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PERDIERON SUS CASAS
Recorrer las calles de A Caridade es un viaje al pasado. Concretamente al 13 de agosto, el fatídico día en que esta aldea sigue aún anclada. Si bien ya han empezado las labores de desescombro, así como algunos arreglos de emergencia para garantizar el abastecimiento y la red de telefonía, aún permanece visible el rastro de la destrucción.
Aquella infausta jornada, en la que las llamas rodearon el pueblo y devoraron vehículos y casas en cuestión de horas, no solo se produjeron cuantiosas pérdidas materiales. Al derrumbarse las edificaciones, convertidas ahora en un amasijo de ceniza, madera y piedra quemada, desapareció una parte de la identidad de sus habitantes.
Álbumes fotográficos, juguetes, ropa, enseres o herramientas que habían ido pasando de generación en generación, todos ellos objetos con un valor incalculable: el de los recuerdos y memorias que cada uno de ellos evoca en nosotros.
Samuel Vieira Justo, hijo único de 42 años, es el caso más paradigmático, pues lo perdió todo: el hogar familiar que construyeron sus abuelos y en el que residió toda la vida, y también su coche.
Pero lo que más siente es no conservar ninguna foto antigua de su madre, ya fallecida: “Xa non a poderei ver máis. Como temos teléfono móbil non prestamos atención a eses álbums, como o da voda dos meus pais”.
El suyo es un ejemplo de entereza. A pesar de que desde el primer momento se le ofreció acomodo en un hotel en Verín, optó por quedarse en A Caridade, en una casa cedida por familiares, ya que “prefería quedar aquí, na miña aldea”.
Por lo demás, sigue acudiendo puntualmente a diario a trabajar en una bodega cercana, mientras espera soluciones de las administraciones: “Isto é algo que nunca imaxinas que te pode pasar, pero confío na palabra dada de que me axudarán”.
Además, Monterrei se ha volcado con Samuel. Los comercios Super Euro, en Verín, y A Despensa do Búbal, en Medeiros, recogen donativos, y representantes y vecinos de la comarca se han solidarizado con él. El pasado domingo, el Monterrei C.F., equipo del que es excanterano, organizó un partido benéfico contra el Verín C.F. a favor de él.
Toño García Justo, primo de Samuel, también se encuentra en la misma situación. A sus 57 años se ha quedado sin la casa en la que vivía, y el fuego afectó también a otras propiedades de su familia.
Él sí se ha mudado temporalmente a Verín. “Bótoo todo en falta, na Caridade non quedou nada. Só espero poder volver a casa e que todo volva ser como antes”, concluye.
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