A Nosa Terra" referido a Graña: "Valería a pena investigar a fondo sobor da vida, feitos e aventuras deste galego emigrante...".

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